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jueves, 13 de octubre de 2011

La luna de hoy

La luna de hoy es el corazón de cristal que adorna el cuerpo de las niñas. La diosa cornuda que te desviste con la lengua plateada y te entierra una punzada de sal en el vientre.

Isis sin velo ni minifalda que enseña las piernas en celo al poeta bautizado en vino. Satélite natural con pudor adolescente. Afrodita voyeurista que vigila el pleonasmo parricida del amor en solitario.

Los santos te toman a cucharadas y los pelanas con prosapia indecente apenas sabemos inhalarte con la mirada.

Quítame la camisa y dibuja tu nombre en mi pecho. Rompe mis huesos a besos y profana mi cama de niño desde la ventana. Dame jugo de pezón en palangana de piel, derrite tu vientre entre mis dedos y moldea mis labios con tus dientes.

Quiero ser el amante distante que te escribe rimas hirvientes.

Lengua de miel, hilo de plata.
Unicornio sideral.
Nube de coral.
Agua beata.

Si me muero quiero que me entierren en tu piel.

Madre nuestra que estás en los cielos bendito sea tu nombre entre el club del subsuelo. Danos hoy nuestra luz de cada noche. Perdona nuestras injurias asi como nosotros perdonamos tus lujurias. Déjanos caer en la tentación de comerte con miel.

Amen.

sábado, 8 de octubre de 2011

Musa musaraña

Entre tus huesos y mis huesos hay dunas de piel que aún nos quedan por explorar. Manantiales salados y gritos aprisionados bajo el relámpago de rasguños apasionados. Caminos que conducen a suspiros anclados en aquellos orgasmos que construyen nuestras pasiones.

Lo que media entre tus ojos y mis ojos es el universo que aún no comprendemos, un tiempo que gira pararlelo a nuestros pasos, un espacio absurdo que nos comemos sin comprenderlo. Un tú y un yo que se van conociendo mientras la luna rodea la cintura del sol.

El viento juega a deletrear tu nombre en la ventana mientras mis letras se desnudan tratando de escribirte una canción que no se parezca a ninguna que te haya hecho el mejor cantor. Mis manos devoran el cadáver del tiempo mitigando el hambre de tu piel. Mis labios se hunden en la desesperación de clavarse entre tus besos y revolcarse en la tina de saliva con tu lengua vestida de miel.

Sin embargo aún existe el pétalo de la duda que te deja muda y te roba en segundos de mi lado. ¿Cómo ganarle al miedo si lo dejas dormir a tu lado?

Musa musaraña mosquetera de la poesía, entre tus letras y las mías hay un lino virgen, un pentagrama sin notas, un cielo sin estrellas un planeta sin explorar, una vereda forrada de ecos, una obra de arte que debemos culminar.

¡No hay tiempo que perder y hay prisa por comenzar!

Quítate las botas del temor que sólo saben caminar en fango y ponte las sandalias del pegaso alado. Si no te las sabes atar yo con gusto te puedo ayudar.

Musa musaraña, mi alma salió a buscar tu amor. Si no lo quieres tú, me la quedo yo.

Entre tu día y mi noche está el segundero fantoche que no apresura el paso para verte llegar desnuda de miedos a este corazón que te ha construido un hogar que te sirva de bastión.

Murmullos suicidas



Cuando te encuentras solo y piensas que morir sería lo mejor, cuando entra un viento frío por la ventana y lame las heridas de tu corazón:

Es el momento de pintarte el cuerpo de rojo y buscar una pistola.

Cuando los cuchillos te seducen, cuando el eco es tu única compañía, cuando tienes tanto dolor en el pecho que apenas puedes respirar:

Es el momento de ponerle las balas.

Cuando se va todo lo que te hacía sonreir, cuando sólo hablas para maldecir, cuando tus huesos se cansan de estar contigo:

Es el momento de cargarla.

Cuando la literatura no llena vacíos, cuando los orgasmos son imperceptibles, cuando la luna se vuelve un simple adorno en el cielo:

Es el momento de colocarla en tu sien.

Cuando a nadie le importa tu existencia, cuando vives rodeado de mentiras y finges creerles, cuando todo se torna aburrido:

Es momento de disparar y olvidarte por una eternidad de tanta tontería.

Hombre Pan



Cínico, patán, fanfarrón, mustio, canalla, hijo de puta, cerdo, cabrón…

El hombre Pan se vestía con las letras pornográficas de las náyades coquetas, fumaba el simbolismo francés, se meaba en las biblias y llevaba una vida anacoreta.

Seguía una estricta dieta a base de lecturas, escrituras y masturbaciones nocturnas.

Maldito catador de musas.

Le invocaban un tumulto de núbiles golondrinas que le enviaban postales desnudas desde el rincón más oscuro de su cama, coleccionaba piropos y regalos obscenos de algunas damas.

Con los ojos y las uñas pintadas se desenvolvía con cautela en un mundo oscuro como los latidos de su corazón. Comía poesía y bebía literatura de horror. Jamás vestía un color ajeno al luto y platicaba por las noches con su propio resplandor.

Escuchaba rocanrol mientras escribía con furia toda la madrugada, recibía amenazas violentas de novios nerviosos, incluso le celaban algunos poetas poderosos.

Hombre Pan, místico del diablo, en sus huesos se añejaba el corazón del fauno que cuidaba la siembra y bailaba desnudo seduciendo el corazón de las ninfas con faldas y coletas.

Tan bribón tan fulano tan poco diestro en el tacto humano.

Le acompañaron damas con la cordura difuminada en un orfeón de caricatura: Se transmutaban en mariposas, se adornaban la piel con lengua de navaja, hablaban con los muertos a través de los colores, leían el café, vestían con jirones estridentes, se arrastraban por el suelo como estúpidas serpientes, adoraban la cruz, adoraban al diablo, escribían poemas con sangre de gallina, aullaban con furia en la luna llena y sobre todo sabían rumiar el arte de la mentira.

Hombre Pan hacía de las fiestas una galería nudista, invocaba el alma de sus santos poetas y se encontraba muy cómodo en el corazón del vino y el humo del cigarro.

Siempre acompañado por los subterraneos, los menospreciados, los poetas callados. Siempre con una tribu de niños deformes a su lado.

Yo lo conocí, fui su confidente y amigo. Asistí a sus reuniones, conocí a sus detractores, leí sus letras, fumamos porros, nos emborrachamos, fuimos a cantinas de mala muerte, asistimos a conciertos, leímos poesía en Ciudad Real, convivimos con poetas y gente aún peor en Che Garufas… fuimos tal para cual.

Un buen día el Hombre Pan se fue a buscar al sol y aún no ha regresado. En donde sea que esté estoy seguro que tiene una ninfa y un buen tinto a su lado.

Si lo ven, díganle que buena parte del mundo aún no le ha olvidado.