Del breve encuentro con una estrella que sabe tonificar la í en mi apellido
I got my feet on the street but I can’t stop flyin’,
My head is in the clouds but at least I’m tryin’
_Noel Gallagher
I
Eran las seis y tanto.
Caminaba…
Esperando el momento de encontrar de frente a la mujer que con tanto encanto despintaba las palabras de mi frente. Aquella que permitía mis halagos impertinentes.
Poetas, pintores y rapaces aún peores habrán sabido piropearle con mayor ritmo y pleitesía.
Con pasos lentos pero bailables, iba siguiendo una línea inquieta en el pavimento. Escuchando a las nubes tocar ese piano con influencia a jazz a través del viento que acariciaba mi cuerpo con mucho furor, con mucho desconcierto.
Aplaudiendo un soul que salía de los poros abiertos de los árboles que se nutrían con las alas tonales de una marimba platónica y morena como la piel de las manos que la sabían tocar.
(Como se toca a la mujer que se desnuda para regalarnos la melodía quimérica de su miel en agonía)
Me iba quitando con las garras, los minutos que se morían ahogados en el sudor de mi piel.
Caminaba con gafas de sol para ocultar los ojos de limón que se me ven antes de que se duerma el sol.
El corazón sabía delatar mi mitomanía de tranquilidad y relajación. Mis manos tenían un monólogo cortesano ante mis pies y mis labios sabían guardar pleitesía al silencio de mis palabras.
Pillaba mariposas muertas para cambiárselas por miradas eternas o sonrisas perfectas.
Los gritos de mis pasos se perdían en la mullida cotidianidad de los coches.
II
Eran las siete y tantos.
La vi, tan altiva y deslumbrante,
con una corona de tul inefable.
Sonreía soberbia y amable,
alumbrando su hermoso semblante.
En el vórtice de mi agorero sueño creí ver caminar a las estrellas con la gracia de un par de piernas y unos pies que sabían besar con mucho trino al suelo.
Tenía la mirada serena
que guardaba en un pedestal
de viento disfrazado de cristal,
sueños y arena.
Dulce rubor que colmó los años disfrazados de minutos en la espera de ver frente a mí a la mujer que ahora pintaba nuevas palabras en mi frente.
La dueña del algodón de azúcar que cantaba desde mi balcón melodías con diabetes y danzón. La que me regaló un tocado con la pantalla de Ruperta: su viejo ordenador.
Mis vigilias fueron compartidas con las suyas en madrugadas de múltiples tonadas, con la mente elucubrando fantasmas que supieran recitar un poco de poesía.
En mi estado incongruente vi un desfile fosfenomático de formas extrañas: arañas que caminaban con zapatillas de baile, moscas con guirnaldas de betún anaranjado y bastoncillos de menta que se arrastraban a sus pies reverenciándola como a una reina.
Pude haberme hincado y con los ojos exorbitados tras la intimidad de unos lentes polarizados recitar estas palabras que no había ni (siquiera) creado. Pero seguramente ella, al ver tal excentricidad, se hubiera largado.
Así que decidí saludarla con el más común de los “Holas” avergonzado de mi propia inopia de algarabía.
Le ofrecí un cigarrillo -chueco y acalorado por el calor de mi sudadera- y comenzó el festín de palabras que siempre muy amable y atenta, a lo largo de toda la noche me regaló.
Tan musa y tan divina
Dejó prendido el motor
absurdo de mi mejor
Imaginación vespertina.
Le regalé un carrete fotográfico para que guardara sus pensamientos de estrella.
Me dijo “Soy una de ellas aunque parece que nací de las lágrimas de la luna”.
El reloj -aunque traté de detenerlo- nunca dejó de caminar.
Eran las tres y tanto.
Cuando ese taxi arrancó llevándose a la bruma de mi razón, se llevó también gran parte de mí corazón.
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
miércoles, 27 de agosto de 2008
Sharik
De esta noche aprenderé... a recurrir nuevamente a mis sentidos...
recordando lo que me han dicho, sobre este amor casi divino.
_Lorelei Hook
Vierto adjetivos en una copa de temperante, que me transporta al sabor de sus labios cuando me lee la poesía de sus libros paganos.
Una loca enamorada con la boca hinchada de besos y el vientre desangrado de tiempo.
Bebo entre sus muslos caribeños que se escurren en mi cuerpo como gotas de mar en noches de luna sin sueños.
Mis manos van hablando el idioma de sus pechos que revientan entre mis dedos, regalando ese néctar dulzón con sabor a pezón.
La lluvia de ropa interior nubla la poca cordura que aún tenemos guardada bajo las faldas de las frías mantas.
Desnudo, coronado de limones camino en círculos sobre la sonrisa que dibujó en su retrato de gata. Hago el mantra que aprendí en internet y escupo al techo saliva con sangre para verla estrellarse en tu rostro de santa.
Así le digo que la quiero, así le cuento mis cuentos.
En el espejo la vi vestirse de piel los huesos, colocarse los ojos y el pelo. Me da el honor de colocarle los pies para poder hacer poesía con ellos.
La noche se olvida de amanecer y el viento burla sus cabellos que cubren mi cuerpo desnudo que a la vez cubre al suyo aún más desnudo.
Las horas se vuelven sudor seco, vientres cansados, cuerpos relajados e historias absurdas viendo a los fantasmas que viven en el techo.
Habiendo catado su cuerpo me quito el viento del rostro y bebo esa copa fría de temperante con adjetivos y escucho de sus labios untados de penumbra su vieja poesía supina.
recordando lo que me han dicho, sobre este amor casi divino.
_Lorelei Hook
Vierto adjetivos en una copa de temperante, que me transporta al sabor de sus labios cuando me lee la poesía de sus libros paganos.
Una loca enamorada con la boca hinchada de besos y el vientre desangrado de tiempo.
Bebo entre sus muslos caribeños que se escurren en mi cuerpo como gotas de mar en noches de luna sin sueños.
Mis manos van hablando el idioma de sus pechos que revientan entre mis dedos, regalando ese néctar dulzón con sabor a pezón.
La lluvia de ropa interior nubla la poca cordura que aún tenemos guardada bajo las faldas de las frías mantas.
Desnudo, coronado de limones camino en círculos sobre la sonrisa que dibujó en su retrato de gata. Hago el mantra que aprendí en internet y escupo al techo saliva con sangre para verla estrellarse en tu rostro de santa.
Así le digo que la quiero, así le cuento mis cuentos.
En el espejo la vi vestirse de piel los huesos, colocarse los ojos y el pelo. Me da el honor de colocarle los pies para poder hacer poesía con ellos.
La noche se olvida de amanecer y el viento burla sus cabellos que cubren mi cuerpo desnudo que a la vez cubre al suyo aún más desnudo.
Las horas se vuelven sudor seco, vientres cansados, cuerpos relajados e historias absurdas viendo a los fantasmas que viven en el techo.
Habiendo catado su cuerpo me quito el viento del rostro y bebo esa copa fría de temperante con adjetivos y escucho de sus labios untados de penumbra su vieja poesía supina.
sábado, 2 de agosto de 2008
Gloria
De este abajo firmante para la homónima
Participante de mis albricias matutinas.
En Vaquillas camina con pasos sigilosos que saben dilucidar melodías.
-Arboledas, Campanario, Villas de la Hacienda y más…-
Lleva el sabor a triunfo en cada guiño de su sonrisa que va dejando historias zurcidas en la cornisa de mi corazón de suicida.
El vibrato condicionante de sus labios, nunca deja pasar la menor oportunidad de devorar una sonrisa alimentada con el amor que sólo saben cultivar aquellos que carecen del rigor de un mundo anfitrión de consuelos extraños.
Tira disparos argentinos en los duelos cetrinos de simpatía.
Quisiera por una noche al menos tener esa virtuosa puntería.
Tiene a su lado un poodle, un cobaya canalla, una Karina, un benjamín llamado
Benjamín –como su padre- y los caracoles que le escurren poesía directo a su ventana.
Conoce a la perfección el camino a la batalla contra los molinos de la monotonía, con una cota de latón y un rocín valeroso que no sabe lo que significa ceder ante lo deshonroso.
Los días huérfanos encuentran cobijo en la prosapia serena de canas que festejan con pulque de maicena el arte mismo de coser estrellas.
Si pudiera le daría mi juventud, que estoy seguro, no la malgastaría como yo, en fantochadas ni bisuterías.
A su lado todos los días saben a madrugada.
Si vuelvo a nacer, desearía nuevamente –y con todas mis fuerzas- volverla a tener en mi altar de dioses paganos.
jueves, 31 de julio de 2008
Marigold
He puesto un potaje de caléndula en el eco que han dejado tus pies desnudos en la adusta piel de mis escamas.
Ya no quiero pasarme las horas recordando la alquimia de tus cuentos de guerrera.
Me has crucificado a tu recuerdo, ave de mal agüero.
He soñado con esas veces que se te resbalaba el vestido por las piernas, cuando perdías la compostura en el viejo colchón y me pedías que olvidara que eras una dama.
Soñé que de tus manos nacían pájaros que volaban sobre mi cabeza y blandían pequeñas dialécticas de diosa terrenal. Canalla, sideral. Quisiera verte una vez más, para
volverte a odiar como alguna vez pretendí hacerlo.
Ya no quiero tener por la noche el sabor de tu ropa entre mis manos, pero…
¿Qué puedo hacer, si en cada encrucijada de lamentos aparece tu cuerpo desnudo de ornamentos?
Los fantasmas bajo mi cama saben guardar silencio y tomarse mis lágrimas.
(Se prende un cigarrillo)
Jamás creí admitir la derrota con tanta filosofía.
La caléndula surte efecto cuando todo parece ya tan perfecto.
Mi piel extraña el sudor de tu piel y los juegos de madrugada invocando a los muertos desde mi cama.
Donde quieran que estés, deseo (una vez más) perderte el respeto.
Ya no quiero pasarme las horas recordando la alquimia de tus cuentos de guerrera.
Me has crucificado a tu recuerdo, ave de mal agüero.
He soñado con esas veces que se te resbalaba el vestido por las piernas, cuando perdías la compostura en el viejo colchón y me pedías que olvidara que eras una dama.
Soñé que de tus manos nacían pájaros que volaban sobre mi cabeza y blandían pequeñas dialécticas de diosa terrenal. Canalla, sideral. Quisiera verte una vez más, para
volverte a odiar como alguna vez pretendí hacerlo.
Ya no quiero tener por la noche el sabor de tu ropa entre mis manos, pero…
¿Qué puedo hacer, si en cada encrucijada de lamentos aparece tu cuerpo desnudo de ornamentos?
Los fantasmas bajo mi cama saben guardar silencio y tomarse mis lágrimas.
(Se prende un cigarrillo)
Jamás creí admitir la derrota con tanta filosofía.
La caléndula surte efecto cuando todo parece ya tan perfecto.
Mi piel extraña el sudor de tu piel y los juegos de madrugada invocando a los muertos desde mi cama.
Donde quieran que estés, deseo (una vez más) perderte el respeto.
lunes, 16 de junio de 2008
Mayéndula
Esta noche te pediré que te desnudes sobre la cama. No haré más que envolver tu cuerpo con las palmas de mis manos.
Comenzaré con la punta de tus pies y seguiré por el sendero que culmina con el sol en el horizonte de tus labios.
Voy a caminar sobre tu cuerpo conquistando valles de suspiros, montañas de gruñidos. Voy a comer del olor de tu piel, beber del licor de tus piernas hasta quedar profundamente borracho de tu miel.
De tu esencia.
No quiero escuchar el minutero del reloj, no quiero que suene el teléfono, no quiero que salga el sol.
Sólo quiero divagar entre tu cuerpo. Nadando sobre tus cabellos y respirando el deletreo de mi nombre entre tus sueños.
Vete quitando el disfraz de señorita, mientras yo saco el látigo del clóset. Seré el Indiana Jones perdido en la selva aguamarina de tus sábanas de niña.
Vamos a perdonar el voyeur de las estrellas, a cantar el bolero arrabalero del amor adulterado.
A sentir que me quieres como quieres a las estrellas.
Voy a usar tu espalda como la pizarra para escribirte a rasguños una carta de amor apasionada.
Olvida ésta noche y las siguientes.
Cada reencuentro será como una primera vez.
No voy a negar que mañana quizá no esté en tu cama. Pero al menos por esta noche quiero ser el dueño de tus roces.
Tu amor de madrugada.
Comenzaré con la punta de tus pies y seguiré por el sendero que culmina con el sol en el horizonte de tus labios.
Voy a caminar sobre tu cuerpo conquistando valles de suspiros, montañas de gruñidos. Voy a comer del olor de tu piel, beber del licor de tus piernas hasta quedar profundamente borracho de tu miel.
De tu esencia.
No quiero escuchar el minutero del reloj, no quiero que suene el teléfono, no quiero que salga el sol.
Sólo quiero divagar entre tu cuerpo. Nadando sobre tus cabellos y respirando el deletreo de mi nombre entre tus sueños.
Vete quitando el disfraz de señorita, mientras yo saco el látigo del clóset. Seré el Indiana Jones perdido en la selva aguamarina de tus sábanas de niña.
Vamos a perdonar el voyeur de las estrellas, a cantar el bolero arrabalero del amor adulterado.
A sentir que me quieres como quieres a las estrellas.
Voy a usar tu espalda como la pizarra para escribirte a rasguños una carta de amor apasionada.
Olvida ésta noche y las siguientes.
Cada reencuentro será como una primera vez.
No voy a negar que mañana quizá no esté en tu cama. Pero al menos por esta noche quiero ser el dueño de tus roces.
Tu amor de madrugada.
domingo, 11 de mayo de 2008
Ausencia
(En comunicación telepática)
Abajo firmante dice:
Tengo enjaulado entre mis ojos un recuerdo que lucha por escurrirse entre ellos. Pero hace mucho que no puedo, quizá ya he olvidado cómo hacerlo.
Aposté el corazón en el trile de tus palabras. Entre tanta parafernalia, glamour y misticismo me sentía a los pies de una ninfa enamorada.
Aposté el corazón en el trile de tus palabras. Entre tanta parafernalia, glamour y misticismo me sentía a los pies de una ninfa enamorada.
La tinta de tus cartas era tan dulce como la saliva de tus besos, el monólogo de madrugada, el trayecto oscuro de camino a tu casa.
Ausencia dice:
Voy a quemar el reflejo de tu cuerpo entre mis manos, la dolencia de cada mañana al despertar y no tener tu mano entre mis pechos.
Las manos que me han tocado han dejado huecos entre los suspiros que me han provocado.
No quiero entregar mis sueños al vacío de la esperanza y caminar con una sombrilla equilibrándome como funámbula en la incertidumbre de tus pasos.
Abajo firmante dice:
Incertidumbre: el nombre que te di mucho antes de que fueras Ausencia.
¿No fue ella la que me permitió conocer el carnaval de tu alma?
La que te permitió irte con cualquier fulano de tu preferencia.
Después de la lluvia de tu desconfianza, no me ha llegado la calma.
Ausencia dice:
El “fulano” de mi preferencia, me agarraba la mano de cuando en cuando, me contaba lo que pensaba cuando se le perdía la mirada.
Me dejaba comprender quién era él y porqué no usaba un hilo para no perderse en el laberinto de mi cama.
Me llamaba todas las mañanas y una vez al mes, me despertaba con una serenata.
Abajo firmante dice:
¿Entonces por qué me enviabas mensajes por las madrugadas?
¿Por qué los correos con fotos de tus viajes?
¿Por qué me mostrabas las piernas cuando platicamos bajo las gradas?
¿Por qué esa última vez me diste de tus horribles potajes?
Ausencia dice:
Ausencia dice:
Porque a pesar de todo, no hay un día en que trate de olvidarte. Y cuando estoy a punto de lograrlo me da miedo no ser la firma de tus recuerdos.
Abajo firmante dice:
Ausencia: aunque pasen los años, siempre serás la firma de este abajo firmante.
Ausencia dice:
Ya debo partir. Ha venido mi nuevo amante.
Iremos a la plaza a comprar flores para su madre.
Te envío mensaje en la noche. Soy una musa demandante.
Abajo firmante dice:
Me atengo a la tragicomedia que me puedas contar con tus manos.
Ausencia aparece como No conectado…
viernes, 9 de mayo de 2008
X. Miranda
(Domingo de madrugada)
Cuando uno se ha vuelto célibe del televisor y los discos ya han vomitado sus melodías incontables veces en el reproductor; lo que queda por hacer es tratar de encontrarle una nueva y entretenida perspectiva a la monotonía.
Miranda, con voz enérgica, dijo:
-Poesía contemporánea.
-Y yo, dibujé un pájaro muerto sobre el lomo de un cerdo.
-Yo le dije amor.
-Ella, sonriente dibujó a un perico ciego que caminaba sobre el fiambre de lo que antes caminaba como niño.
-Me dijo teléfono
-Y yo dibujé una araña devorando el corazón de una mujer embarazada.
-Le dije… besos.
-Me dibujó un ciego apilando huesos.
-¡Musa!
-Dibujé un círculo imperfecto.
-Religión.
-Dibujó a Al Capone desnudo montado en un asno atado a un roble.
-Sonriente le dije, Padre.
-Sorbió un poco de vino y escupiéndolo en el papel le dio una forma extraña que, con el grafito, le dio la forma de una olla a presión.
-Muy seria, dijo, Madre.
-Y dibujé una niña de alas enormes y ojos exorbitados, tratando de comerse a Saturno que a su vez devoraba a un hijo.
-Ella me dijo, tú.
-En el papel, dibujé un gusano
-Yo.
-Y dibujó su reflejo en un mar de peces muertos.
-Ella me dijo miedo.
-Y le dibujé a la muerte.
-Fuerza.
-Me representó una nube devorándose al sol.
-Perfección .
- le respondí con un beso.
-Entre sus labios, le dije tiempo.
-Y me quitó la ropa,
muy lento.
Cuando uno se ha vuelto célibe del televisor y los discos ya han vomitado sus melodías incontables veces en el reproductor; lo que queda por hacer es como diría el viejo Blake…
“Tratar de poner un cuerpo delante del nuestro”
Cuando uno se ha vuelto célibe del televisor y los discos ya han vomitado sus melodías incontables veces en el reproductor; lo que queda por hacer es tratar de encontrarle una nueva y entretenida perspectiva a la monotonía.
Miranda, con voz enérgica, dijo:
-Poesía contemporánea.
-Y yo, dibujé un pájaro muerto sobre el lomo de un cerdo.
-Yo le dije amor.
-Ella, sonriente dibujó a un perico ciego que caminaba sobre el fiambre de lo que antes caminaba como niño.
-Me dijo teléfono
-Y yo dibujé una araña devorando el corazón de una mujer embarazada.
-Le dije… besos.
-Me dibujó un ciego apilando huesos.
-¡Musa!
-Dibujé un círculo imperfecto.
-Religión.
-Dibujó a Al Capone desnudo montado en un asno atado a un roble.
-Sonriente le dije, Padre.
-Sorbió un poco de vino y escupiéndolo en el papel le dio una forma extraña que, con el grafito, le dio la forma de una olla a presión.
-Muy seria, dijo, Madre.
-Y dibujé una niña de alas enormes y ojos exorbitados, tratando de comerse a Saturno que a su vez devoraba a un hijo.
-Ella me dijo, tú.
-En el papel, dibujé un gusano
-Yo.
-Y dibujó su reflejo en un mar de peces muertos.
-Ella me dijo miedo.
-Y le dibujé a la muerte.
-Fuerza.
-Me representó una nube devorándose al sol.
-Perfección .
- le respondí con un beso.
-Entre sus labios, le dije tiempo.
-Y me quitó la ropa,
muy lento.
Cuando uno se ha vuelto célibe del televisor y los discos ya han vomitado sus melodías incontables veces en el reproductor; lo que queda por hacer es como diría el viejo Blake…
“Tratar de poner un cuerpo delante del nuestro”
jueves, 1 de mayo de 2008
"Cindrella"
Voy a navegar en el océano diluido de tu sonrisa, en un barco fabricado con las páginas amarillas del cuaderno cotilla en el que te escribo.
La sal del viento lamerá mis labios hasta que pueda llegar a los tuyos y construir ahí una mansión de besos lentos y morenos.
Vamos a coleccionar momentos y carnavales. Olvidando el cuerpo frío de los celos infernales que son el lado voraz de las faldas otoñales.
¿Dime qué puedo hacer -suspiro de mi blasón- para erradicar de tu corazón ese brebaje amargo que le susurra pantomimas al oído?
Me muero de ganas de decirte con el cuerpo lo que mis palabras parcas no han sabido relatar.
He viajado por el tejado de tu casa, maullado en el balcón como gato enamorado que se esconde en las sombras de tu cuarto, imaginando que en tus sueños tengo al menos una soledad almidonada.
No quiero que me ofrendes tu vida entera ó una perpetuidad que sólo sirve para preservar el fiambre en los rincones del campo santo.
Quiero que me des un presente dulzón y sin mentirás.
Y si me das el corazón, dámelo en algo más que en eneros llenos de ceniza en mi cenicero; en más que dimes y diretes que no le hacen bien a mi presión y a mi diabetes.
Yo tengo una maleta llena de labios castizos que saben jurar -sin jurar en vano - y jugar al doctor que cura sin medicinas, esos males de amor.
Voy directo al naufragio, a la senda de tus manos, al cariño con amor de los humanos, al momento eterno en que das la llave de tu cuerpo a la mirada ajena de mujer.
Puedo soltar sin prejuicios el ancla de mi barco, que se engancha en la arena blanca de tus huesos, enterrar un cofre sin tesoro y quemar la tenencia del viejo Holandés Errante en un palpitante aullido sin miedo.
No temas de las palabras vacuas, que son el alpiste que devoran las lenguas timoratas.
Que no llegue a nuestra historia de dos, la fatiga sin razón del desconcierto.
Nos quedan caminos por descubrir en nuestro propio cuerpo y aún tenemos botas y nos sobran suelas.
Sé que tengo más años metidos en los bolsillos que tú, los que tienes afinados en las coplas de tus suspiros. Sin embargo, lo añejo del eco de tus cantos lo añoran incluso las aves más viejas que sólo saben croar al espacio.
Déjame ser el capitán que conquiste los mares de tu espalda, deja la casa del árbol y anímate a ser por hoy, la princesa pirata de mi corazón.
La sal del viento lamerá mis labios hasta que pueda llegar a los tuyos y construir ahí una mansión de besos lentos y morenos.
Vamos a coleccionar momentos y carnavales. Olvidando el cuerpo frío de los celos infernales que son el lado voraz de las faldas otoñales.
¿Dime qué puedo hacer -suspiro de mi blasón- para erradicar de tu corazón ese brebaje amargo que le susurra pantomimas al oído?
Me muero de ganas de decirte con el cuerpo lo que mis palabras parcas no han sabido relatar.
He viajado por el tejado de tu casa, maullado en el balcón como gato enamorado que se esconde en las sombras de tu cuarto, imaginando que en tus sueños tengo al menos una soledad almidonada.
No quiero que me ofrendes tu vida entera ó una perpetuidad que sólo sirve para preservar el fiambre en los rincones del campo santo.
Quiero que me des un presente dulzón y sin mentirás.
Y si me das el corazón, dámelo en algo más que en eneros llenos de ceniza en mi cenicero; en más que dimes y diretes que no le hacen bien a mi presión y a mi diabetes.
Yo tengo una maleta llena de labios castizos que saben jurar -sin jurar en vano - y jugar al doctor que cura sin medicinas, esos males de amor.
Voy directo al naufragio, a la senda de tus manos, al cariño con amor de los humanos, al momento eterno en que das la llave de tu cuerpo a la mirada ajena de mujer.
Puedo soltar sin prejuicios el ancla de mi barco, que se engancha en la arena blanca de tus huesos, enterrar un cofre sin tesoro y quemar la tenencia del viejo Holandés Errante en un palpitante aullido sin miedo.
No temas de las palabras vacuas, que son el alpiste que devoran las lenguas timoratas.
Que no llegue a nuestra historia de dos, la fatiga sin razón del desconcierto.
Nos quedan caminos por descubrir en nuestro propio cuerpo y aún tenemos botas y nos sobran suelas.
Sé que tengo más años metidos en los bolsillos que tú, los que tienes afinados en las coplas de tus suspiros. Sin embargo, lo añejo del eco de tus cantos lo añoran incluso las aves más viejas que sólo saben croar al espacio.
Déjame ser el capitán que conquiste los mares de tu espalda, deja la casa del árbol y anímate a ser por hoy, la princesa pirata de mi corazón.
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