
miércoles, 14 de octubre de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie

martes, 26 de mayo de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
El recinto beatnik-surrealista en una tertulia improvisada con los Subterráneos e invitados.
Yo iba agarrándole la mano al joven aprendiz de fulano y el a su vez iba agarrando las manos de Nesi. Nuestras sombras se alargaban sobre el pavimento gracias a los postes de luz amarillenta que se escurría sobre la noche. Éramos como una pandilla de gatos canallas que iban en busca de aventuras gandallas entre callejones y tejas de un Comitán que ya se estaba durmiendo.
Nuestro plan original era ir al bar más cercano de casa, el tan famoso Wings y luego regresar de forma coherente y civilizada a dormir temprano para soportar el peso de una madrugada desperdiciada por el ruido asqueroso del despertador enamorado de las 5:10 de la mañana.
El joven aprendiz, llamémoslo Ábez, con esa actitud hiperactiva que sólo se compara con su lascivia comenzó a pedir un cigarro desesperadamente mientras sus ojos se iban inflando con el helio cotidiano de la adicción a la nicotina y al mambo nocturno.
Nesi, de su bolsa mágica, esa donde cabe al menos la mitad de su ropero y a veces es basurero, sacó una cajetilla de Marlboro blancos que había comprado en la tarde mientras caminábamos insolados por Guadalupe de regreso a casa.
Fue entonces que la nicotina comenzó a apaciguar las ansias extrañas y comenzaros los comentarios fermentados en negatividad.
“¡El Wings no va a estar abierto”!
Aunque trataba de ignorar esas palabras pronunciadas con tal contundencia algo en mi interior me decía que podría ser verdad, después de todo era el domingo de una ciudad que apenas está descubriendo su primera menstruación urbana.
Estaba un tanto preocupado pues la caminata me había secado el gañote y tenía más de muchasnoches sin salir de fanfarria y fanfarronería a lugar que no fuera el Timonel Bar.
¡Es un alivio poder emborracharse en un lugar en el que no tengas que servir de mesero!
Nesi y Ábez platicaban sobre algún tema cualquiera o quizá sobre la aventura de su noche anterior en Timonel cuando incitados por algún duendecillo o gusano comenzaron a entrar en un estado de perfecta lascivia que terminó con una notable y jocosa erección en los pantalones del mancebo y a una parvada de metaleros
(incluyendo a Nesi) mofándose de él por su contundente excitación.
Todo comenzó con la famosa dinámica Saboriana de cuestionamientos surrealistas que el buen Ábez respondí aunque su rostro se tiñera de todos los colores que pueda captar el ser humano.
¿Te has apareado con una gallina?
¿Te gusta el escote de Nesi?
¿Te has estimulado en un cyber café?
¿Le has dado una correcta estimulación a tu próstata?
¿Es cierto que le besaste el pene a tu mejor amigo?
¿Te gusta la pornografía?
¿Fornicarías con una niña de 5 años?
¿Te gustaría fornicar con Nesi?
¿Te gustaría un beso de ella?
Cuando el dijo que sí y Nesi respondió de igual manera ambos labios no tardaron en encontrarse en un beso tímido per con vísperas de un futuro no tan distante.
(Abucheos)
-¡No, no!
Hay que hacerlo bien.
Agarré la mano izquierda de Ábez y la puse en el seno de Nesi y la derecha sobre sus glúteos. La mano izquierda de Nesi fue a parar sobre la mejilla del mancebo y la otra sobre su cintura. Y tras instigarlos a que intentaran de nuevo, se dieron un beso más contundente con lenguas que vibraban cual colas de cascabel y emitían esos clásicos chasquidos que nacen entre dos labios que se besan y se van apasionando cada vez más.
(Glut, glut, glut, glut)
Se dieron una mirada lasciva, Ábez se sonrojó y de pronto algún otro duendecillo malvado gritó:
¡Miren, se ha puesto erecto!
Toda la cofradía de mega rudos Metaleros (que siempre van a la barra de bar y me dicen con voz aguardentosa entre blacker y heavy… “Algo de Metallica, no wey).
Comenzaron a señalarlo y a reírse estrepitosamente de la entrepierna de Ábez que ya se cubría con sus manos y con una cara hinchada por la pena.
Nesi sólo reía.
¿Se habrá puesto en la misma situación hormonal del mancebo?
Al final cerramos temprano y todos nos fuimos por nuestro lado. En una hora, la telepatía celular de Nesi comenzó a sonar. Estábamos en casa y comíamos algunos restos de comida y peleábamos con mi madre sobre sus comidas con moho.
(Bip, bip)
Era Ábez que al parecer había quedado un tanto nervioso de la entrepierna y comenzó con mensajes sugerentes ante la señorita que los leía con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡No le voy a contestar!
Ante esa negativa, yo me ofrecí, como buen caballero a responder esas malévolas palabras cargadas y recargadas de lujuria.
-¡Te va a reconocer!
-No me va a reconocer, ya verás.
Y comenzó un intercambio de mensajes repletos de lujuria hasta que el inexperto mancebo mandó un mensaje que podría considerarse como emo y carente de todo concepto. Tanto Nesi como Yo decidimos dejar de responderle por soberana injuria a la poética pornográfica y binaria.
¡Nunca supo que era yo!
Quizá ahora lo sabe si es que está leyendo estas líneas anacrónicas vertidas en la soledad de soledades.
A la mañana siguiente, marcó a casa muy emocionado y según (que casualidad) sólo quería saludarme y enviarme palabras afectivas y poéticas.
El hideputa jamás había marcado a casa por ningún motivo y yo respondía cariacontecido al teléfono tratando de adivinar sus verdaderas intenciones.
Según él, iba a hablarle a su Liz pero la muy malvada y traidora se había ido a un rancho a vivir la vida loca.
Sexo inseguro, enervantes, alcohol y rocanrol del que hacen ahora.
(Gulp)
Entonces había decidido marcarme a mí.
En realidad quería hablar con Nesi que estaba hospedada en casa pues había venido de tierras lejanas. Muy lejanas.
Comenzó a contarme todo y Nesi lo escuchaba y reía.
-¿Está ahí?
-No, Ábez, no está, yo estoy en mi recámara y ella en la suya.
Mentí.
Siguió contando sus aventuras de mensajes extravagantes.
Nesí rió fuerte.
-¿De verdad no está ahí?
-No, no está…
Volví a mentir aguantándome la risa.
Le dije que le extendiera una cordial invitación a la mansión beatnik-surrealista de Bambino.
Al parecer era una buena idea.
Le pasé el teléfono a Nesi y comenzaron a ponerse de acuerdo para salir por la noche.
Una vez más me encontraba entre Calistos y Melibeas.
¡Vaya Celestina!
¡Vaya Cyrano!
Toda esa cursilería espesa que tengo en alguna parte de mí ser y que por otro lado es rechazada la uso para ayudar a mis colegas con sus enamorados o enamoradas según sea el caso.
Los fulanos me veían raro por ir un poco lejano y callado…
Callado.
(Tiempo de recuerdos)
La noche era un enorme murmullo lejano. Las voces distantes se perdían en el movimiento rutinario, llantas que embarraban su cuerpo sobre el pavimento.
Rodaban de prisa como de prisa ruedan mis sentimientos, mis recuerdos.
“¿Por qué no hablas?”
Me dijo alguna vez Sónica. Eres un tipo demasiado inteligente pero demasiado inseguro, sino hablas no habrá creación ni recreación en tu entorno. La idea es pensamiento, es raíz que crece en la palabra misma que después se vuelve una obra.
No te quedes sólo en la raíz del pensamiento.
¿Por qué me acordé de eso mientras caminábamos?
Sería Cristal, el hijo de Sónica que me enseñaría algo tan peculiar que cada que trato de guardarme un comentario comienzo a delirar hasta que lo expreso.
Siempre he tenido ese toque Cyranesco, siempre escribiendo cartas, enamorando con lengua ajena y luego viendo el fruto de mi creación.
Una vez conocí a una chica que mientras bebía una Cerveza y fumaba un cigarrillo cubano me dijo:
“No podemos pasarnos toda la vida así. Mejor nos escribamos cartas sin volvernos a ver. Prefiero eso a escucharte sólo asentir o reírte y decir “Divertido”.
¡Qué divertido!
Al final tuve mi catarsis.
Pero…
¡Joder!
El Wings estaba cerrado. Una malévola lona decía en letras mayúsculas para ser precisos y claros con los borrachos dominicales:
DOMINGOS CERRADO.
Fuck me two times!
Ábez me decía telodije en un tonito grotesco y acusador, pero después de todo era la verdad, me lo había advertido.
Entonces recurrimos al plan que de una u otra manera ya estaba trazado. Ir a la casa de Bambino y llevar alguna sustancia embriagante para mitigar el calor y todas las penas que nacen del amor.
Tuvimos una larga caminata hasta la tienda más cercana en donde nos abastecimos con apenas unas cuantas cebadas.
Entre Ábez y yo pusimos el líquido dorado y Nesi compró la botana.
¡Todo estaba listo para comulgar con Baco un domingo fulano!
En nuestra romería pasamos por casa de uno de los fulanillos que estaban la noche anterior en el bar con nosotros y grité su nombre.
Abrió su cortina y nos observó, lo saludamos de lejos invitándolo a la tertulia, pero el caballero decidió cerrar su cortina y apagar la luz de su habitación.
Por un momento pensamos que se había alistado para irse con nosotros pero pronto descubrimos que simplemente nos había mandado al carajo y nosotros, perdedores, seguíamos esperándolo en la puerta de su casa.
Cuando descubrimos que habíamos sido ignorados comenzamos nuestro camino a la casa de Bambino que ya estaba a unas cuantas cuadras.
Al entrar sentí la energía bohemia del recinto, como si sus paredes me hablaran y sus ecos fueran la vocecilla que empieza a hablar en susurros a mi mente cuando deja de ser consciente.
Comenzó a manar el dorado líquido y el redoble de vasos y los cigarros descalabrados en un cenicero obscenamente repleto de colillas.
Como cada noche de tertulia comenzaron a surgir las ideas y los planes y toda esa parafernalia poética y adictiva que tanto nos gusta a todos los que asistimos por ahí quitándonos esos lazos de prejuicios e incomprensión de la sociedad en general.
Ahí no tenemos que desplumarnos ni ponernos una careta.
Brindamos y brindamos y de pronto de la nada hace una aparición mística o quizá algo cercano a un delirio cósmico.
Dreadlock hace acto de presencia con un escudero que le seguía con reverencia los pasos.
Muy callado, apenas y pronunciaba monosílabos o simplemente se reía de su entorno.
Muchos incluso tenían la teoría de que era un iluminado que sólo se dedicaba a dar testimonio de nuestras mundanas payasadas.
Dreadlock con todo ese júbilo saludó a todos con palabras mágicas y lanzando bendiciones a la mano que chocaba con reverencia a la suya.
Todos guardamos reverencias y ofrecimos bebida al gurú el cuál aceptó gustoso y con cara de satisfacción y benevolencia.
En cada trago se iban desprendiendo los alfileres del corazón y una especie de psicodelia nos invadía a todos.
Nesi se veía un tanto cohibida, aburrida o quizá los alfileres de su pecho aún no acababan de caer y estaba escribiendo un cuento en su celular.
La noche se iba transformando en madrugada y mi decisión ya estaba tomada no iría a trabajar el lunes, no podría iría con tal frenesí y psicodelia que quizá llegaría a la universidad a provocar una revolución o un acto nudista.
De pronto acaba la cerveza y me veo sumergido en la carroza mística de Dreadlock, su escudero y Bambino.
¿Cómo diablos aparecimos ahí?
¿A dónde íbamos?
La respuesta es sencilla, recorríamos la ciudad oscura para comprar más líquido embriagante.
Por decisión unánime compramos dos botellas de Tiburón, unos cuantos refrescos y una cajetilla de cigarrillos.
De pronto me encuentro nuevamente en la mansión de Bambino sirviéndome el preciado aguardiente y acompañándolo de no recuerdo que refresco.
Comenzamos a hablar de todo lo que se habla cuando se quiere corregir al mundo detrás de una botella con algunos grados de alcohol y una noche que parecen todas.
¡Qué fácil es desfacer los entuertos cuando se está borracho!
Los rostros se tornaban más brillantes y sacaban luces por los ojos cuando comenzaban a hablar de las filias y las fobias que se pueden tener en un mundo colonizado por la tecnología.
¡Bendito y maldito internet!
Recuerdo que estaba pensando en los que se pasan todo el día o toda la noche frente a la computadora.
¡Recordé que yo era uno de ellos!
¡Qué miedo!
¿Llegará el día en que olvidemos lo que es hablar frente a frente con otro humano?
¿Por qué diablos pensaba en eso?
Me dirigía al baño y me encontré a Ábez y a Nesi abrazados en un pequeño pasillo.
¿Cuánto tiempo me perdí?
Hice lo que debía hacer con la precisión que no debía y a salir m encuentro en una completa penumbra y sólo logro distinguir extraños tentáculos que se mueven en la oscuridad.
¡Por Satanás!
Era como imaginarse a una de las mascotas de Lovecraft.
Pronto me di cuenta que eran ese par de tórtolos en penumbras, yo me iba a largar cuando alguin me tomó del brazo y me dijeron:
“Necesitamos un abrazo”
Les di un abrazo y sentí garras que me succionaban al abismo de un cuarto.
Borracho pero aún conservaba un poco de fuerza y nadé y nadé hasta salir a la superficie lograr llegar a la sala donde se encontraban los demás.
¡Qué miedo!
Casi me quedo sumergido en esa penumbra y en ese amasijo de pensamientos concupiscentes que sentía a mi lado.
Tuve que tomar un buen trago de Tiburón para reponerme de tan tremendo susto.
Cuando me preguntaron sobre lo que pasaba ahí, no pude responder, sólo vieron mi cara pálida y asustada y comprendieron que era algo extravagante.
La música seguía y de pronto vi a Nesi y a Ábez sentados en un sillón, de alguna u otra forma ya habían aparecido por ahí. Recuerdo que Irán me mandaba mensajillos y Cindy había mandado saludos para todos los fulanos del recinto.
Para ese entonces era difícil recordar mantener la compostura y estaba sentado en el suelo escribiendo en mi celular cuando de pronto levanto la vista y veo a Dreadlock sin pantalones y caminando como un león por toda la sala. Con misticismo y elocuencia promulgaba la libertad de los cuerpos. Decía que la ropa no debería estorbar ningún pensamiento, ningún respiro, ningún fluido.
Contorneaba la cadera y nos miraba de reojo a todos incitándonos a hacer lo mismo. Varios se quitaron las playeras y por miedo a desentonar yo también.
El gurú no estaba conforme, levantaba las manos, fruncía la cara se veía molesto.
Nos incitaba al completo nudismo y hablaba con profundidad, con magia.
Yo me negaba a quitarme los pantalones fervorosamente y de pronto el se aproximó a mí con los brazos en la cintura y con un dedo acusador me señaló y me dijo:
“Hemos leído a Kerouac”
¡Esa frase fue mágica para mí!
Comitán blues…
Y me bajé los pantalones sin quitármelos.
El gurú apagó las luces.
Nesi ya estaba completamente desnuda.
En menos de lo que trataba de comprender la escena el gurú y Ábez ya estaban enganchados a ella.
A pesar de la penumbra podía ver la transformación de Dreadlock, estaba en un estado de nirvana y su cuerpo se transformaba en un costal de lujuria pagana.
¡Qué desorden!
Yo me puse a bailar una extraña canción mientras veía la escena en un estado profundo y retrospectivo.
¡Me había olvidado de subirme los pantalones!
¡Maldito sea el exhibicionismo!
Me los acomodé bien pero por la penumbra no encontraba mi playera ni mi chaleco ni el maldito vaso de tiburón.
¡Por suerte no lo encontré jamás!
Si hubiese tomado ese vaso seguro ahora estaría en coma.
Me agradaba la idea de estar presente ante tal happening pero la situación se tornaba aburrida. Dreadlock y
Ábez rebotaban sobre el cuerpo de la dama tratando de introducir sus lenguas por lugares profanos.
Bambino hizo aparición…
Había salido y al entrar a su sala se dio cuenta de la escena tan macabra y se asombró y comenzó a hacer un baile extraño, quizá chamánico y gritaba con énfasis y emoción:
“Marqués de Sade, Marqués de Sade”
¿Cómo olvidar esas noches pasadas hablando sobre las páginas y las historias del divino marqués?
Dreadlock se levantó con un aire místico y enervante.
“¡Este licor es delicioso!”
Su cuerpo temblaba como gelatina y sus cabellos se movían de un lado a otro cual tentáculo de Davy Jones.
Ábez decía lo mismo pero en un tono más mundano.
La pareja de sodomitas me invitaban a que probara de ese cuerpo Nesiano que sucumbía ante la lujuria cual ángel de Sodoma.
Pero yo preferí quedarme de espectador.
“Catador de musas, catador de musas, no nos puedes fallar”
¡No pararon de decir eso!
Y fue tanta su insistencia que la fulana se aburrió y paró todo el acto.
¡Agradecí a Satán que todo estuviera terminando!
Dreadlock gritó:
“¡Hay que polucionar”
Polucionó.
El triunvirato se dio un abrazo jurando reencontrarse muy pronto en la última mesa del bar esquina del olvido.
Sólo quedaban sabores, recuerdos y sudores.
El acto había terminado.
Todos se vistieron con reverencia.
Nesi se vistió a medias, alguien le había robado la ropa interior como trofeo de una noche en la cual salió perdiendo el sillón, la sala y cuerpo al otro día, liándose con la resaca.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
¿Quieres un cigarro? (De una charla espirituosa)
II
La madrugada en algún bar de Tuxtla Gutiérrez
-¿Quieres una bebida?
La invitación no me sonó descabellada.
-Me gustaría un whisky, un whisky sin soda.
Me sonrío y pidió la bebida con un estilo único.
Realmente tenía mucha gracia corporal, quizá era bailarina o algo referente al teatro. No podía saberlo con certeza y la única manera de hacerlo era lo obvio, preguntándole, pero en ese momento me estaba quedando corto de palabras.
Realmente estaba intimidado.
¿Qué diablos estaba haciendo en una mesa ajena aceptando un trago de una chica extraña?
-No te quedes callado chico. Mejor dime por qué has venido sin séquito.
-Bueno realmente, nadie acudió a mi llamado y realmente no insistí tanto porque tenía ganas extrañas de salir solo. Mi mente está un poco aturdida el día de hoy, quería despejarme lo suficiente para poder respirar de forma eficiente.
¿Y tú?
-Casi siempre viajo sola. He venido por un movimiento en pro a la homosexualidad y derivados.
Entonces se me ocurrió que era lesbiana, de esas a las que en el “ambiente” les llaman Lipstick
Eso explicaría el peculiar encanto en sus modales y su forma de expresarse.
Me remontó a una experiencia jocosa con una Butch que llegaba al departamento que compartíamos con
Espinaca y de cómo terminó noqueando a tres pobres fulanillos que se había burlado de su corte de cabello y de su tatuaje mal hecho en su pantorrilla. El triunvirato de perdedores durmieron toda la noche con restos de cocaína cayéndole de sus narices secas por la droga.
Y de pronto me pregunté… ¿De dónde diablos sacan esos nombres tan jocosos para denominar los grados de mariconada? ¿Por qué el ser humano trata de agrupar todo en conceptos creados bajo su propia semejanza?
-¿Por qué te quedas callado?
-Perdón, es que soy muy distraído y es fácil caer en el descuido de memorias y olvidos.
-Pensé que te había molestado lo de la cuestión gay.
-No para nada, de hecho por alguna u otra razón siempre he convivido con gays.
-¿Y eso?
-Amigos, amigas, novias, amigos de las novias…
-¿Novias?
-Bueno es que todas que tampoco han sido muchas tienen esa tendencia bisexual o al menos heteroflexible.
Una risa curiosa alumbró su rostro.
-Entonces eres lesbiana…
Tomé un poco de whisky que mi garganta ya pedía casi a gritos.
-No realmente.
-¿Sólo apoyas la causa?
-Mmmmm… noooooo.
Prendí otro cigarrillo y la veía sin saber qué decir ni qué preguntar.
-Digamos que soy una chica atrapada en el cuerpo de un hombre.
Me tardé un poco en asimilar que esa chica tan simpática y femenina era un sujeto.
-¿Transexual?
-Sí.
Sorbió su bebida observándome.
-Pensé que eras una chica Lipstick
-No.
Y tú eres Buga.
-Esa palabra me desagrada, los géneros y los subgéneros sociales me causan conflictos.
-O.K.
Me presento, mi nombre es Nereida, soy una chica que nació atrapada en un cuerpo de varón.
-¡Salud!
Bebimos y fumamos mientras The Who resonaba en todo el recinto.
I was born with a plastic spoon in my mouth
The north side of my town faced east, and the east was facing south
And now you dare to look me in the eye
Those crocodile tears are what you cry
It's a genuine problem, you won't try
To work it out at all you just pass it by, pass it by.
La charla se bifurcó en mil temas relacionados con el arte, con los pasatiempos y principalmente con las parejas. Me contó que ella siempre había tenido problemas para relacionarse con alguien.
Conocía mil colchones pero ninguna caricia sincera.
Fue en el tema de parejas en donde ella floreció en palabras, entre Cosmopolitan, Lucky Strikes y una contundente manera de hablar me iba convenciendo cada vez más que en el arte de amar no era más que un pequeño que jugaba a beberse al mar.
La filosofía que me dio, es tan basta e increíble que no he podido reproducirla por acá, la teoría de la interacción entre palabras y acciones, la teoría sobre las sospechas, posesiones, celos y demás cuestiones de amor demostraban a una mujer con una sapiencia y espiritualidad muy elevada y forrada con su ropa Vuitton de Posh Spice
Le conté algunos asuntos que me preocupaban sobre mí relación y me dio la vuelta de tal manera que por un momento quise suponer que el amor es mejor cuando se vive alejado del barullo impropio del ego personal y la participación impersonal de las malas compañías.
¿A caso las malas compañías no son las mejores?
Quizá lo eran en tiempos de mi querido Sabina.
-Saqué mi celular y cigarrillo en mano envié un mensaje a Cindy con bríos renovados, no insistiría más en mensajes lúdicos que afectaran su personalidad.
No recibí respuesta pero no importaba ya.
¿Cómo es que un alma tan solitaria habla con tanta prosapia sobre las relaciones humanas?
¿Cómo es que alguien con esa filosofía tan necesaria para el amor duerme sin compañía?
Mientras hablaba el rímel se le corría y dejaba caminos negruzcos sobre sus hermosas mejillas.
Nereida es diseñadora de modas, fotógrafa para una revista muy famosa y propietaria de un despacho de diseño de imagen y coautora de un libro de poemas escritos por prostitutas de la frontera norte.
¡Es hermosa!
Pero lleva entre sus piernas el estigma de su propia naturaleza.
Prendió un cigarrillo y lo caló con soberbia.
-El problema es darle un uso erróneo a las palabras…
Denigrarlas, malograrlas, engañarlas, callarlas, desgastarlas.
Comencé sin saber por qué a relatarle una historia extraña y peculiar, en el cuál las palabras son juez y parte de suspiros y lágrimas.
Quizá es que estoy muy acostumbrado a la polémica y no encontrar nunca contradicción me reverbera en los huesos.
Poco a poco comprendo las palabras de Merlina que me regaló una noche de abril sentados en el parque y que ya me había recalcado antes en algunas de sus numerosas cartas.
Me dijo algo sobre mí, que ya sabía pero que no quería reconocer y que ahora veo tan claro como el reflejo de un espejo.
El camino del crecimiento personal va inmerso en eso…
Reflejos.
Se me vino a la mente la historia del aquel espejo humeante que le hizo ver los defectos al gran Quetzalcoatl y este huyó de sí mismo, aterrado al verse humanizado.
¡Qué tétrico!
¡Qué asimétrico!
Vi los ojos de Nereida y me perdí en ellos, hablaba con tal seguridad sobre temas tan fulanos pero que encajaban por completo en lo que podría llamar mi momento de verdad.
Mi be here now.
El whisky me acariciaba el cuerpo y se escurría por mis piernas que hormigueaban y sucumbían a su aliento.
Nereida seguía llorando.
Habrían pasado varios minutos, quizá un par de horas.
Le tomé la mano y le di un beso.
-Estás borracha.
Le ayudé a levantarse y a bajarle el vestido que se había levantado más de la cuenta, tomé su bolsa y salimos a la calle.
Era increíble pues a pesar de no poderse mantener en pie caminaba con toda gracia.
“Perder el estilo con estilo”.
Hacía de su estado etílico el mejor de los histrionismos.
Me dirigí al bulevar a buscar un taxi. Ella me dijo al oído que se hospedaba en el Camino Real.
-Acompáñame…
Me dijo mientras se acomodaba los cabellos sobre sus orejas.
Le tomé las mejillas y le dije:
-No puedo, porque ya va a salir el sol y se me derriten las ideas.
Ser rió expresivamente.
Sacó de su bolsa algo que parecía un pañuelo y me lo puso en la mano.
-Cuídate y cuida a Deliciosa (asi le dije que se llamaba mi novia).
Me dio un beso en la frente y se subió al taxi.
El taxista tenía una cara de extrema lascivia si supiera que esa bella y encantadora dama tenía entre la entrepierna lo mismo que tenía él y que en ese momento seguramente ya se le abultaba.
El taxi se fue en la dirección correcta, su hotel no estaba tan lejos y ella sabría defenderse bien de los piropos mancebos del caballero ruletero.
Vi el paño que me dio y no era un pañuelo. Era una pequeña tanga blanca que tenía escrito en labial:
“Gracias por no haberme tenido miedo”
Y más abajo y en pequeño.
“Es parte de mis diseños, no te asustes, es nueva”
Seguramente lo había escrito en alguna visita al baño.
Su prenda olía a perfume.
De pronto recordé que había olvidado pediré un último cigarro.
¡Me lleva el diablo!
Caminé de vuelta a mi hotel, huyendo del sol que estaba tan sólo a unos pasos de mis pasos.
domingo, 17 de mayo de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
I
La madrugada en algún bar de Tuxtla Gutiérrez
Sofocante y húmedo, inmerso entre tanto barullo y cuerpos que se escurrían entre sus parejas haciendo del baile una lenta extensión de la lucha de cama, buscaba entre la marea de cuerpos casi desnudos y bañados en sudor alguien que pudiera compartir conmigo un cigarrillo.
Por más que buscaba no veía a alguien con una cajetilla sobre la mesa.
El calor me tenía un poco aturdido.
Una chica se subía la minifalda negra y entregaba su cuerpo de vampira a su compañero que le moldeaba las caderas y las piernas y sumergía su rostro en la marea capilar de un rojo satinado y lustroso.
A mi lado reposaban un par de damas que se besaban con la pasión que sólo las mujeres enamoradas saben retocar sin make up a la perfección.
Una era trigueña con unos rizos pajizos que le bañaban los hombros desnudos. Vestía de blanco y no tenía pudor en mostrar su cuerpo bajo la transparencia de su manta ebria en transpiración de dama.
Tomaba el whisky cual el mejor de los rudos.
La otra estaba vestida de riguroso negro, con botas que le cubrían hasta las rodillas y un extraño tatuaje en el brazo izquierdo. Llevaba el largo cabello negroazulado suelto como un velo que le cubría lo que no alcanzaba a ocultar su vestido.
En el tiempo que estuve en la búsqueda de nicotina, las meninas mandaron a volar a más de 10 mancebos de ánimo varonil y palpitante.
¡Impresionante!
La telepatía celular hizo su algarabía telepática y lo revisé pensando que sería Cindy respondiendo a mi pregunta macabra sobre una sesión de palabras lúdicas que estimularan nuestra imaginación a distancia.
No era.
En realidad se trataba de la señorita Irán que decía que lloraba y lloraba por ver películas de esas que aflojaban el alma.
Compañera de soledad compartida…
Le respondí haciéndole ver que pese a su estado de nostalgia uno podía en peores estados de desolación.
¡Y vaya que no me rindo tan fácil al drama!
Un caballero a mi lado sacó de las pastillas del peace and love y se las pasó de un beso a su dama.
Aún recuerdo las tertulias en casa con Espinaca, cuando hacían un círculo sobre la sala desnuda y se pasaban
la pastilla de lengua en lengua, chico y chica, chico y chico, chica y chica… hasta que todos tenían la lengua azulada y la sonrisa pintada.
El soundtrack de esas noches interminable eran discos de Astrix, Skazi, Sesto Sento y más y más.
Era tan divertido que siempre me sentía como en una sucursal del Frisco 65 en Tuxtla dos mil y no me acuerdo.
Una noche encontré en mi cuarto a un par de mundanas blandiendo sus cuerpos sobre un pobre fulano que ya parecía desmayado.
Con un conpermiso entré a buscar mis zapatos y salí sólo para encontrarme escenas aún más psicodélicas.
Y yo, bendita sea mi carrera… haciendo tarea.
Pero antes de que me salga más del tema, retomemos mi problema en medio de la pandemia de lascivia y ausencia de nicotina.
Le había dicho cuán perdedor estaba esa noche a la compañera de soledad doña Irán y ella en compensación me regaló un poema muy divertido y creativo.
Y yo esperando la respuesta de Cindy y teniendo la callada por respuesta se me vino una letra del maestro
Krahe a la cual adecué a mi situación de fantoche…
“Y yo que fui a rondarle la otra noche a Cindy
la bella, la tortolilla
había ido a escribir con otro por ahí
y yo con mi mensaje lascivo
como un gilipollas, madre
y yo con mi mensaje lascivo
como un gilipo po po po po pollaaaas…”
Un chico me preguntó al oído que si era de “ambiente” y le dije que no, que ya había dejado ese vicio junto con el de joderme a los niños en el cementerio. Mi respuesta un tanto sarcástica hizo que recordara que debía ir a molestar a mi madre que dormía como santa en el cuarto de hotel.
La amable mesera que me había proporcionado una cerveza a la entrada se me aproximó y me preguntó si quería algo más.
-¿Tienes un cigarro?
-Nooooooooo, voy a buscarte uno.
-Por lo pronto otra cerveza.
La pelirroja un par de minutos después me llevó el líquido pero no el tabaco.
¡Infame!
Al menos me invitó la cerveza y una estampilla chistosa de calaveras.
Pusieron una canción de MGMT y los moradores de la bohemia gritaron y se pusieron a bailar con ímpetu.
¡No sabía que tuvieran tantos adeptos!
Una graciosa lluvia de condones cayó sobre nosotros.
Seguro que mucho de por ahí hicieron un uso pertinente de ellos saliendo del bar o incluso, en él.
El calor me debilitaba por más tragos fríos de cerveza que me tomaba.
Lizbeth me mandó un mensaje telepáticocelular para recordarme lo cerdo que era y que para decirme que mi mentirosa calavera debería plañir por toda una eternidad incrustada en las gónadas de Satanás.
Qué bonito… pero ¿y el cigarrillo?
Una fulanilla se aproximó para preguntarme si me conocía…
¡¿Cómo diablos iba a saber si me conocía?!
Le dije que tal vez me había visto en algún comercial de los más buscados por la CIA.
Nuevamente mis respuestas mamarrachas alejaron a la inoportuna compañía, la fulanilla llevó sus amplias carnes a las chicas que se besaban a mi lado y también ellas la mandaron al carajo.
Quizá era una iniciada y su pregunta trascendía más allá de nuestros límites humanos.
“¿Te conozco?”
God save the queen!!!
Ni María Sabina y su familia de setas.
Por los altavoces sonaba Money for nothing de Dire Straits y mi vejiga debía expulsar todo el líquido que mi garganta había deglutido con rabia.
En el baño se escuchaban uno sonidos extraños con voces de fulanos. Supuse que un par de caballeros hacían libre uso de sus pocos agujeros.
El calor me desesperaba más y estaba cansado, afortunadamente encontré una mesa aún con restos de bebidas pero vacía. Sin pensarlo fui a acomodarme en ella recargándome cómodamente sobre la silla.
Comencé a escribir un mensaje de texto cuando una mano se posó sobre mi hombro y al voltear la cabeza veo frente a mí a una chica de cabellos lacios y negros, ojos turquesa, pálida como la nieve y vestida a lo Posh Spice.
Con una voz misteriosa me dijo:
-Hola
-Hola
-Esta mesa está ocupada
-Perdón, pensé que ya estaba libre.
Me estaba levantando con la cara llena de filigrana rojiza cuando sonriente se sentó y me dijo:
-No hay problema, ¿vienes con amigos, amigas, la novia?
-Mis amigos, cuidan a sus hijos, mis amigas se cuidan de no tenerlos y la novia está un poco lejos.
-Vienes solo…
-Ni tan solo, traigo esto...
Le enseñé el celular.
Rió.
-Es una gran ayuda esa cosita, te saca de muchos apuros.
-Seguro.
Ya estaba parado, le pedí una disculpa y le dije que ya me iba.
-No, espérate. A mí me dejaron sola, siéntate, acompáñame diez minutos en lo que termino mi Cosmo…
Ahí caí en cuenta que no fui perspicaz al fijarme en la mesa.
¿Quieres un cigarrillo?
De su bolsa Vuitton sacó una cajetilla cuasi llena de cigarrillos.
-¡Siempre!
Sacó uno para ella y uno para mí.
La noche con nicotina comenzaba a ser más noche buena que la noche buena.
(Continua parte II)
miércoles, 4 de marzo de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Esta noche extraño el sabor del beso que fabrican tus labios.
Esta noche guardo en mis ojos el color de tu mirada.
Dulce suspiro de silencios y miradas enamoradas.
¿Cuánto tiempo llevo sin el calor de tu hospicio?
Pinto, escribo, fumo, maldigo y tus pies me siguen dando frío.
Mis manos buscan bajo la sábana y no encuentran piel amotinada.
Recuerdo tu cuerpo florecer para recibir al mío en vísperas de una mañana
(completamente congelada)
Esta noche no estás a mi lado ni de mi lado.
Ojalá fueras tú la que viste mi cuerpo con la piel
que suda suspiros en tus huesos.
lunes, 2 de marzo de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie

En donde los caniches pastan descalzos (La eterna mariposa que me cuida de las arañas)
Una cajita roja acompaña las palabras sucias de eco en piedras pálidas y sombras extrañas.
Viento.
El mismo viento que anteayer bailaba con cada uno de tus negros cabellos bajo la piel de luna en una plaza comercial donde no existe el tiempo.
La cajita roja guarda tu piel muerta que es mi alimento.
(Prometí comerme las cicatrices de tu cuerpo)
Recuerdo el momento en que llegué a Atizapán leyendo tus palabras telepáticas invitándome a tus bosques, a tu lago, a tu encuentro.
Quiero volver a ver esos ojos desnudos y no tener tanto miedo.
¿Qué es eso que se siente cuando creo que te veo?
¿Será…?
Te hice caminar bajo el sol…
Te traje parte de mi sangre en una botella de cristal, un poco de café y chocolate que guardan las huellas de tus colmillos de dama.
¿Cuándo puedo darte tus obsequios?
Quisiera acudir al otro encuentro pero tengo miedo.
¿Qué es eso que se siente cuando creo que te siento?
¿Será…?
Me voy a comer y después a refugiarme en la retórica de Baquente.
Vaquillas esta fría viendo morir al viejo noviembre de 2008.
Tengo las manos frías como siempre.
domingo, 22 de febrero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie

Comitán
Ciudad de las flores…
En casa de Alucarda siempre hay una película muy recomendada, un libro a medio abrir, un pedazo de hoja tatuada a la mitad con jeroglíficos extraños y retazos de eso que llama “Acuerdos de poética consensuada” que consiste en una especie de cadáver exquisito (o exquisitísimo como diría ella) aunado con un poco de consonantes revueltas con historias de sexo heteroflexible.
Cierto día de cine gore en 5.1 canales y papas adobadas de peculiar jalapeño ultrapicante fusionado con salsa inglesa y limón, Alucarda en medio de la función se levantó y tomó su cámara fotográfica y comenzó a buscar un encuadre entre sus rodillas y sus pies dejando a los descarnados y malditos muertos vivientes (no quería decir Zombies) brillando frente a mis ojos miopes y torpes.
Yo la veía de rojo creyendo que la había poseído Pazuzu o el mismísimo Satanás.
(¡!)
A decir verdad estoy acostumbrado a sus ataques de peculiar extravagancia, pero esa tarde sólo buscaba relajarme.
Ciniel había desaparecido virtualmente y Alucarda no me ayudaba a tranquilizarme. Se la pasaba extrayéndome las imágenes más perversas y paranoicas que mi cabeza cadavérica podía formular.
Usa un estilo horrible de emplear las palabras asustando a los profanos.
¡Lo juro!
Ojos desorbitados, labios de loca, manos bailarinas…
Tomó su cámara y se puso a fotografiar una esquina de su techo donde estaba una mariposa negra enorme.
“¿Cómo podríamos crear fotopoesía?”
Estaba parada frente a mí con su vestido blanco con olor a sándalo.
(Mis ojos fueron de sus ojos al televisor)
“Tú eres poeta eres ser que crea, creas poesía todo lo que hagas con la conciencia de creación será la mitosis de tu obra poética.
Si buscas fotografía, buscas poesía…
busca un espejo”
(El discurso que acababa de darle con cara de beatnik intelectualoide me había hecho sentir mejor, al menos a pesar de mi tristeza y paranoia podía pensar fluidamente… o eso creí en ese momento).
Alucarda se limitó a sonreir y se quitó sus botas piratitas (porque parecen de corsario no porque sean hechas con piel sintética) y se fue al espejo que tiene a lado de su repisa de ropa psicodélica y se tomó una foto que imprimió muchas veces en su vieja HP.
La película estaba por terminar y después de pegar su retrato tapando la luz que entraba por sus dos ventanas se sentó a mi lado y me mostró su pulsera de tobillos hecha de pequeñas calaveritas.
“Algún día esta baratija valdrá millones, por el hecho de haber estado en mi pie”
“Algún día será Objetopoesía”
(Lo que yo quería era ver en qué terminaba la película)
You keep saying you've got something for me.
something you call love, but confess.
(Comenzó a cantar mientras se ponía sus botitas piratitas)
These boots are made for walking, and that's just what they'll do
one of these days these boots are gonna walk all over yoooooooooouuuuuuuuuuuuuuuuuuu…
Apagó todas sus chunches electrónicas, prendió sus millones de incienso y me sacó casi arrastrando.
“¡Vamos, Saborío, necesito un café!”
No hubo tal, sólo una botella de vino, media cajetilla de sus cigarros denena (como ella les dice) y un libro viejo de Nicanor Parra.
¿Hay futuro después de desperdiciar los pulmones y gastar el hígado en una noche sin sueño con el único fin de terminar una poesía?
Lo hay…
“I´m a king bee”
Alucarda sonreía como histérica…
había tirado su copa de vino tinto sobre su vestido blanco.
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Día frío de diciembre.
Amanece una vez más
busco en mi bipbip letras…
sólo encuentro ausencias.
Ausencia durmió conmigo…
¡Madrugada acompañada!
sino fue por ella (la olvidada) fue contigo
mi eterna enamorada.
¿A dónde van tus letras cuando
no invaden mis tiempos, mis papeles y
pantallas?
Desde poco antes de estar en este Jardín
me conformo con leerte en pretérito
en archivos viejos de segundos muy lejos,
de momentos pretéritos.
Estés donde estés, te seguiré (tan sólo) imaginando.
viernes, 20 de febrero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
A veces no entiendo…
¿Es que la distancia que tengo entre mi desconcierto y el tuyo es tan grande como el valor del infinito en el tiempo?
De momento parece que todo es incorrecto, de momento no te encuentro o te siento muchos centímetros debajo de mis sueños.
¿A dónde vas cuando no estás conmigo?
¿A quién le fías las maravillas que a mí sólo me sugieres en risas y consonantes?
Quizá después de todo el reloj no camina con el mismo tiento entre tus pies y mis garras.
(Suspiro de interrogantes)
Entre tu Lunes y el mío, hay muchos años de impertinente diferencia.
Sin nombrar la indiferencia…
¿Cómo puedo edificarte un monumento en mi pecho con tanto silencio?
¿Cómo puedo conformarme con tus tres líneas repetidas cuando antes te leía en mil versos?
Antes…
A veces no entiendo por qué el ANTES siempre es el mejor momento.
domingo, 8 de febrero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
“No quiero soñar mil veces las mismas cosas…”
En cuestiones de faldas, besos y corazón siempre me ha tocado ser el peor espectador, he tenido los segundos más atentos ante los ojos de las viudas que me han regalado sus peores tormentos.
Cada una de las damas que han caminado a mi lado me ha dejado anonadado por una, dos o mil razones.
Pintoras, bailarinas, científicas, cantantes, fotógrafas, pedagogas, diseñadoras entre otras aún peores.
No han sido muchas…
Pero en cada una de ellas ocurre una similitud peculiar de la cual no me había percatado hasta que una noche borracha en Comitán, Tania me hizo ver la familiaridad en el asunto.
En cada relación se repiten elementos de forma constante:
1.- Amigos íntimos de la dama en cuestión que terminan odiándome a muerte por el mero hecho de quitarles a su amiga.
(¿Amiga?)
Generalmente mis compañeras Saborianas han decidió abandonar la compañía femenina por lo cual el 98% de sus amistades son caballeros de los cuales el 70% están enamorados en secretonotansecreto de ellas un 18% de ex novios que aún tienen contacto con ellas y las acosan brutalmente para volver.
Queda un 10% de amigos desinteresados y que para variar son virtuales y me quieren conocer.
(…)
El 2% de sus amistades femeninas son muy amenas conmigo pero están en cuenta regresiva esperando el momento en que la chica les presente al siguiente galán puesto que:
2.- Otra característica peculiar es que mis viudas han sido de “ojitos muy alegres” y la coquetería extrema les ha hecho tener un paquete variopinto de galanes.
(Ellas conocen todo su historial sexosatánico)
3.- Amigos gays que me odian o me ofrecen descaradamente sus cuerpos sudorosos y concupiscentes.
4.- Mis viudas son depresivas, decadentistas, cuasi emos y bipolares.
(Una que otra tiene la filia de cortarse el cuerpo o ingerir aspirinas en cantidades obscenas)
5.- Son escritoras nóveles.
6.- Tienen problema con su padre y una relación muy fuerte con su madre.
8.- Sufren problemas nerviosos similares a los míos.
9.- La celotipia es su bandera favorita.
10.- Odian a Male.
(porque se sienten menos)
11.- Me han dicho que no les gusta bailar en lo más mínimo y a final de cuentas resultan ser grandes bailarinas que van desde la marimba al psycho.
(La bailarina de salsa si me lo dijo desde el principio y de igual forma yo le dije que no bailo ni un carajo.
Creyó que bromeaba)
12.-Son solitarias.
13.- Se excitan con los chicos malos y/o músicos.
14.- Tienen alta tolerancia a lo grotesco.
15.- Ellas dicen ser el caballero de la relación
16.- Algo ninfómanas
Mientras recuerdo algunas similitudes recordaré algunos happenings extravagantes:
Fulana A tirada en el suelo convulsionándome con un supuesto ataque cardiaco pidiéndome que le introdujera sus pastillas a unos costados de la lengua.
Estábamos en una fiesta en mi departamento y se puso histérica enfrente de todos, al final comenzó con sus ataques jurando por su Dios que se moría.
Fulana B me quita a la fuerza el celular y con una pirueta envidiable se esconde bajó su cama para poder husmear en paz.
(No encontró nada)
Fulana C corre tras de mí (sí, literalmente corriendo) vociferando maldiciones mientras yo trato de escapar agarrándome el sombrero cual Indiana Jones comiteco.
(Me atrapó frente a la estación de autobuses Cuxtepeques)
Una noche llevé a fulana D al departamento que compartía con mis colegas y estaba de visita la tía Silvia (quién tiene mi edad) y al verla la saludé muy afectuosamente. Fulana D en la habitación me aventó un libro y me dijo:
“¡Eres un desgraciado, nada más me traes a tu casa para restregarme a tus viejas!”
Y yo le dije:
“¡¡Es mi tía!!”
Ella dijo:
“¡Asi les dices a todas, ya me voy a mi casa!”
Eran las once de la noche y ya no había transporte para que se fuera pues vivía en un pueblo a 32 km de Tuxtla.
(No se fue.)
Fulana E rompió las fotografías en donde salía una amiga que le caía mal pues pensaba que teníamos algún romance lo cual era falso pues era novia de un amigo mío.
(Esas fotos eran parte de mi calificación del taller de fotografía)
Fulana F tirada en la colchoneta con un vestido de novia y maquillada como muerta haciendo un monólogo del día de nuestra boda.
Hay todo un mundo de performances psicodélicos para compartir.
Nota:
El orden de las fulanas no altera el producto.
¿Por qué que siempre caigo en la misma trampa?
A final de cuentas el amor más puro y desinteresado me lo dan aquellas con las que no comparto lo que quisiera por estar perdiendo el tiempo con quien no debiera.
Siempre con la esperanza de algo mejor que al final termina peor que la vez anterior.
miércoles, 14 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Vaquillas 8…
Baquente había solicitado mi ayuda para una misión completamente imposible, monstruosa, aberrante e incomprensible.
¡Arreglar uno de los cuartos de su departamento!
Esa habitación ahora es una bodega enorme de libros de Herman Hesse y Mario Benedetti, formularios, manuales de capacitación de su empresa de medicamentos extraños, cajas y cajas con artilugios de lo más extraños y anormales, una pila de biblias, libros de primeros auxilios y vademecums, películas piratísimas, juguetes rotos de Cami, dulces derretidos, pilas descompuestas, lámparas rotas, colecciones de discos, toneladas de ropa sucia, zapatos, bolsas, corbatas y bufandas Louis Vouitton, un sombrero folclórico que según Baquente es el mismo que usa Bunbury, una calavera de toro, un reproductor de discos compactos ultra descompuesto, una litera repleta de cajas y una cantidad inconmensurable de polvo y ácaros radioactivos.
Sino mal recuerdo la última vez que había estado en esa habitación era con Male (Creo que fue entre febrero y abril del año extinto) que estaba huyendo del aletazo tiburonesco que había atacado al buen Baquente tras una noche de cerveza, vino y Tiburón.
Al parecer la mezcla había atacado su cordura a tal grado que parecía que caminaba y se derretía.
Apenas se le veían los ojos y su nariz titilaba con una luz rojiza y enfermiza.
¡Graciosísimo!
Era como ver a un muerto saliendo de su tumba intentando hablar y expeliendo los tufos más extravagantes del mismísimo infierno y los brazos levantados cual hijo de Mary Shelley. Un verdadero autómata cetáceo de lo más jocoso.
Male se asustó un poco. Creo que no le pareció graciosa la idea de ser ultrajada al más puro estilo Baquente Garcés.
Béla Lugosi hubiese querido ese look demacrado, ojeroso, seboso y espantoso para interpretar al buen Drácula.
¡Yo moría de risa! Y me preguntaba el por qué no tengo amigos normales.
Baquente trataba de atrapar a Male y Male se escondía detrás de mí, la escena era como de cine mudo de terror y yo no podía parar de reír
Lo imaginaba todo en blanco y negro.
Después de un buen rato asi, le dije a Male que se metiera a la habitación de la litera y ahí nos metimos para tratar de dormir y reposar un poco la alcoholemia. Cerramos y colocamos el seguro para evitar los ataques infrahumanos de Baquente el muerto viviente pero no sirvió de nada.
¡Baquente estaba poseído por el mismísimo hijo de Sam!
Comenzó a golpear desenfrenadamente el picaporte queriendo entrar. Al percatarse que la puerta tenía seguro de su finísima cartera Vouitton (sí, nuevamente la maldita marca) sacó una tarjeta de teléfono para tratar de introducirla en la ranura y abrir la puerta.
¡Clack, clack!
A ese punto yo no sabía si su intención era ultrajarnos a los dos y devorarse nuestros sesos o simplemente matarnos para su deleite necrofílico.
Después pensé que a quien realmente quería ultrajar era a Male y eso me tranquilizó un poco, al menos mi integridad y virginidad seguirían santas e intactas como siempre.
¡Clack, clack!
Sus intentos de entrar eran desesperados y cada vez me convencía más de que estaba en una parodia extraña de película de terror.
A Male no le parecía tan graciosa la situación, es comprensible pues estaba tras ella un
Frankenstein made in el DF sucursal Atizapán infectado de alcohol.
(Que tampoco fue mucho, pero el hígado de Baquente ya está muy maltrecho y no aguanta nada.
Jura que pronto estaré en la misma situación y que podrá mofarse de lo lindo).
¡Claaaaaack, claaaaaaaaaaaaaaaaaack!
Seguía intentando desesperadamente abrir la puerta y Male con furia abrió la puerta y no sé qué tantas maldiciones le lanzó al pobre Baquente que éste sólo se quedó dando vueltas sobre su propio eje y cobró un poco de su color verdadero y se esfumó a dormir a su habitación.
Ese fue el fin del ataque satánico de un Baquente alcoholizado.
Esa clase de escenas ya no me parecen tan desquiciadas, pues desde que Male se volvió compañera de juergas he visto como la pretenden borrachos, maras, mecánicos de feria, darks y señores gordolujuriosos seudonarcos. Lo único bueno del asunto es que sus ligues malandrines siempre le proveen alcohol que luego comparte conmigo. Recuerdo cierta ocasión en la feria de
Comitán en la cual ya no había más dinero y ella había ido a despedirse de no sé quién y en el camino se topó con un par de maras quinceañeros que empezaron a filtrear con ella y velozmente ya tenía un vaso enorme de michelada.
¡Esa es la actitud!
Lo más gracioso es que media hora después vimos a su ligue centroamericano ser llevado de la cosecha capilar con sumo cariño y hospitalidad por un triunvirato de policías mega rudos y gandallas que lo habían agarrado haciendo salvajes disturbios.
Un día terminarán dándome de balazos por la malvada MalevoloCidad.
Vaquillas 8…
Baquente me había dado un cubrebocas con la seria convicción de que con el tiempo se lo iba agradecer.
Y asi fue…
La cantidad de polvo era extremadamente radioactiva, mis ojos se hincharon y se escurrían por mis mejillas, las manos me picaban y la nariz comenzaba a fluir cual tubería descompuesta.
Soy un tanto alérgico al polvo en exceso poético.
Patético.
Baquente comenzó a remover algunas cosas y yo las apilaba afuera para posteriormente acomodarlas de manera cristiana y decente.
Afortunadamente en sus terruños no hay tantas arañas como en los míos.
“El Everest” de ropa sucia era realmente impresionante, era difícil llegar a ver la cumbre.
“Vete por unas bolsas negras y unas cervezas” (voz preocupada y desesperada)
Acepté.
En el camino iba imaginando la magnitud de la fiesta Baquenciana pues ese era el motivo efervescente por el cual había decidido limpiar su departamento. El prometía un promedio de 30 personas con una mayor cantidad de faldas y minifaldas con actitud extremadamente concupiscente. Me hablaba de su fiesta como si fuera a llevarme a algún sórdido lupanar de
Sodoma repleto de mujeres con el único propósito de complacernos en las exigencias más extravagantes y sodomitas.
La cita era para el viernes y siendo jueves a medio día el departamento aún lucía apocalíptico.
Noches anteriores Baquente se la pasaba haciendo llamadas e invitando a sus amigas para que llegaran a su bacanal y me incitaba para que hiciera lo mismo. Era tan optimista que pensaba que invitara a quien invitara llegaría a la velocidad de la luz a embriagarse y a ceder sus atributos carnales al mejor postor o al menos peor y perdedor de todos.
¡Ja!
Lo cierto es que yo estaba estimulado con la fiesta, mi mente volaba demasiado alto y me imaginaba asfixiándome en una masa informe de extremidades femeninas lujuriosas sintiendo las perversiones más horrendas de un pobre ser humano.
“¡Hay que conseguir sustancia!”
La voz del coleguilla sonaba un tanto profética y desesperada. Se perdía en sus propios pensamientos pensando en la persona indicada que pudiera favorecerle un poco de esa sustancia mágica que tanto anhelaba para relajar el esfínter y sonreír y sonreír como loco.
Estábamos ordenando toda la ropa sucia, en una bolsa negra y gigantesca poníamos la de
Baquente y en otra la de la señora M.
También degustábamos una fría cerveza Indio litro doscientos.
De pronto Baquente comenzó a contorsionarse de forma extraña cuasi poltergeist satánico.
“Mira Saborío, para el viernes tienes que traer puesto esto, va a ser tu amuleto…”
Me dio uno de esos chinos de madera que son de colores y tienen diversas propiedades.
Este en particular era negro.
“¡Mira también hay uno rojo!”
El rojo lo colgué del picaporte (el mismo que meses atrás el buen coleguilla había tratado de profanar) acá servirá mejor.
“Por si el amor”
“Sí (dije) por si el amor”
Dicha frase significaba caer en las redes carnalapareantes.
Es por eso que la habitación sería el recinto perfecto y cómodo para liberar todas esas pasiones orgiásticas.
Por si algún par de dos se animaban a intimar más allá del cariño sobre la ropa y las caricias cantadas.
Por si el amor.
Es por eso que ese chino jocoso quedaba de maravilla en la entrada de la puerta.
Sería la señal…
Si el chino no estaba en la puerta el cuarto estaba libre y si estaba colgado era la señal para liberar las bajas pasiones carnales.
¡Se planeaba una fiesta románica y romántica!
Baquente había guardado la botella de Tiburón para esa ocasión en especial y pensaba comprar toneladas de alcohol adulterado y hielos con éter para poner el ambiente más psicodélico.
Al puro estilo de la época más punk de José José.
De su habitación salió la señora M. en pijama y con un extraño, sucio y desarrapado gorro navideño que cubría el desmesurado desorden de sus cabellos y arrastrando los pies se fue hacia la cocina a preparar un poco de leche para Cami y de paso nos preparó un poco de palomitas de maíz para no desfallecer en la ardua tarea de limpieza.
“Híjole, les falta un buen…” (Mucho sarcasmo).
Nos dejó las palomitas y volvió a encerrarse en su habitación.
De algunas cajas Baquente muy sonriente y emocionado sacaba algunos juguetes que le recordaban a su infancia desde malévolos caza fortunas del reino Star Wars hasta Beetlejuice con la cabeza reducida. Me enseñó también un SEGA portátil que de portátil sólo tenía el nombre.
Por si fuera poco me enseñó una adaptador para usarlo como televisor.
Me enseñó cosas demasiado surrealistas para una habitación cuasi ordinaria. Era un palacio geek de proporciones míticas.
Pasamos ahí gran parte de la mañana hasta que nos dieron las 4 de la tarde, Baquente se mostraba desesperado.
“Es hora de comer, Saborío”.
Nos terminamos velozmente el poco de cerveza que nos quedaba.
“Luego venimos a terminar el resto”.
Nos enderezamos como pudimos y nos quitamos los ácaros adheridos en nuestras ropas mamarrachas de juniors consentidos.
Nos fuimos a comer a la casa de su mamá que lleva el nombre de aquella famosa canción de Van
Morrison… Gloria.
¡Comimos los famosísimos nopales ultra enchilados con chorizo!
La primera vez que los probé juro que sentí que me desmayaría. En Comitán era un mequetrefe consentido hasta más no poder y apenas y comía un poco de picante. Pero fue en Coacalco cuando probé por primera vez ese fuego intenso en mi paladar. Me lloraron los ojos, se me entumió la lengua se me cerró el esófago y de la cabeza me salía vapor y se me escurrían los piojos calcinados por las orejas.
Esa es la iniciación para todo aquel que deba ser digno de degustar los famosísimos y deliciosos nopales ultra enchilados.
Se deben comer sin desmayarse ni morir en el intento.
Al final Baquente aún colorado por el picor se fue a su departamento y me dijo que me esperaba para culminar con la apocalíptica tarea.
Me despedí de él diciéndole que llegaría en cuanto terminara de lavar los trastes.
No fui, me quedé viendo películas de terror hasta tarde.
martes, 13 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Desde la primera vez en que Baquente y yo coincidimos por el gusto etílico hemos recurrido a las galeras mágicas y bien surtidas del tan famosísimo Ziggy (no Stardust).
¡Todo un personaje dentro de Vaquillas!
Realmente no recuerdo de dónde surgió su sobrenombre, creo que fue Kathrina y su ocio quienes bautizaron al buen hombre proveedor de Chips verdes y obviamente cantidades obscenas de Indio litro doscientos bien frías y degustables.
Desde lejanos tiempos Ziggy me ha visto llegar con cara de ansiedad a comprarle un par de reliquias efervescentes, cura de males y elixir de poeta de banqueta.
Por alguna extraña razón cabalística y baquenciana el buen amigo sólo me daba para comprar 2 cervezas.
Ni una más ni una menos.
Quizá es una especie de rito pagano de culto hacia los caniches descalzos o algo tan profundo como los misterios del Nekronomicón.
Siempre han sido de dos en dos.
De tal manera que Ziggy siempre me ve transformarme de joven sediento y desesperado a pedazo de ser humano tambaleante que ya sólo alcanza a balbucear aguardentosas sodomías. Pero el siempre sabe que cuando voy con la famosa bolsa negra es porque ya se acabó el par anterior y voy por más de ese líquido transformante.
Una más de las misiones cuando voy a por cerveza es fijarme en el vecindario, ver la movilización femenina y avisar al buen Baquente sobre cualquier indicio de minifaldas y escotes que ronden cerca de su casa. Siempre tenemos la esperanza de encontrar un grupillo de señoritas (y aunque no lo fueran) con actitud lasciva y desenfrenada dispuestas a beber galones y galones de alcohol y principalmente a compartir su núbil cuerpo con nosotros gallardos galancetes de esquina y damas de limpieza.
¡Pobres perdedores!
Generalmente las borracheras culminan como las empezamos: Presumiendo su vasta colección de Metallica y Pink Floyd, SOLOS, amargados y con los ojos más trabados que antes escuchando discos extraños de rock noventero de su época de rebelde skatopunkista.
“¿Ya escuchaste este disco, Saborío?”
Su voz suena cansada y ojerosa mientras pone algún disco extraño One hit wonder del 91 y comienza a tararearlo mientras acompaña el ritmo con su etílica cabeza. Yo le digo que no lo he escuchado y comienza a mofarse en su más puro argot ñerofresa y me dice que cómo es posible que no lo haya escuchado si es una pieza fundamental en la música, en el rock, en su vida y casi casi es piedra angular en la simetría cósmica del universo.
¡Bah!
“Sirve las otras mientras yo pongo éste (disco), ¡Si no lo has escuchado no vuelvas a hablarme en toda tu vida!”
Cuando estoy sirviendo lo último del elixir dentro de su vaso comienza a sonar otra musiquilla extraña y distorsionada, retazo de grunge sabor a Kurt con Smashings pero un poco más avant garde con violincitos electrónicos.
¡Doble bah!
Cuando le digo que no tengo ni puta idea de quienes son los que cantan su queridísima canción menea la cabeza y hace un sonido gutural de perro con asma en señal de suma y evidente decepción.
Estando ya en un estado espiritoso y al no haber conseguido alguna mademoiselle concupiscente para nuestros planes sodomitas Baquente comenzaba a hostigarme para mandar interminables telepatías a algunas conocidas virtuales que rondan en sus terruños y que yo mismo no he conocido. Es así como comienza el peregrinar maquiavélico… voy por otras dos cervezas, el toma sus medicinas contra el reflujo y ya estando tranquilos con el vaso lleno comienzo a enviar miles y miles de mensajes al celular, hasta la fecha esa técnica desesperada no ha funcionado para nada, todas nos ningunean de las formas más extravagantes e increíbles. Seguramente pueden percibir nuestras feromonas de perdedores mayúsculos en vías de degradación humana.
“Háblale a Male”
“Háblale tú, a mi me va a mandar al carajo”
Me hace caso y comienza a marcarle y no es necesario decir que verdaderamente nos manda al carajo esquina con infierno.
Abatidos seguimos la batalla contra la sobriedad.
Cuando la cerveza termina siempre tiene alguna botella de alcohol adulterado de potencia sublime en especial vodka y tequila.
¡Cuidado con sus Cosmopolitans!
Son la prueba más contundente de que el temor a Dios se ha visto relegado por completo.
El mentado potaje es una bomba alcohólica y amarga que sólo pueden beber los mamarrachos más borrachos de las nobles tierras de Tepito.
“¿Eres una nena, Saborío, te da miedo?”
Cuando me dice eso ya tiene el rostro sumido y los ojos rojos llorosos como si hubiese consumido media hectárea de cannabis del rudo y camina cual anciano carcomido por las hemorroides.
“¡Me da asco!”
Respondo con el rostro igual pero con cara de idem.
La alcoholemia…
Cierto es que Ziggy es el punto inicial de una noche incierta que termina con la conciencia un poco nublada y el hígado más agujereado.
Quizá piense que soy un espectro de la cebada que cada determinado tiempo aparece mágicamente por sus tierras acabándose su bebida de par en par hasta la madrugada.
¡Bendito sea nuestro proveedor de cerveza!
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Frío…
Dentro de la rumba esa a la que llaman suerte, frente a una puerta de cristal (esquina con la calle de mis vicios) te veré caminar con los pies hermosos vestidos de nubes y ríos de azafrán.
Cada segundo de espera a esa respuesta que no llega es como una tragicomedia paranoica en mi interior. No puedo dejar de mirar el segundero de un reloj viejo de tanto girar sin poder escapar de su suerte. Imaginando el porqué de esa ausencia maligna que no deja que respire como se respira cuando existe un poco de paz.
Mi corazón ha perdido el rumbo de su exilio, ha roto su manto de energúmeno contumaz y apasionado de la soledad.
Soledad, sólo contigo.
Y algo más.
Eterna como los cuentos de hadas, con los ojos inyectados de reliquias ultra lunares y esos cabellos que no pueden ocultar el pudor de esas mejillas con puntos de para siempre. En tus manos imagino el bosque encantado de sueños que reverdece can cada caricia acostumbrada al olor de tus muertes.
Corazón de marinero que guarda su tesoro en el epicentro de sus propios huesos…
lunes, 12 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
“Canapito pito pito…”
-Canción popular de Vaquillas.
La habitación de Kathrina 9:30 de la mañana…
sábado, 10 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Nuevamente en el Renault Clío plata…
No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando el riñón está despertando y pareciera que va asfixiando a cada órgano que encuentra en su camino con el único fin de sentirse libre de la malévola marea rancia de alcohol que inunda a su espinal de caracol.
Apenas estaba cerrando la puerta del coche y ya comenzaba a sentir disturbios punzocortantes en el cuerpo, la visión se iba tornando extraña como ese pequeño halo que se ve en los coches bajo el calor de sol. El sudor comenzaba a acariciar mi rostro que estaba moldeándose en una cara de angustia y de preocupación en alta tensión.
Íbamos 5, el conductor era Baquente. Con una extraña boina que intentaba cubrir el desorden capilar tras una noche peculiar del alcohol y lascivia, lentes Louis Vuitton que juraba eran idénticos a los de Jim Morrison.
Jamás encontré el parecido.
De copiloto iba su mujer, la señora M.
Comía salchichas con mayonesa y salsa de tomate en un vaso rojo mientras se maquillaba los ojos.
En la parte trasera íbamos: Cami, Male (por MalevoloCidad. Sí, con la C mayúscula) y yo.
El clima no era en especial el correcto para mi situación tan extravagante. Todos parecían estar tranquilos menos yo. Aunque Male también se veía muy dañada y desmarañada, parecía más adormilada que otra cosa. En cada curva su voluntad se iba perdiendo y sus ojos se cerraban con furia.
Baquente estaba completamente fuera de sus cabales, preguntaba lo mismo dos veces, balbuceaba y de pronto de su estuche de discos sacó una gama demasiado extensa de discos no aptos para la resaca (La santa nueva trova latinoamericana) y puso uno con actitud gallarda y guerrera.
¡Por Satán!
Esto tenía que ser una especie de castigo cósmico, algo más allá de los misterios bíblicos y políticos.
Baquente y la Señora M. comenzaron a cantar.
¡Apenas estábamos cruzando Arboledas!
Cami venía atrapada en su pequeña silla viendo con curiosidad extrema a la destruida Male que venía tambaleante.
Me preguntó si ya se había dormido…
“¿Se lumió?”
Le respondí que sí. Sentía el peso de su cabeza sobre mi hombro.
“Sí Cami, ya se durmió, uso polvos de hada para dormir, es como Tinkerbell ¿Te acuerdas de Tinkerbell?” (La voz de Baquente parecía esas voces extrañas que de pronto aparecen en altavoces en los supermercados).
“Síííí, Tínkebe…”
Comenzó a agarrarle algunos cabellos rebeldes y a examinarla. Male estaba perdida en las profundidades del sueño.
Baquente y la Sr. M seguían hablando de la hada durmiente y de el malvado licor de mora que realmente la había puesto así.
Quizá hubiese encontrado algo de chiste en ello si mi vejiga no hubiese estado tan comprimida. Estaba en un estado de alerta roja, comenzaba a sentir esa sensación en la cual si te mueves un poco sientes que algo va a estallar en tu interior. Debíamos ir hasta Polanco a depositar a la señora M. a su trabajo y al metro a Male quien aún tenía ciertos compromisos que cumplir y ya se le había hecho un poco tarde.
Comenzaba a pensar en lo peor, un temblor extraño recorría mi cuerpo y escuchaba las voces muy lejanas. Aunque llevaba unos lentes oscuros (muy oscuros) el sol me irritaba y a cada movimiento de cabeza veía todo en stop motion. Una sensación de frío inundaba todo mi rostro. Mis manos estaban sudorosas y temblorosas. Escuchaba a Baquente hablar sobre un huerfanito o algo por el estilo, creí que ya era parte de su delirio post etílico severo pero no, de sus pantalones pegósticos sacó uno de sus celulares (por que tiene 8) y le mostró a la señora M. un video en el que aparezco en el famoso Salón Corona con una cara de ingravidez y palidez enervantes.
Al parecer estaba disfrutando un son de por ahí llamado “El Huerfanito” entonces recordé los hechos…
Salón Corona una noche de diciembre…
Alguien me estaba marcando al celular y por estar en estados lejanos a la sobriedad me dio por contestar (detesto contestar el teléfono) felizmente. Era Aguirre, se notaba un poco preocupado y lejano, me pedía el teléfono de Mildren pues era su cumpleaños y los había citado en Timonel pero al parecer los había dejado plantados.
“No te preocupes, acá lo tengo, en breve te lo envío…” (Mi voz sonaba preocupada y sincera).
Al colgar olvidé con quién había hablado.
Me fui tambaleante hacia una esquina en donde se encontraban un par de músicos ofertando su arte por algunas monedas.
Cuando estoy en un estado en el que ya no siento achaques, paranoias y se me quita el cansancio es la señal de que estoy intoxicado y cuando eso sucede me vuelvo muy conversador con la gente de pinta extraña. De esa forma me aproximé a los músicos y le pregunté al viejo por algunas canciones que no recuerdo y que el juraba desconocían.
“Joder”
Cuando les pregunté sobre su repertorio me dieron una extensa lista que mi cerebro no podía procesar. Los veía hablar y mover las bocas cual serpientes coquetas y juguetonas pero no captaba lo que me decían. Lo único que pude pillar sin problemas fue: El huerfanito.
“¡El huerfanito!”
No tenía muchas monedas, les di las pocas que tenía y juré conseguir cigarrillos para la banda (de dos) pero ellos se negaron; no fumaban y con esas monedas alcanzaba perfecto para la canción.
Con emoción entré a la cantina y llegué a la mesa acompañado de los músicos. Ahí estaban Male, su hermana Sakurita y Baquente.
El punto fue que mientras yo gozaba enormemente de la melodía los demás tenían una cara de asco y burla. Baquente sin pensarlo sacó su aparato de recepción telepáticavirtual con cámara y comenzó a grabar los hechos.
De vuelta en el coche…
No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando el tránsito vehicular esta obstruido totalmente.
Veía cada parte del periférico como el lugar perfecto para desahogar (literalmente) todas mis penas. Sentía como el hígado se me hacía más grande, sentía su expansión y a cada centímetro de más le acompañaba una presión horrible en mi costado que poco a poco mermaba mi respiración.
El corazón me latía de forma irregular, y el mareo venía jugando con mi mente.
Trataba de dormir pero no podía, trataba de conversar pero no podía, trataba de estirarme y no, no podía…
El sudor frío que recorría mi cuerpo apestaba a alcohol y nicotina. Mi lengua estaba completamente seca y sólo podía pensar en un vaso de coca cola excesivamente frío.
Veía pasar y pasar coches, edificios, nubes, niños, árboles, puentes, espectaculares…
“¡Maldición de los perros!
Eres un pajarraco de mal agüero Saborío, mira este tráfico del demonio”.
(Voz de Baquente desesperada y llorica).
Era tal el malestar que me desvanecí por un instante.
Abrí los ojos porque ya casi no podía respirar, la presión era demasiada. Llevábamos varias horas de viaje y Polanco aún parecía tan lejano como el sol.
Me acomodé un poco en el sillón y acomodé a Male que iba derrumbada sobre mi hombro sin percatarse de que Cami aún jugaba con su cabellos despeinados.
Varios coches de la ciudad estaban adornados con unos cuernitos de reno y una nariz roja, me parecía algo demasiado patético, pero ese día en particular me ayudaban a distraerme de mi desgracia.
Baquente se había dopado con pastillas de nosequé, según esto para la presión alta… me dio una terapia del porqué y del cómo pero sinceramente no entendía ni una sola palabra, lo único que saqué en claro es que automedicarse era uno de sus hobbies preferidos.
Recordé el momento en que llegué a la central TAPO.
Veintitantos de noviembre, medio día…
El buen colega fue por mi acompañado de la péqueña Cami, Male también estaba ahí y se empeñaba en atacarme (no sé por qué) diciéndome lo cerdo que era por no valorarla y que era un mamarracho por no haber llevado los panes compuestos que me había pedido un par de noches atrás.
El punto es que Baquente nos llevó al famosísimo Renault Clío y abrió su cajuela para que metiera mi equipaje… pero esa era una misión imposible.
¡Estaba repleta de cajas y cajas y cajas de medicina!
Era una cantidad absurda. Con eso se podía crear el alucinógeno más extravagante de todos los tiempos y aparte excelente contra la gripe y la hinchazón de pies.
Esa misma tarde Male estaba insistiendo con ferocidad por un poco de alcohol y a mí se me estaba antojando una cerveza ultra fría. Pero Baquente se mostraba negativo pues había llevado a la pequeña Cami y no podíamos ir a ningún lugar a saciar nuestras ansias etílicas.
La tarde se nos fue en el Mc Donalds. Le propusimos a Male ir al departamento de Baquente en
las lejanas tierras de Atizapán con el fin de destapar un par de botellas de vino, pero con una cara de aflicción se negó pues decía que tenía una cita a las 4 pm por asuntos relacionados con su maestría.
(¿?)
La dejamos en la Cineteca Nacional, se bajó con su sonrisa pícara y nos dejó a los dos con un antojo brutal a líquido embriagante.
Largas fueron las horas que tuvimos que esperar para llegar a su departamento y poder degustar un frío tarro de cerveza oscura.
Entre vaso y vaso Baquente ingería algunas pastillas para el reflujo y la gastritis.
Masarik.
¡Milagrosamente el malestar había abandonado mi cuerpo! Pero aún así me sentía un poco extraño.
Tras unas cuantas vueltas laberínticas y peligrosas llegamos a la estación de metro Polanco para depositar ahí a Male que bajó completamente devastada y se fue con pinta de muerto viviente a cumplir con su destino.
A unos cuantos pasos esta la plaza comercial en la cual trabaja la señora M y ahí se quedó cediéndome su vaso de salchichas.
Comí unas cuantas.
Estaban pasando una canción de Sabina, no sé cual, pero lo cierto es que era demasiado melosa.
Ese tipo de melodías no son aptas para días como esos.
Estábamos en un semáforo cuando un escalofrío ultra mortal atacó cada una de las células de mi cuerpo y un dolor punzocortante maltrataba mi costado y cortaba mi respiración.
¡Joder, no por favor! (Pensé asustadísimo)
El malestar me había atacado nuevamente a varias cuadras de la plaza comercial y en medio de un barullo de coches que giraban a un kilómetro por hora.
La vejiga estaba a punto de explotar y yo con ella.
Veía a Baquente hablar y mover la cabeza de forma muy graciosa. Me parecía uno de esos muñequitos cabezones que ponen en los taxis y van moviendo la cabeza todo el tiempo. Me preguntaba sobre el concierto de Shuarma y yo no sabía ni un puto carajo sobre el evento lo único que me importaba era poder encontrar un váter en el cual poder descansar mi alma. Le envié un mensaje a Dayanna Ann Fan para preguntarle sobre dicho evento y para calmar las ansias psicodélicas de mi colega.
(Jamás me respondió).
En ese momento estaba completamente de acuerdo con Nacho Vegas cuando dijo: “Hay días en lo que valdría más no salir de la cama”.
El viaje nuevamente era muy largo, debíamos regresar hasta Atizapán y el tráfico estaba muerto.
(Un suspiro).
Lo único que me quedaba en ese momento era (Como lo dijo Edmundo Dantés) “Confiar y esperar”.
No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando tienes ganas de ir al baño.
Tardé una hora menos cuarto en llegar a la gloria.
jueves, 8 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Atizapán - Bosques del lago – Cuatitlán.
Renault Clío plata dos mil y tantos. 100 Km por hora.
No sé cómo un simple mortal puede llegar a albergar tan mala suerte. Él juraba que era yo quien traía la peste del infortunio, pero yo estoy seguro que era Él con tanta negación y pensamientos negativos en su vida de camaleón.
Ni un puto bar estaba abierto, ya habíamos recorrido la mayor parte del catálogo mamarrachoetílico de Baquente y no dábamos con nada. Se mostraba desesperado, su ojo derecho ya comenzaba con una especie de tic infrahumano.
“Eres ave de mal agüero Saboríííííooooooo” (Léase el Saborío con actitud de reproche fresosalvaje).
Mientras decía eso negaba con la cabeza muy enfadado.
La corrosión y la desesperación ya hacían mella en su semblante extravagante y nada más escuchaba suspiros tristes cual rumiante atemorizado.
(Estación de rock clásico).
Cuando pasó Paint it black ambos enloquecimos y comenzamos a menear la cabeza de un lado para otro y en actitud poco simétrica. Ambos consideramos que Satán nuestro señor había enviado esa canción para darnos ánimos y decirnos que pronto lograríamos nuestro cometido. La euforia era tal que el velocímetro comenzó a enloquecer un poquito.
Creo que mientras este sujeto esta excitado (no necesariamente en lo sexual) comienza a perder la razón y conduce como un desquiciado.
Era tal nuestra euforia y devoción que a cada esquina parecía que encontrábamos el sitio idóneo para perder la razón.
(Cerrado. Un par de señoritas de paso pasadas de peso estaban reclinadas en la puerta
fumando).
Sería bueno mencionar que el oasis tan esperado cada vez se nos hacía más lejano.
Veía ir y venir coches desafiando la incertidumbre de la noche, casas viejas, abandonadas, puentes descompuestos, personajes extraños caminando solitarios, putas, putos, fantasmas, perros, una estatua de Pedro Infante, árboles y pavimento.
Mucho pavimento.
(Bajo el cristal y prendo un cigarrillo)
¡Hace un chingo de frío, ya apaga eso! (Voz de Baquente desesperada, le castañeaban los dientes).
Efectivamente había frío pero la nicotina es a veces más efectiva que un par de aspirinas.
(Una última calada y lo apagué aventándolo despiadadamente).
Baquente ya estaba desesperado y tenía sueño, pero su ánimo etílico lo hacía manejar como salvaje buscando cualquier lupanar.
Entre tanto desconcierto me di cuenta de algo…
Estaba manejando en círculos.
(Una hora y media de viaje).
Baquente ya era una especie de autómata etílico que pugnaba por llegar a su meta y yo no era precisamente la voz de la razón y la cordura, así que lo hostigaba para seguir adelante. Ya era muy noche y lo que habíamos bebido se nos había evaporado dejándonos sólo el cansancio y la promesa de un dolor de cabeza.
“Piénsalo, así como estamos nosotros (Lumpenefervescentes desesperados), así deben de haber por ahí un par de fulanitas. En cualquier momento vamos a calibrar al cosmos y vamos a encontrarlas de frente y correrán ríos de alcohol y fluidos” (Mi voz sonó aguardentosa y cansada, mi argumento era perdedor, pero ya no me quedaba nada coherente en la cabeza, me pesaban los ojos).
Mi colega volteó la cabeza y me contestó con algunas de sus frases clichés de negación que ya no puedo recordar. Quizá sólo balbuceó algo, no lo recuerdo bien. Lo cierto es que su complejo de barman algún día terminará intoxicándonos o en el peor de los casos matándonos. Esa noche habíamos bebido alguno de sus potajes (con alcohol corrosivo) y lo cierto es que cuando pasaba el efecto dejaba una sensación muy peculiar de cansancio cuasidesmayantedesesperante que no se la deseo ni a mis voyeuristas ni a mis detractores más petulantes.
De un momento a otro estábamos en la Comercial Mexicana, a tres cuadras de casa. Deprimido Baquente se bajó en un puesto de tacos a comer los restos que aún reposaban en aceite.
¡Qué frío!
Volvimos un tanto decepcionados pero a la vez aliviados de no encontrar más veneno para acabar con nuestros cuerpos. El consuelo fue que aún nos quedaba una botella de Tiburón y una magna fiesta en viernes para caer en los brazos de la depravación.
El subió a su casa corriendo cual conejillo asustado y yo me fui a casa de Kathrina a extender la colchoneta verde y el sleeping bag para caer en los brazos del maldito Morfeo, no sin antes saludar al pequeño Basilio, un pequeño cobaya histérico que me odia a muerte.
¿Cómo puede caber tanto odio en un cuerpecillo tan pequeño?
En fin, dice que me odia (Porque el cobaya habla, lo juro) porque me parezco al Che Guevara.
Madrugada... me colocó los audífonos y caigo profundamente dormido, no escucho cuando Kathrina se va a trabajar.
miércoles, 7 de enero de 2009
Las crónicas anacrónicas del niño zombie
Hay nubes que dejan de ser intocables y se ponen a putear con los monumentos. Hay monumentos que dejan de putear y se vuelven intocables como tú (Ausencia) en este momento.
Los días se extinguen muy rápido y a cada hora que se marcha voy dando un paso más hacia el sur, a esa ciudad tan malditoempalagante a la que me han presentado como hogar.
Pero de eso, aún tengo mis dudas aunque digan que soy necio, que soy puros cuentos y que me hago del rogar.
Cretinos…
(Pienso).
No tengo ilusiones mayúsculas, quiero verdades desnudas, no quiero un coche de lujo ni ascender y ascender hasta caminar con los pies hinchados de tanta altura. Quiero aprender a sonreír como lo hacen los analfabetas, escribir cartas que se pierdan on the road, aprender a cocinar y tallar el nombre de alguna fulana en el herrumbre albino de mis palabras.
(Silencio).
Siempre que vengo a este lugar descalzo, el viento frío me muerde los labios, me da esa tremenda sed que no se quita con miel y vinagre.
¡Atizapán!
¡Hueles a tiempo!
Aún recuerdo caminar en este bosque en otro contexto, en otro momento, pero siempre, siempre… contento.
Los Pompis ladran histéricos y parecen tan lejanos, tan profanos…
(Lapso perdido entre nubes y fuego prendiendo un cigarrillo).
Comienzo a pensar demasiado y a recordar de más, se me ocurren tantas historias que no profundizo en ninguna por temor a no distinguir la realidad.
Al menos lo suficiente.
¡Sólo quiero escribir una carta que no parezca membrecía de hipocresía!
Pero me doy cuenta que si escribo pura mentira sería escribir la verdad de mi vida.
No entiendo querida Ausente cómo es que sigues desaparecida teniendo yo tanta argucia para adornar nuestras vidas.
Viento…
A veces parece que el cielo disfruta la monotonía de verse reflejado en el cristal de los coches esperando desnudar su cuerpo de estrellas muy entrada la noche.
El sopor de esta tierra, a esta hora del día, es tan ameno como la farlopa en romería de venas y neuronas. Me siento tan bien y quisiera sentirme peor, quisiera morir de puros achaques y poder descansar y ser el alimento de los agrestes caniches que viven ocultos en este colonizado bosque de fetiches.
(Sonido de rana… el celular vibra)
Baquente, querido Baquente, he recibido tu llamado en parábolas binarias, no temas, ahora voy a tu lado a destrozarme el hígado con tus excéntricos tragos de mala muerte.