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jueves, 21 de agosto de 2014

Hay polvo en la ventana







Hay polvo en la ventana de mis ojos,
son estas malditas telarañas
devorando lágrimas de miel,
ahorcando su brillo entre lagañas.

Hay polvo en la ventana de mis manos
y mis dedos enmarañados en arrugas,
no sienten  absolutamente nada
cuando te tienen tendida en la cama,
 vestida de piel.

Polvo fuiste y en polvo te convertiste…

Esta caducidad del deseo es soberbia,
estúpida, mezquina y triste.

Hay polvo en mi alma,
polvo que empaña, ensucia,
que lleva en ristre calma
y el desencanto en esa ecuación,
donde (tú más yo) es igual a nada.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El vengador


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No es que quiera hacer justicia por mi propia mano, no, sólo quiero pasar un buen rato antes de que el sueño me deje inconsciente, tirado y vulnerable a los pies de un reloj que da vueltas comiéndose al tiempo.

Soy el vengador y me vengo.

Dejo caminar la imaginación -porque la mía camina- no tiene alas.
Dejo que recorra los páramos de las sábanas imaginando que esa piel de algodón no es más que un buen trozo de espalda de alguna fulana que me invento, como invento los cuentos, a la justa medida de mi desesperación.

Así se va la madrugada:
escuchando perros aullar, gente atacada por la carraspera, amantes buscando sombra como arañas trashumantes, escuchando una voz de gata mientras la imagino vestida    -tan sólo- con las alpargatas enrolladas en sus bragas verdelimón haciendo surcos de amor en la cabecera de mi cama.


martes, 19 de agosto de 2014

Escote literario






Los escotes repletos de ausencia
son literarios casi mercenarios.

Se curan con poemas y zumbidos,
cantos y penas, maullidos de poesía
y rugidos de impertinencia.

A veces soy poeta, a veces no,
tan sólo un anacoreta que escribe
acrósticos en la banqueta del deseo,
un tranvía en la parte más abultada
de tu piel.

Al final, en el filo de tu escote
esta el último desvelo en tinta,
el punto final de una rima,
que usa bombín con estrambote.

Que caiga la absurda línea de tela
que esconde ese chorro de piel,
un par de cascadas de carne
empapadas de sombra/ausencia
sin poder florecer.

Escote literario, escote poético,
escote literal y mercenario…

estúpido límite horizontal
que esconde, lo que debe brotar,
así como una tormenta,
libre y natural.

lunes, 18 de agosto de 2014

Espacio rojo







Hay un espacio en ti, donde crece el mar,
donde te derrites como una vela ante el fuego,
donde habita el espíritu del deseo.

Allí podría nacer toda la humanidad,
allí fabricas galaxias con las manos
cuando te acaricias con arte
el espacio rojo de la humildad.

Bebo a besos y mordidas el despojo
de sangre en tu espacio rojo.

Olla de barro para el agua fresca,
templa el potaje en ciclo de luna.

Hay un espacio en ti, donde crece el fuego,
efluvio de luna nueva que pinta
de rojo, al beso que lo prueba.

domingo, 17 de agosto de 2014

El sendero opuesto




Vigilo las estrellas tumbado en mi cama,
esperando, sólo esperando.

¿Por qué las aves tienen que dormir a estas horas?

Deberían estar acá, trinándole a las estrellas
tejiendo nubes con la lengua, soles con el punzón
de la pluma y  la tregua.

¿Por qué la noche?
¿Por qué no?

Soy el fuego que danza en las barbas del sol,
el sendero opuesto de tus pasos,
la cruz de letras que cargo, aunque mi cabeza
esté casi muerta en manos del insomnio y del letargo

¿Por qué no hay un sol que ilumine la noche?

¿Por qué no estás tú durmiendo a mi lado
con un relámpago de versos en las manos,
con un vientre de río acaudalado?

Vigilo las estrellas tumbado en mi cama,
esperando, sólo esperando.

Entonces, cierro los ojos para devorar por partes,
las inclemencias del tiempo.





viernes, 15 de agosto de 2014

Sangre tinta





Sangre, casa de mis sueños,
tintura de alma que canta,
cuenta y guarda la palabra
en los besos porteños.

La palabra,
ese mar profundo
como el alma,
lleno de vida,
lleno de llamas,
llena de espinas
y larga calma.

Llevo en la sangre
un chorro tinta,
un licor de venas,
mil poemas intrusos.

Soy lo que antecede al silencio,
una muralla de versos
derribada por el relámpago
del tiempo.

Sangre tinta
que moja el tintero
saca el ritmo
al verso moderno.

Soy el que escribe la palabra,
el viejo santo que rima el milagro
en la capilla de tu vientre.

Dame campo, dame casa,
dame un escapulario
con el hueso de tu raza.

Sangre tinta,
escurre tu lengua
en los huesos de papel.

Dale tiempo al tiempo
que esta soledad,
es un vaso de ajenjo

que se lame de tu piel.

jueves, 14 de agosto de 2014

Entre la nieve




Te conozco mejor en silencio
entre la nieve de tu lengua,
en el hielo de tus tintas,
en la escarcha de tus sueños.

Antes de tu corazón,
están tus tetas,
mil veces más bonitas
que ese músculo
minúsculo que tiene forma
de caparazón.

No nos confundamos…

queremos derretirnos
uno dentro del otro,
no invertirnos en un tiempo
más allá de ese momento.

Así te quiero, fría,
muda, muerta, rota,
húmeda, enjaulada
en tu cárcel de papel.

Eres tan solo la fotografía
de una desconocida
que habita en una revista

dentro de un anaquel.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Como paraguas en el corazón



Como paraguas en el corazón, que evita el monzón de lágrimas, tengo esta máscara de girasol para ver bajo tus piernas las mariposas que brotan cuando te sientes enferma.

Mis manos se derriten en hormigas y tus lenguas florecen cuando dices mi nombre, quiero ser el calambre que te drene la cintura, un cadáver exquisito donde la primer caricia se vuelve la primicia de un abucheo de besos.

Este clavel es para habitar el florero de tus ojos, aquellos manojos de sal que  derriten al otoño cuando las piedras se pintan en palacios y los espacios en calabozos.

Quiero darte mis labios para que los cuelgues en los relámpagos de tu soledad, donde el eco sabe tanto de ti, que tampoco recuerda tu nombre.

Cantemos con las manos, que los dedos sean cuerdas y las lenguas, un dulce envinado de palabras tan abstractas, que lleven al corazón una rima con traje de bombero.

¡Grita pájaros con tú nombre! que el cielo está huérfano de ti.
Como yo, solo, solo, solo en el rincón más horrible de tus manos.


Me siento así, como paraguas en el corazón que bebe la sangre del agua y escupe en la rambla de mi alma un costal de ripios con arroz.