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sábado, 25 de julio de 2009

Fantasmas


Me gusta tomar cerveza helada y hablar sobre la atorrancia. Me gusta el olor de la madrugada y el fulgor arrebolado del atardecer.

Me gusta escribir y desnudar mis letras a los ojos ávidos de palabras.

Libros, pinturas, juguetes, viajes, bares, música… los fantasmas.

Hace 10 años comencé escribiendo cuentos sobre espectros y seres anormales. Los espíritus que habitaban en la casa vieja en el centro de Comitán me educaron de manera indirecta y me hicieron más sensible al tema.

Moraban en las habitaciones, en la vieja bodega, en los zaguanes, sobre las pilas de leña y algunos deambulaban por el sitio. Esos eran los peores. Eran feos y tenían la pinta de vagabundos y no hacían más que estar echados sobre el monte lanzando groserías cuando pasaba por ahí.

Si iba acompañado no podía verlos sólo sentirlos y por la noche no podía salir solo al baño porque de alguna manera se transfiguraban en algo horrible que aún no puedo describir con precisión. Nunca los vi a luz de luna, pero de alguna manera sabía que se transformaban en algo que no era bueno. El sólo hecho de pararme a unos metros de la puerta que daba al sitio me hacía sentir mareos y las piernas comenzaban a temblarme.

Es como saber que en la habitación de al lado está un asesino con un puñal afilado esperando a que entres para hacerte pedazos.

Los otros ni eran buenos ni malos, simplemente vivían con nosotros en una vida paralela que hasta ahora voy asimilando. Solamente supe el nombre de uno de ellos. Era viejo y tenía la mirada penetrante y las vestimentas elegantes.

Apolinar San Cristóbal.

Don Apolinar siempre salía temprano a la calle y regresaba exactamente a las seis menos cuarto de la tarde. Su paso siempre era apresurado. Se metía a la bodega y no salía hasta el día siguiente.

Todos eran hermosos y las mujeres muy robustas y con pinta de extranjeras.

Los niños se escondían detrás de los pilares cuando pasaba cerca de ellos y algunos hacían su guarida en un estante apolillado donde mi abuela guardaba revistas y periódicos viejos.

Siempre creí que era parte de mi imaginación o por las historias que me contaban pero eran reales.

Las casas de mis compañeros también tenían fantasmas pero no sentía nada peculiar con ellos. Una vez vi a la madre de un amigo asomándose por su habitación para vernos. Hacíamos tarea en equipo y yo estaba recostado en su cama leyendo un libro.

Apareció con una sonrisa tímida, vio con ternura a su hijo y se fue. No reparó en nadie más.

Ella había muerto un par de años atrás.

Nunca se lo dije a nadie.

Dentro de esta casa no hay fantasmas y en las calles sólo hay pasos. En la esquina hay un crucifijo viejo que pusieron los vecinos muchos años atrás para protegerse de los espectros.

El único contacto que he tenido es con mi abuela y ha sido solamente una vez:

Yo estaba en mi habitación de madrugada y ella había muerto 6 meses atrás. Comenzó a llamarme y con paso presuroso fui a su habitación, ella estaba sentada en el sillón de siempre y con un suéter verde que usaba a menudo. Cuando me vio extendió sus brazos y comenzó a reír. Corrí a abrazarla. Estando aferrado a ella me dijo que no me preocupara que ella estaba bien con el abuelo y con los demás. Que nunca tuviera miedo y que no volvería más para no asustarme.

Después de ese encuentro me sentí más tranquilo pero efectivamente ella no ha vuelto.

Por su habitación siento pasos y presencias pero se van muy rápido.

¿Será que ella los aleja?

Sólo hay arañas, malévolas arañas.

Me gustan los fantasmas y hace mucho que no veo a ninguno.

¿Aún vivirá en la casa vieja Don Apolinar?

Debo volver allí y saber si aún puedo caminar con los muertos.

miércoles, 22 de julio de 2009

La vecina al otro lado de la ventana

Era la vecina de cuyo nombre no puedo acordarme. Tenía los ojos negros y su mirada se parecía al café que toman los sonámbulos por la madrugada.

El cabello tan oscuro como kilométrico se le escurría por los hombros trigueños.

Tenía 25 y estaba atrapada en un cuerpo de adolescente desarrollada.

Tenía la pinta de filósofa. Estudió un tiempo música en el conservatorio de Jalapa y se dedicaba a vender artilugios de esoterismo a unos pasos del edificio.

La veía todas las noches desde mi ventana.

Escribía por horas y a veces quemaba las hojas que no le parecían. Tocaba el oboe por un tiempo más allá de lo razonable. A veces lo tocaba fuera de su ventana y escandalizaba a las viejas horribles que vivían husmeando entre sus persianas.

Las mismas que me consideraban un vago horrible y degenerado tan sólo por la pinta de desarrapado.

Ambos carecíamos de cortinas. A veces ella se olvidaba y se desnudaba frente a mí y yo a veces me olvidaba y me cambiaba frente a su ventana.

Nos llevábamos bien con nuestra amistad sugerida, sin palabras. Ambos hacíamos lo posible para llamar la atención del otro y sólo una vez nos presentamos. Cuando nos sorprendió un terremoto y salimos a los pasillos por si el edificio se derrumbaba. Platicamos sobre nuestras filias y reímos de nuestras fobias.

Al otro día la timidez nos cubrió nuevamente la cara y apenas y nos saludamos.

Así pasaron los meses hasta que ambos tuvimos parejas y “las parejas” se molestaban de aquel fulano extraño que se paseaba en mangas de camisa por la madrugada escuchando música de mierda y de aquella “Putita” que se pasaba las horas escribiendo sin ropa.

Llegó el día en que debía mudarme. Mientras sacaba mis cosas ella estaba sentada con su novio en la puerta de su departamento acariciando a un perro sin pelo. En un descuido me entregó una hoja doblada con inusitada delicadeza.

El tiempo en ese edificio terminó y cuando cerré definitivamente la puerta ella estaba tocando su instrumento y su novio hablaba por teléfono en la ventana y aventaba la ceniza de su cigarrillo al viento.

Quise tocar y despedirme pero no pude.

¡Perdedor!

En la puerta del nuevo edificio estaba Nimbus un tanto alterada. Subimos al segundo piso, al nuevo departamento.

¡Que maravilloso!

Me encerré en el baño, prendí un cigarro y abrí la hoja.

La letra era muy bonita y la tinta olía a frambuesa:

Amigo que vive frente a mi ventana…

Sé que te irás sin decirme nada. Sé que te irás sin saber que tocaba el oboe especialmente para ti desde mi ventana. Por eso te entrego esta carta, ven a verme antes de que te vayas, dame una señal para saber si hay algo más que tus miradas emocionadas.
Si te vas sin decirme nada, sabré entender y te deseo lo mejor y te dedico la mejor de mis palabras.

Amigo de ventana compartida.

(Su nombre)

Cuando salí del baño un poco aturdido vi a Nimbus clavando una cortina en la ventana.

miércoles, 15 de julio de 2009

Esto no es un melodrama

Teniendo solamente un libro con las solapas desgastadas y un título añejo el emisario de la nada se embarcó hacia su próximo reto. Enfundado en un par de botas de serpiente y un chaleco negro con la imagen de una calavera en la espalda se sentía el sicario que los malditos estaban buscando.

Émulo de cincuenta y muchos con los bigotes cubiertos de vino reseco y la piel maltratada por las arrugas de una vida compartida con Miseria. Tenía toda una muerte por delante y una vida que dejaba olvidada en las cantinas del viejo pueblo.

Caminaba sin mirar por dónde ponía los pies y repetía las viejas canciones mexicanas que escuchaba en los bares de Tijuana.

-Camino y camino y nada…

El sol le acariciaba la cabeza maltratada y la arena le escurría tiempo entre sus botas gastadas.

-Camino y camino y veo a las hadas disecadas.

Tenía por destino el camino a la nada.

Cuando llegó allí colgó una soga del árbol más hermoso y se colgó temeroso.

Los cuervos devoraron ese cuerpo viejo que no sabía a nada.

martes, 14 de julio de 2009

Insana

Tenía fama de comemierda pero no me importó. Siempre me han gustado las personalidades que no se apegan a las manualidades de un mundo propenso a los eufemismos sociales.

Fuimos a beber cerveza en una esquina muy cerca de su casa y mi mano un tanto borracha buscó apoyarse sobre las piernas largas ocultas por una falda de manta bordada con cucarachas.

La palma de su mano derecha se estampó con sorna y gracia sobre mi estampa de galán y sus labios se incrustaron en los míos con un fervor seguramente provocado por el alcohol.

Su lengua sabía a lo que huelen los ceniceros mezclados con cerveza y chicles de menta. Su rostro olía a perfume de niña y sus cabellos a jabón con un poco de sudor.

De su bolso sacó una servilleta y me apuntó su nombre con un rímel que apenas logró su misión.

-Antes de buscar bajo suerte las bragas harías bien en preguntar el nombre de quien embriagas.

Se bajó tambaleando a vomitar toda mi inversión de la noche.

Jamás pensé que tuviera un nombre tan peculiar dentro de lo vulgar.

lunes, 13 de julio de 2009

El cuplé del celoso

Con tanto cariño que le tenía le quité las piernas para que no se fuera a buscar caricias con otros enamorados.

Aunque no pueda caminar, aunque no vaya al mercado.
Yo lo que quiero es tenerla a mi lado.

Con tanto amor que le tenía le arranqué los brazos para que no fuera a abrazar y darle un chupetón al pirata guapetón .

Aunque no me prepare el desayuno, aunque no me vuelva a preparar camarón.
Yo lo que quiero es tenerla a mi lado.

Con tanta devoción que le tenía le quité el corazón para que no lo tirara con cualquiera que no fuera yo.

Aunque no sea más que un cuerpo inanimado, aunque sea como un animal disecado.
Yo lo que quiero es tenerla a mi lado.

Dormida

Te veo dormida con la habitación manga por hombro y la mañana sumida en un aroma de silencio con pajarillos discretos y coches lejanos parodiando al viento.

Te encuentras tendida en la cama, sumida en alguna clase de encanto con el rostro tranquilo y las sonrisas de tu alma vertidas en silencio sobre la almohada.

Asi desde ahora será mio tu recuerdo.

Ayer, después de tanto imaginar el aroma de tu cuerpo y el color que deja tu mirada en la piel de mis anhelos me puse romántico. Te envié un mil sonetos.

Hoy te veo sumida con la mente jugando en sueños, tejiendo destinos y corrompiendo cariños.

Guardando el filo de tu vuelo para no cortar nubes ni matar a las aves que visten de rimas las grimas del pasado.

No compite mi corazón reforzado con el chaleco de latón de un Morfeo cabrón que no te deja ver la niebla del balcón a mi lado.

sábado, 11 de julio de 2009

El cuplé del perdedor

Si no es contigo habré de quedarme con otra aunque a la semana el nosotros no sea más que un punto y aparte.

No quiero café solo, no quiero cine solo, no quiero cama vacía, no quiero volver a ser la risa en labios de otros.

Por cualquiera que me quiera me quito la cabellera, dejo el alcohol, no uso pantalones apretados, limpio mi habitación.

Soy mancha que se amolda a cualquier blusón, broche raro y chistoso para cualquier camisón.

Por cualquiera que me quiera y aunque (lo juro por Dios) esté fea: Mato a mi madre, dejo la escuela, vendo mi alma, me subo la cremallera.

Si tú quieres cariño, si vienes conmigo al menos hasta el domingo, te puedes comer lo que queda de mi corazón vecino.

Al hombre Intel

El Tiempo.
De niño pasó más tiempo frente al monitor de su ordenador en un mundo huraño repleto de códigos extraños que bajo las palmeras, el sol, los libros, la imaginación y el sueño húmedo con rameras.

Olvidó.
El por qué los demás pierden el tiempo usando las piernas, el cerebro y el dinero en un mundo sin el deleite del delete, altcontrolsuprimir y besos que sólo existen con labios, cuerpos y saliva.

Advertirle.
Que los fantasmas que platican con él en ventanas que flotan y ecos que rebotan son lo más parecido a la memoria del sueño.

Lo que puede pasar.
Sus pies se volvieron raíces, sus manos cables, sus ojos se cristalizaron en directrices, su vientre se escurrió hasta inundar la habitación en la que vivía y su memoria consistía en historiales de conversación guardados en un rincón de su corazón.

Al perder contacto con la realidad.
Su cuerpo se disecó frente al monitor y se comunicaba con el ordenador a través de telepatía en bluetooth.

Se volvió lo que siempre deseó y pereció como vivió.

Al hombre Intel el tiempo olvidó advertirle lo que puede pasar al perder contacto con la realidad.

viernes, 10 de julio de 2009

On writing


On writing soy cafecillo de mañana, sudestada, madrugada, adolescente enamorada, mancebo arrebolado entre las piernas de su amada.

On writing soy citara y emolumento en días de asueto.

Me siento desnudo en un círculo de interrogantes. Me pierdo en la propia plazuela de mis ideas. Pierdo el hilo en el laberinto de mis manos y siempre me voy de bruces a los pies de los faunos.

On writing me siento como el dios del viento pero no miento cuando afirmo que no puedo escribir si alguien me está viendo.

On writing siento que estoy a salvo. No me importa el cáncer, la crisis, la cirrosis ni quedarme calvo y no exagero cuando confieso que si escribo cuando me están viendo, poco a poco vuelvo a meter todo en cajas.

Los cuentos y los sueños a punto de parir en tinta o máquina se quedan tan sólo en aguas de borrajas.

No sé cuándo ni para cuántos daré el placer al voyeur de verme en un rincón escribiendo cuplés o crónicas anacrónicas con el tiempo al revés. Desnudo, vestido únicamente con una portátil saturada de virus, un cargador de batería inservible pero con un procesador de textos alcahuete que graba con estilete mis palabras en hojas de siempre.

On writing soy on writing pienso pero no exagero cuando digo que:

“No puedo escribir ni mear si alguien está conmigo y no me deja de mirar”

jueves, 9 de julio de 2009

La niña desnuda y solitaria que coleccionaba mariposas muertas en compañía de Fantasma

La niña esta desnuda frente al clavicordio, toca una canción y mastica insectos pegajosos que algún día guardó en el viejo cofre de cartón.

Sueña con calles que aún no conoce y le canta a Fantasma una oda de pasión a su propia devastación.

Por la noche le besa los pies coloreados de aire.

Es el espectro que un día encontró detrás de la cocina y que ahora vive escondido detrás de sus retinas.

La niña desnuda tiene el cuerpo repleto de heridas porque sólo el dolor y la sangre le curan la rabia de vivir siendo la consentida de Melancolía.

Se siente tan sola que colecciona mariposas muertas para hacerse compañía mientras Fantasma le consigue cucarachas para prepararle la comida.

Las horas le pintan arrugas y desgastan sus huesos pero ella sigue perdida en el zaguán de sus recuerdos.

Es la novia de los que no tienen memoria, es la madre de las moscas y les hace cunas de excremento a lado de su cama.

De mayor quiere llegar a ser tan grande como las catarinas o como el cielo desnudo que aún no la olvida.

La niña desnuda, sola y triste se queda dormida deseando despertar como despiertan los muertos en su familia.

miércoles, 8 de julio de 2009

¿Qué tendrán las rosas que adornan los burdeles?

¿Qué tendrán las rosas que son de las pocas cosas aún irresistibles incluso para los incautos?

Serán esos hombros rojizos o esos pétalos que saben labrar melodías afinadas con espinas.

Será tan sólo la lluvia que golpea mi ventana o los espectros que me visitan por la madrugada.

Mi cabello se escurre por las almohadas y los labios que Loca abre a besos y rompen la cerradura del cráneo.

Me vuelvo un espectador furtivo de los personajes que cultivo. Seres desconocidos que tienen su hogar en mis intestinos.

Soy el Dios de mis propios caídos. Manipulo sus destinos y ellos solapan mis desatinos.

Es tenebroso verlos caminar, fumar, fornicar, mentir y pulular en los callejones de mi cerebro.

Todos ellos se visten con pétalos secos de los rosales muertos que se pudren en mis nervios.

¿Por qué me empeño en crear mundos que no corresponden al nuestro?

Tengo polen en la pluma tengo polen en los labios que germinan desvaríos.

¿Qué tendrán las rosas que crecen en mis sienes, qué tendrás tú que floreces mundos y soles en tinta sobre las servilletas y mis manteles?

domingo, 5 de julio de 2009

Padre tiene un amor sádico por Sedan 91

Padre es feliz con Sedan 91 ambos recorren presurosos las angostas calles y los lugares tenebrosos.

Padre es feliz cuando sus pequeñas manos se aferran al viejo volante de su escarabajo blanco y va viajando sin tiempo ni espacio, sin deudas de banco, sin esposa que le haga la vida más rasposa e hijos malvados que deberían ser abogados, doctores o al menos entes rasurados.

Padre antaño odiaba a Sedan 91 porque era el auto que Madre había comprado con dinero de mujer independiente.

Padre entonces era un poco millonario y pasaba las noches buscando la forma de liberarse de tan horrendo auto.

Madre sufría con el reclamo cotidiano de Padre.

Padre en su Chevrolet sufría de la vergüenza de tener en casa el estúpido auto de Madre.

Mil clientes llegaban buscando a Sedan 91 enviados por él, ofreciendo jugosas ofertas con tal de llevarlo de una vez por todas al diablo y así poder comprar un auto más acorde a sus necesidades de pequeño gran burgués.

Madre no se dejaba convencer porque era el auto que había comprado con el esfuerzo de un carajo de años detrás de un escritorio y una máquina de escribir propiedad del gobierno del estado.

El tiempo y el descuido etílico llevaron a Padre aún con el aliento a Tecate a perder su abrigo de magnate.

En su desesperación buscaba las llaves de Sedan 91 para venderlo y tener dinero.

Pagar algunas de sus cuantiosas deudas y comprar un poco de Ginebra.

Sedan 91 tuvo que huir y esconderse en casa de amiga de Madre para estar a salvo del rapto de Padre.

El tiempo y la mayoría de los ahorros de Abuela, Tía, Madre y algún Compadre lograron liquidar las cuentas del yerno/cuñado/esposo/compadre.

Sin vehículo y con un par de piernas perezosas descubrió que después de todo Sedan 91no estaba tan feo, no estaba tan pequeño, no estaba tan lumpen, estaba como nuevo, era blanco y hacía juego con las nubes.

¡Qué bonito suena el motor!

Principalmente poseía cuatro ruedas y un motor podían llevarlo a donde quisiera.

Poco a poco se apoderó de él.

Padre es feliz con Sedan 91 y se encela con Madre cuando lo usa y mueve el sillón, cuando Malévolo Hijo toma el volante y se lo lleva con petulante intromisión.

Ahora luce viejo, gasta mucha gasolina, no sirven las direccionales ni seguros de las puertas. El claxon y la alarma están casi muertos.

Lo ha ido mutilando; es su castigo por haberle dado una lección.

Padre tiene un amor sádico por Sedan 91 y no va a descansar hasta verlo naufragar en el óxido de su propio olvido.

Hasta pasar junto a él subido en un Ford del año y poder gritar sin miedo a las caminatas bajo el sol de julio y a los horribles transportes colectivos:

“Muérete amor mío”.

jueves, 25 de junio de 2009

La mirada de un ángel en espera del día pactado



El ángel del pecado abrió sus ojos y encontró tan sólo un viejo papel doblado.

Sus alas se habían vuelto margaritas en su espalda y sus piernas se embalaban en la cama con murmullos extraños.

“Volveremos a vernos el día pactado”


Las sábanas cubrían su piel de humano y una vieja cámara de fotografía le sirvió para hacerse un par de retratos…

Una desnuda y otra como visten los fulanos.

El ángel del pecado vertió sus lágrimas en un papel arrugado.

“Volveremos a vernos el día pactado”

¿Por qué el amor es el sentimiento en el que se pierde más el tiempo?

Limpió las margaritas de su espalda y las colocó sobre sus cabellos.

La luna bajó sin demora a sentarse a su lado.

¿Qué hacen dos pequeñas damas cuándo están enamoradas y no tienen al amado a su lado?

Respuesta:
Cubrir su cuerpo con caricias femeninas, y lavar sus lenguas con el magma que fluye de la grieta entre sus piernas.

“Volveremos a vernos el día pactado”

El papelillo se perdió sin haberse percatado del número de teléfono atrás anotado.

miércoles, 24 de junio de 2009

Nosi

Cuándo tú NO, ella SÍ.
Cuando tú Tal vez, ella ¡Sí!

Cuando tú, silencio, ella orfeón.
Cuando tú, indiferencia, ella mil detalles.

Cuando tú no juegas, ella tahúr.
Cuando tú Dolor de cabeza, ella ¡Por debajo de la mesa!

Cuando tú JAJA, ella ¡Que belleza!
Cuando tú… cuando ella…

¿Cuándo yo, habré de darme cuenta?

La risa más estúpida de la ciudad

Tiene los pies bonitos, las piernas bonitas, las manos suaves, el pelo maravilloso, el rostro no tan espantoso y la voz aunque chillante tiene su belleza extravagante.

Le gusta la lectura, el jazz, el tarot, la magia, los relámpagos en su ventana el sexo sin condón.

Sabe de psicología, ha leído a Lacan y se duerme leyendo a Freud.

Es pequeña, le gustan los cuentos de terror, se dice grotesca y tiene tendencias lésbicas que trata y no puede ocultar.

Es hermosa, es maravillosa pero tiene algo que no puedo soportar…

Tiene la risa más estúpida de la ciudad.

Toda su hermosura se ve eclipsada por esa horrenda sonoridad.

¿De qué sirve tanta belleza si se colapsa con tremendos graznidos?

Ojalá me quede sordo o al menos se vaya tan lejos que ya no la pueda escuchar.

Maldito el oficio de catador.

Ha caido el primer higo de la mañana

Ha caído el primer higo de la tarde y se escurre como lágrimas sobre mis mejillas.

Recuerdo las noches de luna llena, recuerdo la licantropía amena entre tu pasado y mi presente.

Recuerdo la ventaba abierta esperando al niño sin sombra, recuerdo jugar con las faldas de Muerte.

De niño me costaba mucho imaginarme muerto y mientras pasa el tiempo me cuesta trabajo actuar como los vivos.

Este camino sin sombra me quema los cabellos, este camino sin botas me come los pies, este camino sin ti me importa un comino.

Ha caído el primer higo de la madrugada y sigo desnudo bebiendo una botella de vino, fumando colillas y masturbando un miembro que perdió los ánimos luchando contra el destino.

Mis mejillas se visten de una miserable barba y mis labios se queman con el beso de la nicotina, pierdo los cabellos a la par de mi tiempo.

Cada vez que me veo al espejo veo a un tipo diferente.

Decadente.

Por eso me mato muy lentamente.

Soy un incógnito suicida.

Mientras más viejo más me arrepiento…

Crecer fue la peor tontería.

No me hables como una zorra

No me hables como una zorra el lunes por la mañana, con tu nariz hermosa con restos de farlopa.
Con tu cuerpo sumido bajo las sábanas.

Invocabas al diablo mientras mojabas tus manos con el láudano de tu vagina.

No me hables como puta, divina Puta.
No te hagas la interesante.
Mientras no tengas la lengua revuelta en poesía no eres más que una arrogante.

Lamías tus heridas y dormías en el día para emborracharte por la noche con tus amados fantoches.

No me hables de verdades omitidas con tu cara adormecida.

No te sorprenda que un día te regale coca cola con hielos de estricnina.

lunes, 22 de junio de 2009

Anoche

Anoche soñé que te mataba y te enterraba debajo de mi almohada.
Que al fin de tus caricias me escapaba.

Anoche desperté asustado creyéndote aún a mi lado.
Que mis labios estaban manchados de tu saliva de diva.

Es bueno abrir los ojos y saberse solo, solo y solo tan sólo como tú me enseñaste a despertar.

sábado, 20 de junio de 2009

Pigmaliónico

Una gota que cae al vacío es más sabia que el amor de dos dolientes partidarios del egocentrismo.
Un relámpago que pierde equilibrio es similar al delirio sexual que te atormenta.

Tu vientre humedecido y no complacido busca ser penetrado pero lucha contra los demonios adúlteros que cohabitan tu alma.

Que mal aconsejan a tu cuerpo.

Quisieras dormir desnuda entre los brazos de aquel amigo.
Pero tienes un tumor que se llama Conmigo.

Nuestro destino está escrito…

Nunca debí haber abierto la botella de tu vino.
Nunca debimos habernos conocido más allá de una vitrina de vidrio.

Despertar

Algunos por ahí, me han contado más de tu vida de lo que yo jamás alcancé al menos suponer.
¿Será que yo, aún no soy digno de tu cofradía?
Con todos tertulia y lujuria y todo lo demás también.
Conmigo… lo que resta de la fiesta.

¡Despertar!

Después de tanto tiempo de padecer delirios y calenturas pasionales.
Después de haber padecido una que otra resaca de labios expresivos.
Después de la estúpida razón de mi impertinencia.

¡Despertar!

Siempre tan esmerada y preocupada por alejarme de tu morada. Siempre tan desatinada para clamarte enamorada.
Y yo necio y necio queriendo ver lo que todos decían ver y yo necio y necio queriendo saber si podía tener, lo que yo también imaginaba.

¡Despertar!

Ahora no dejo que el vaso se vuelva vacío, que el cenicero no deje de ser penetrado con fuego, que el recibo de luz no se dé por vencido.

Y pienso…

El papel desnudo al ser lamido por la tinta emite más suspiros que tú a la hora de ser moldeada con saliva.

Y pienso…

Conozco más al viejo de la esquina, a la puta de Josefina, al perro de Miranda, Las Morenitas, Chávez, Cortázar, Bukowsky, Gurú, el Rasta…
Conozco más de finanzas que de todas tus andanzas.

¡Despertar!

Ya que los demás saben de ti lo que yo sólo supongo, mejor te invento como en un cuento y te pongo dos cabezas, diez lenguas y un vestido de gusanos sinvergüenzas.
Inventaré que me cuentas relatos de princesas mientras yo me quedo dormido escribiendo sonetos para Esas que no son de cuento y existen de noche regalándome palabras que nunca supiste darme tú.

¡Despertar!

¿Seguirás siendo la novia de todos los demás?