domingo, 15 de febrero de 2009

L.




Después de enviarme un par de fotos agresivas y groseras con lemas tan peculiares como "Saborío detestable" y "Te odio" la malévola Liz envía esta foto misteriosa con una mirada cínica y sarcástica en la cual nuevamente se vuelve a burlar de mi.

G:L:B

La pregunta

(Esta historia fue escrita por la querida Lilus y quiero compartirla con aquellos ojos con sed de mitologías)




Estimado lector las líneas que a continuación leerás son un esbozo de un hecho sin precedente que tuvo como escenario principal las calles de la antigua Balun Canan. De no haberlo vivido en carne propia, jamás me hubiese atrevido a importunarles con palabra alguna de aquel hecho que hasta el día de hoy me desconcierta al punto de no saber si todo lo vivido después ha sido un sueño. Y sin más preámbulos procederé a narrarle a usted, mi querido lector, lo acaecido esa noche de Noviembre.

La mañana de ese día se nos había escapado intentado encontrar un poblado que se escondía detrás de las montañas que rodean la Balun Canan, exhaustos por semejante proeza el Caballero Ledon y una servidora nos dispusimos a regresar a la civilización. Grande se torno la necesidad de matar el ansia con sorbos de vino que invocamos a nuestro demonio personal para que nos guiara al santuario de Baco, cuando en telepatías advertimos el llamado de aquel que debe ser guardado, era una invitación a la que no podíamos negarnos y de esta manera abrimos paso hasta su presencia; nos escurrimos por las calles que se tornaban grises, y así penetramos por una puerta de la cual colgaba un letrero que nos gritaba a la cara “Vida Disoluta”, allí, en el sitio a donde la luz se negaba a acompañarnos, allí mismo el capitán de un barco sin nombre nos esperaba paciente, con una sed increíble que solo sería saciada con un mar etílico. Se puso de pie, invitándonos a tomar asiento y de esta manera dio comienzo una de aquellas platicas tan comunes sobre hechos extraordinarios y no tan extraordinarios, como por ejemplo, la mutación de preciosas hadas en brujas, el avistamiento de Ninfas o el maldito canto de las sirenas, por lo general a estas conversaciones me mantenía callada, observando cada movimiento, interpretando todo gesto emitido. Al cabo de un par de horas e in contadas botellas, alguno de los presentes sugirió la “magnifica” idea de emprender la retirada, la cual fue tomada en su principio con negación y al final con resignación. Salimos de aquel templo pagano -dedicado a la veneración del alma del vino- aún de pie y en nuestros cinco sentidos, con cada paso dado confirmábamos nuestra asistencia a los funerales de la noche, revestidos de misterio, asechados por el delicioso sabor nocturno, mezclado de ese vaho espiritual que solo pertenece a los seres de nuestra clase, a esas desdichados criaturas errantes.

Raúl, el psicólogo de cabecera, se tambaleaba de aquí para allá, era incapaz de recordar en que consistía la hermenéutica Socrática, y yo que era la única que aparentemente conservaba intacta sus facultades, tanto suficiente como para guiarles hasta el hogar, cual Virgilio acompañando a
Dante al foso oscuro, seguía sus pasos como si en vez de tener un cuerpo mi ser solo estuviese dotado de una sombra taciturna. Alrededor de las cuatro de la mañana y después de intentos frustrados de suicidio (Valga la pena hacer mención que caminar en compañía de estos seres ya constituye en si una muerte prematura) llegamos al parque de San Sebastian, y allí acogidos por el frío, fue el lugar que El Mayor Saborió había seleccionado para referirnos una acotación mordaz sobre la cual me he volcado a reflexiones durante mis momentos de ocio, rompió pues el silencio y le oímos decir de súbito golpe “Al emerger el crepúsculo matutino hay un minuto en que las aves guardan silencio. En ese instante ellas pueden contestar a cualquier pregunta formulada” No podíamos creer semejante cosa y nos botamos a la carcajada, creo que el también lo hizo, seguros estábamos que el alcohol le había trastornado hasta el punto de volverlo además de poeta, truhán, bribón y fanfarrón en un mitómano de primera.

Seguimos pues avanzando, aun nos quedaban infiernos a los cuales descender y en breves minutos aquel comentario había sido olvidado de nuestra reminiscencia ambulante.
Uno a uno fue hallando consuelo al duelo nocturno en el lecho del hogar, hasta que solo quedamos El Mayor Saborío y yo. Le acompañe hasta la entrada de su sepulcro personal; mi boca comenzó a balbucear palabras absurdas que no se coordinaban en nada con la razón, quizás era el poderosos preparado que había ingerido, quizás el sueño, quizás el amor, pero el no escucho (esta un poco sordo y además es tuerto) y al cerrar su portón de nuevo me halle sola, emprendí la retirada algo mortificada por la inoportuna desaparición de mi tan singular verborrea. Era tanta mi rabia que me fui desprendiendo de cada unos de mis fantasmas dejándolos olvidados en aquellas calles desvestidas de colores.

Nuevamente me halle en el parque de San Sebastian abatida, me recline en una banca fría, perdida en medio de una tormenta de reclamos, tanto así que no había notado que los Cuervo comenzaban a prepararse para un nuevo amanecer entre chillidos y aleteos, me había perdido en la inmensidad del firmamento y cuando baje la vista y regrese al mundo terrestre note que un bulto oscuro remontaba la colina y avanzaba con dirección mía, parecía que levitaba, un miedo me recorrió de pies a cabeza y al cabo de unos cuantos segundos pude distinguir claramente a aquella extraña criatura que tenía la apariencia de un hombre y sin embargo me sonreía como solo lo hace un demonio (Confirmado). Bruscamente apresuro la marcha y ferozmente me embistió, cogiéndome por el cuello con sus manos fría y elevando mi cuerpo unos centímetros por encima del suelo, apretaba tan fuertemente que escuche provenir de mis adentros un chasquido, seguramente mis huesos habían sucumbido ante la fuerza tirana, la criatura o bien demonio, del cual me apena mencionar, me pareció en tan exquisitamente deliciosa, me observaba a los ojos como quien observa un precioso juguete, y al no comprender como funciona le arroja bruscamente, me lanzó contra las puertas de la Iglesia y de esta manera perdí el conocimiento, dentro de aquel sopor ,en el que me halle de momento, escuche un jadeo y con toda la fuerza que logre reunir abrí los ojos por última vez en esa larga noche para ver como esa criatura infernal mordía vorazmente mis pechos, levanto la cabeza al notar que me hallaba de momento contemplando aquel espectáculo, y dejando el oficio emprendido se acerco hasta mi oído para recitarme las siguientes palabras “Háblame al morir el alba, Que tu voz sea la del sueño, Que tus manos sean la brisa, el invierno, Crucificado al libro en tu memoria. Ego Sum imperatus morteeeeeeeeeee” y me arranco de un beso, en el cual clavaba su dientes y manaba la sangre sobre nuestras ropas el último aliento. El silencio se hizo, inundo todo con su nítido espectro. Una gota de agua callo al suelo y recordé lo que Saborío había mencionado horas antes, más de entre el follaje de los árboles una multitud de voces al unísono prorrumpieron… “Nunca más” ¿Acaso era el mismo Poe que veía morir a Leonora? El sueño de los justos me tomo y me perdí entre sus pliegues.

Los asiduos feligreses que asisten al llamado matutino de misa me encontraron. No sé si eran los golpes o quizás algo que jamás lograre comprender, pero puedo jurarles que yo sentía quemar mi cuerpo en el preciso instante en el que el párroco del pueblo me introdujo en sus aposentos, haciéndome un debido interrogatorio ante las circunstancias tan extrañas en las que había aparecido.

Tiempo después todo tipo de personas me visitaron, algunos por pura curiosidad, otros más preocupados por mi estado de salud. Un mes después de tan afamado acontecimiento El Mayor Saborío se digno a visitarme, debo confesar que el fue el único en aquel tiempo que supo detalladamente lo acontecido después de nuestra despedida. Cuando hube finalizado el relato me pregunto algo intrigado que qué era aquello en lo que pensaba antes de que se escucharán aquellas voces decir “Nunca mas”, me entrego una mirada que se me antojo la más grande de las certezas y ninguno de los dos se atrevió a contestar.

Han transcurrido mas de setenta años, todos los que me acompañaron aquella noche ya han perecido a excepción claro, de él y mía. Yo sigo igual, sigo tal cual, quizás un poco más vieja y sin embargo mi cuerpo se halla tan perfectamente lozano.
Noche a noche camino por el viejo barrio, esperando una y otra vez su llegada, pero nada sucede, solo al morir el alba puedo oír esa carcajada diabólica que me estremece hasta la locura y automáticamente recuerdo la pregunta que me formulaba en el instante en que la criatura de mis sueños me estrujaba… ¿Acaso moriría?

Lilus RC

domingo, 8 de febrero de 2009

Las crónicas anacrónicas del niño zombie

En donde los caniches pastan descalzos (De amores y peores…)

“No quiero soñar mil veces las mismas cosas…”

En cuestiones de faldas, besos y corazón siempre me ha tocado ser el peor espectador, he tenido los segundos más atentos ante los ojos de las viudas que me han regalado sus peores tormentos.

Cada una de las damas que han caminado a mi lado me ha dejado anonadado por una, dos o mil razones.

Pintoras, bailarinas, científicas, cantantes, fotógrafas, pedagogas, diseñadoras entre otras aún peores.

No han sido muchas…

Pero en cada una de ellas ocurre una similitud peculiar de la cual no me había percatado hasta que una noche borracha en Comitán, Tania me hizo ver la familiaridad en el asunto.
En cada relación se repiten elementos de forma constante:

1.- Amigos íntimos de la dama en cuestión que terminan odiándome a muerte por el mero hecho de quitarles a su amiga.

(¿Amiga?)

Generalmente mis compañeras Saborianas han decidió abandonar la compañía femenina por lo cual el 98% de sus amistades son caballeros de los cuales el 70% están enamorados en secretonotansecreto de ellas un 18% de ex novios que aún tienen contacto con ellas y las acosan brutalmente para volver.

Queda un 10% de amigos desinteresados y que para variar son virtuales y me quieren conocer.

(…)

El 2% de sus amistades femeninas son muy amenas conmigo pero están en cuenta regresiva esperando el momento en que la chica les presente al siguiente galán puesto que:

2.- Otra característica peculiar es que mis viudas han sido de “ojitos muy alegres” y la coquetería extrema les ha hecho tener un paquete variopinto de galanes.

(Ellas conocen todo su historial sexosatánico)

3.- Amigos gays que me odian o me ofrecen descaradamente sus cuerpos sudorosos y concupiscentes.

4.- Mis viudas son depresivas, decadentistas, cuasi emos y bipolares.

(Una que otra tiene la filia de cortarse el cuerpo o ingerir aspirinas en cantidades obscenas)

5.- Son escritoras nóveles.

6.- Tienen problema con su padre y una relación muy fuerte con su madre.

8.- Sufren problemas nerviosos similares a los míos.

9.- La celotipia es su bandera favorita.

10.- Odian a Male.

(porque se sienten menos)

11.- Me han dicho que no les gusta bailar en lo más mínimo y a final de cuentas resultan ser grandes bailarinas que van desde la marimba al psycho.

(La bailarina de salsa si me lo dijo desde el principio y de igual forma yo le dije que no bailo ni un carajo.
Creyó que bromeaba)

12.-Son solitarias.

13.- Se excitan con los chicos malos y/o músicos.

14.- Tienen alta tolerancia a lo grotesco.

15.- Ellas dicen ser el caballero de la relación

16.- Algo ninfómanas

Mientras recuerdo algunas similitudes recordaré algunos happenings extravagantes:

Fulana A tirada en el suelo convulsionándome con un supuesto ataque cardiaco pidiéndome que le introdujera sus pastillas a unos costados de la lengua.

Estábamos en una fiesta en mi departamento y se puso histérica enfrente de todos, al final comenzó con sus ataques jurando por su Dios que se moría.

Fulana B me quita a la fuerza el celular y con una pirueta envidiable se esconde bajó su cama para poder husmear en paz.

(No encontró nada)

Fulana C corre tras de mí (sí, literalmente corriendo) vociferando maldiciones mientras yo trato de escapar agarrándome el sombrero cual Indiana Jones comiteco.

(Me atrapó frente a la estación de autobuses Cuxtepeques)

Una noche llevé a fulana D al departamento que compartía con mis colegas y estaba de visita la tía Silvia (quién tiene mi edad) y al verla la saludé muy afectuosamente. Fulana D en la habitación me aventó un libro y me dijo:

“¡Eres un desgraciado, nada más me traes a tu casa para restregarme a tus viejas!”

Y yo le dije:

“¡¡Es mi tía!!”

Ella dijo:

“¡Asi les dices a todas, ya me voy a mi casa!”

Eran las once de la noche y ya no había transporte para que se fuera pues vivía en un pueblo a 32 km de Tuxtla.

(No se fue.)

Fulana E rompió las fotografías en donde salía una amiga que le caía mal pues pensaba que teníamos algún romance lo cual era falso pues era novia de un amigo mío.

(Esas fotos eran parte de mi calificación del taller de fotografía)

Fulana F tirada en la colchoneta con un vestido de novia y maquillada como muerta haciendo un monólogo del día de nuestra boda.

Hay todo un mundo de performances psicodélicos para compartir.

Nota:

El orden de las fulanas no altera el producto.

¿Por qué que siempre caigo en la misma trampa?

A final de cuentas el amor más puro y desinteresado me lo dan aquellas con las que no comparto lo que quisiera por estar perdiendo el tiempo con quien no debiera.

Siempre con la esperanza de algo mejor que al final termina peor que la vez anterior.

viernes, 16 de enero de 2009

2003

(Bajo los efectos de un aguardiente adulterado)

La culpa no la tiene quien recibe el corazón la culpa la tiene quien lo da ciego de estupidez con la ilusión de la paz terrenal misticoestática.

La culpa no la tiene quien regala recuerdos sino quien invierte el tiempo pensando en ellos.

¡Pobres sueños de sexos convexos!

El amor sólo existe para los irreverentes de letras firmes.

El amor es de dos, no de uno que asume el papel de envenenado.

Detesto el sentimiento de perdedor emancipado, atrapado y asfixiado.

Tengo fantasmas que viven en mi piel, ellos no me dejan libre para desnudarme con fé.

2003 regresa a mi porque sólo yo acepto tus mentiras.

2003 mi querida adoradora de serpientes y sueños enfermos.

Maldita nuestra condena, separación y distancia lunática.

Quisiera estar contigo como antaño esperando la sombra del amanecer detrás de una botella de aguardiente al amanecer.

¡Ya no quiero sucumbir ante miedos, quiero caminan a tu costado derecho!

No me importas más que el cielo que decide dejar lluvia en el cuerpo desnudo del suelo.

Te odio y odio más a los muertos que escriben como vivos perpetuos antes del amanecer.

¡Maldita 2003!

Ojalá te mueras durmiendo más de la cuenta.

miércoles, 14 de enero de 2009

Las crónicas anacrónicas del niño zombie

Por si el amor…

Vaquillas 8…

Baquente había solicitado mi ayuda para una misión completamente imposible, monstruosa, aberrante e incomprensible.

¡Arreglar uno de los cuartos de su departamento!

Esa habitación ahora es una bodega enorme de libros de Herman Hesse y Mario Benedetti, formularios, manuales de capacitación de su empresa de medicamentos extraños, cajas y cajas con artilugios de lo más extraños y anormales, una pila de biblias, libros de primeros auxilios y vademecums, películas piratísimas, juguetes rotos de Cami, dulces derretidos, pilas descompuestas, lámparas rotas, colecciones de discos, toneladas de ropa sucia, zapatos, bolsas, corbatas y bufandas Louis Vouitton, un sombrero folclórico que según Baquente es el mismo que usa Bunbury, una calavera de toro, un reproductor de discos compactos ultra descompuesto, una litera repleta de cajas y una cantidad inconmensurable de polvo y ácaros radioactivos.

Sino mal recuerdo la última vez que había estado en esa habitación era con Male (Creo que fue entre febrero y abril del año extinto) que estaba huyendo del aletazo tiburonesco que había atacado al buen Baquente tras una noche de cerveza, vino y Tiburón.
Al parecer la mezcla había atacado su cordura a tal grado que parecía que caminaba y se derretía.
Apenas se le veían los ojos y su nariz titilaba con una luz rojiza y enfermiza.

¡Graciosísimo!

Era como ver a un muerto saliendo de su tumba intentando hablar y expeliendo los tufos más extravagantes del mismísimo infierno y los brazos levantados cual hijo de Mary Shelley. Un verdadero autómata cetáceo de lo más jocoso.
Male se asustó un poco. Creo que no le pareció graciosa la idea de ser ultrajada al más puro estilo Baquente Garcés.

Béla Lugosi hubiese querido ese look demacrado, ojeroso, seboso y espantoso para interpretar al buen Drácula.

¡Yo moría de risa! Y me preguntaba el por qué no tengo amigos normales.

Baquente trataba de atrapar a Male y Male se escondía detrás de mí, la escena era como de cine mudo de terror y yo no podía parar de reír
Lo imaginaba todo en blanco y negro.

Después de un buen rato asi, le dije a Male que se metiera a la habitación de la litera y ahí nos metimos para tratar de dormir y reposar un poco la alcoholemia. Cerramos y colocamos el seguro para evitar los ataques infrahumanos de Baquente el muerto viviente pero no sirvió de nada.

¡Baquente estaba poseído por el mismísimo hijo de Sam!

Comenzó a golpear desenfrenadamente el picaporte queriendo entrar. Al percatarse que la puerta tenía seguro de su finísima cartera Vouitton (sí, nuevamente la maldita marca) sacó una tarjeta de teléfono para tratar de introducirla en la ranura y abrir la puerta.

¡Clack, clack!

A ese punto yo no sabía si su intención era ultrajarnos a los dos y devorarse nuestros sesos o simplemente matarnos para su deleite necrofílico.
Después pensé que a quien realmente quería ultrajar era a Male y eso me tranquilizó un poco, al menos mi integridad y virginidad seguirían santas e intactas como siempre.

¡Clack, clack!

Sus intentos de entrar eran desesperados y cada vez me convencía más de que estaba en una parodia extraña de película de terror.

A Male no le parecía tan graciosa la situación, es comprensible pues estaba tras ella un

Frankenstein made in el DF sucursal Atizapán infectado de alcohol.

(Que tampoco fue mucho, pero el hígado de Baquente ya está muy maltrecho y no aguanta nada.

Jura que pronto estaré en la misma situación y que podrá mofarse de lo lindo).

¡Claaaaaack, claaaaaaaaaaaaaaaaaack!

Seguía intentando desesperadamente abrir la puerta y Male con furia abrió la puerta y no sé qué tantas maldiciones le lanzó al pobre Baquente que éste sólo se quedó dando vueltas sobre su propio eje y cobró un poco de su color verdadero y se esfumó a dormir a su habitación.

Ese fue el fin del ataque satánico de un Baquente alcoholizado.

Esa clase de escenas ya no me parecen tan desquiciadas, pues desde que Male se volvió compañera de juergas he visto como la pretenden borrachos, maras, mecánicos de feria, darks y señores gordolujuriosos seudonarcos. Lo único bueno del asunto es que sus ligues malandrines siempre le proveen alcohol que luego comparte conmigo. Recuerdo cierta ocasión en la feria de

Comitán en la cual ya no había más dinero y ella había ido a despedirse de no sé quién y en el camino se topó con un par de maras quinceañeros que empezaron a filtrear con ella y velozmente ya tenía un vaso enorme de michelada.

¡Esa es la actitud!

Lo más gracioso es que media hora después vimos a su ligue centroamericano ser llevado de la cosecha capilar con sumo cariño y hospitalidad por un triunvirato de policías mega rudos y gandallas que lo habían agarrado haciendo salvajes disturbios.

Un día terminarán dándome de balazos por la malvada MalevoloCidad.

Vaquillas 8…

Baquente me había dado un cubrebocas con la seria convicción de que con el tiempo se lo iba agradecer.

Y asi fue…

La cantidad de polvo era extremadamente radioactiva, mis ojos se hincharon y se escurrían por mis mejillas, las manos me picaban y la nariz comenzaba a fluir cual tubería descompuesta.

Soy un tanto alérgico al polvo en exceso poético.
Patético.

Baquente comenzó a remover algunas cosas y yo las apilaba afuera para posteriormente acomodarlas de manera cristiana y decente.

Afortunadamente en sus terruños no hay tantas arañas como en los míos.

“El Everest” de ropa sucia era realmente impresionante, era difícil llegar a ver la cumbre.

“Vete por unas bolsas negras y unas cervezas” (voz preocupada y desesperada)
Acepté.

En el camino iba imaginando la magnitud de la fiesta Baquenciana pues ese era el motivo efervescente por el cual había decidido limpiar su departamento. El prometía un promedio de 30 personas con una mayor cantidad de faldas y minifaldas con actitud extremadamente concupiscente. Me hablaba de su fiesta como si fuera a llevarme a algún sórdido lupanar de

Sodoma repleto de mujeres con el único propósito de complacernos en las exigencias más extravagantes y sodomitas.

La cita era para el viernes y siendo jueves a medio día el departamento aún lucía apocalíptico.

Noches anteriores Baquente se la pasaba haciendo llamadas e invitando a sus amigas para que llegaran a su bacanal y me incitaba para que hiciera lo mismo. Era tan optimista que pensaba que invitara a quien invitara llegaría a la velocidad de la luz a embriagarse y a ceder sus atributos carnales al mejor postor o al menos peor y perdedor de todos.

¡Ja!

Lo cierto es que yo estaba estimulado con la fiesta, mi mente volaba demasiado alto y me imaginaba asfixiándome en una masa informe de extremidades femeninas lujuriosas sintiendo las perversiones más horrendas de un pobre ser humano.

“¡Hay que conseguir sustancia!”

La voz del coleguilla sonaba un tanto profética y desesperada. Se perdía en sus propios pensamientos pensando en la persona indicada que pudiera favorecerle un poco de esa sustancia mágica que tanto anhelaba para relajar el esfínter y sonreír y sonreír como loco.

Estábamos ordenando toda la ropa sucia, en una bolsa negra y gigantesca poníamos la de

Baquente y en otra la de la señora M.

También degustábamos una fría cerveza Indio litro doscientos.

De pronto Baquente comenzó a contorsionarse de forma extraña cuasi poltergeist satánico.

“Mira Saborío, para el viernes tienes que traer puesto esto, va a ser tu amuleto…”

Me dio uno de esos chinos de madera que son de colores y tienen diversas propiedades.

Este en particular era negro.

“¡Mira también hay uno rojo!”

El rojo lo colgué del picaporte (el mismo que meses atrás el buen coleguilla había tratado de profanar) acá servirá mejor.

“Por si el amor”

“Sí (dije) por si el amor”

Dicha frase significaba caer en las redes carnalapareantes.

Es por eso que la habitación sería el recinto perfecto y cómodo para liberar todas esas pasiones orgiásticas.

Por si algún par de dos se animaban a intimar más allá del cariño sobre la ropa y las caricias cantadas.

Por si el amor.

Es por eso que ese chino jocoso quedaba de maravilla en la entrada de la puerta.

Sería la señal…

Si el chino no estaba en la puerta el cuarto estaba libre y si estaba colgado era la señal para liberar las bajas pasiones carnales.

¡Se planeaba una fiesta románica y romántica!

Baquente había guardado la botella de Tiburón para esa ocasión en especial y pensaba comprar toneladas de alcohol adulterado y hielos con éter para poner el ambiente más psicodélico.

Al puro estilo de la época más punk de José José.

De su habitación salió la señora M. en pijama y con un extraño, sucio y desarrapado gorro navideño que cubría el desmesurado desorden de sus cabellos y arrastrando los pies se fue hacia la cocina a preparar un poco de leche para Cami y de paso nos preparó un poco de palomitas de maíz para no desfallecer en la ardua tarea de limpieza.

“Híjole, les falta un buen…” (Mucho sarcasmo).

Nos dejó las palomitas y volvió a encerrarse en su habitación.

De algunas cajas Baquente muy sonriente y emocionado sacaba algunos juguetes que le recordaban a su infancia desde malévolos caza fortunas del reino Star Wars hasta Beetlejuice con la cabeza reducida. Me enseñó también un SEGA portátil que de portátil sólo tenía el nombre.

Por si fuera poco me enseñó una adaptador para usarlo como televisor.

Me enseñó cosas demasiado surrealistas para una habitación cuasi ordinaria. Era un palacio geek de proporciones míticas.

Pasamos ahí gran parte de la mañana hasta que nos dieron las 4 de la tarde, Baquente se mostraba desesperado.

“Es hora de comer, Saborío”.

Nos terminamos velozmente el poco de cerveza que nos quedaba.

“Luego venimos a terminar el resto”.

Nos enderezamos como pudimos y nos quitamos los ácaros adheridos en nuestras ropas mamarrachas de juniors consentidos.

Nos fuimos a comer a la casa de su mamá que lleva el nombre de aquella famosa canción de Van

Morrison… Gloria.

¡Comimos los famosísimos nopales ultra enchilados con chorizo!

La primera vez que los probé juro que sentí que me desmayaría. En Comitán era un mequetrefe consentido hasta más no poder y apenas y comía un poco de picante. Pero fue en Coacalco cuando probé por primera vez ese fuego intenso en mi paladar. Me lloraron los ojos, se me entumió la lengua se me cerró el esófago y de la cabeza me salía vapor y se me escurrían los piojos calcinados por las orejas.

Esa es la iniciación para todo aquel que deba ser digno de degustar los famosísimos y deliciosos nopales ultra enchilados.

Se deben comer sin desmayarse ni morir en el intento.

Al final Baquente aún colorado por el picor se fue a su departamento y me dijo que me esperaba para culminar con la apocalíptica tarea.

Me despedí de él diciéndole que llegaría en cuanto terminara de lavar los trastes.

No fui, me quedé viendo películas de terror hasta tarde.

martes, 13 de enero de 2009

Las crónicas anacrónicas del niño zombie

Ziggy (aún piensa que soy un espectro de la cerveza)


Desde la primera vez en que Baquente y yo coincidimos por el gusto etílico hemos recurrido a las galeras mágicas y bien surtidas del tan famosísimo Ziggy (no Stardust).

¡Todo un personaje dentro de Vaquillas!

Realmente no recuerdo de dónde surgió su sobrenombre, creo que fue Kathrina y su ocio quienes bautizaron al buen hombre proveedor de Chips verdes y obviamente cantidades obscenas de Indio litro doscientos bien frías y degustables.

Desde lejanos tiempos Ziggy me ha visto llegar con cara de ansiedad a comprarle un par de reliquias efervescentes, cura de males y elixir de poeta de banqueta.

Por alguna extraña razón cabalística y baquenciana el buen amigo sólo me daba para comprar 2 cervezas.
Ni una más ni una menos.
Quizá es una especie de rito pagano de culto hacia los caniches descalzos o algo tan profundo como los misterios del Nekronomicón.

Siempre han sido de dos en dos.

De tal manera que Ziggy siempre me ve transformarme de joven sediento y desesperado a pedazo de ser humano tambaleante que ya sólo alcanza a balbucear aguardentosas sodomías. Pero el siempre sabe que cuando voy con la famosa bolsa negra es porque ya se acabó el par anterior y voy por más de ese líquido transformante.

Una más de las misiones cuando voy a por cerveza es fijarme en el vecindario, ver la movilización femenina y avisar al buen Baquente sobre cualquier indicio de minifaldas y escotes que ronden cerca de su casa. Siempre tenemos la esperanza de encontrar un grupillo de señoritas (y aunque no lo fueran) con actitud lasciva y desenfrenada dispuestas a beber galones y galones de alcohol y principalmente a compartir su núbil cuerpo con nosotros gallardos galancetes de esquina y damas de limpieza.

¡Pobres perdedores!

Generalmente las borracheras culminan como las empezamos: Presumiendo su vasta colección de Metallica y Pink Floyd, SOLOS, amargados y con los ojos más trabados que antes escuchando discos extraños de rock noventero de su época de rebelde skatopunkista.

“¿Ya escuchaste este disco, Saborío?”

Su voz suena cansada y ojerosa mientras pone algún disco extraño One hit wonder del 91 y comienza a tararearlo mientras acompaña el ritmo con su etílica cabeza. Yo le digo que no lo he escuchado y comienza a mofarse en su más puro argot ñerofresa y me dice que cómo es posible que no lo haya escuchado si es una pieza fundamental en la música, en el rock, en su vida y casi casi es piedra angular en la simetría cósmica del universo.

¡Bah!

“Sirve las otras mientras yo pongo éste (disco), ¡Si no lo has escuchado no vuelvas a hablarme en toda tu vida!”

Cuando estoy sirviendo lo último del elixir dentro de su vaso comienza a sonar otra musiquilla extraña y distorsionada, retazo de grunge sabor a Kurt con Smashings pero un poco más avant garde con violincitos electrónicos.

¡Doble bah!

Cuando le digo que no tengo ni puta idea de quienes son los que cantan su queridísima canción menea la cabeza y hace un sonido gutural de perro con asma en señal de suma y evidente decepción.

Estando ya en un estado espiritoso y al no haber conseguido alguna mademoiselle concupiscente para nuestros planes sodomitas Baquente comenzaba a hostigarme para mandar interminables telepatías a algunas conocidas virtuales que rondan en sus terruños y que yo mismo no he conocido. Es así como comienza el peregrinar maquiavélico… voy por otras dos cervezas, el toma sus medicinas contra el reflujo y ya estando tranquilos con el vaso lleno comienzo a enviar miles y miles de mensajes al celular, hasta la fecha esa técnica desesperada no ha funcionado para nada, todas nos ningunean de las formas más extravagantes e increíbles. Seguramente pueden percibir nuestras feromonas de perdedores mayúsculos en vías de degradación humana.

“Háblale a Male”

“Háblale tú, a mi me va a mandar al carajo”

Me hace caso y comienza a marcarle y no es necesario decir que verdaderamente nos manda al carajo esquina con infierno.
Abatidos seguimos la batalla contra la sobriedad.

Cuando la cerveza termina siempre tiene alguna botella de alcohol adulterado de potencia sublime en especial vodka y tequila.

¡Cuidado con sus Cosmopolitans!

Son la prueba más contundente de que el temor a Dios se ha visto relegado por completo.

El mentado potaje es una bomba alcohólica y amarga que sólo pueden beber los mamarrachos más borrachos de las nobles tierras de Tepito.

“¿Eres una nena, Saborío, te da miedo?”

Cuando me dice eso ya tiene el rostro sumido y los ojos rojos llorosos como si hubiese consumido media hectárea de cannabis del rudo y camina cual anciano carcomido por las hemorroides.

“¡Me da asco!”

Respondo con el rostro igual pero con cara de idem.

La alcoholemia…

Cierto es que Ziggy es el punto inicial de una noche incierta que termina con la conciencia un poco nublada y el hígado más agujereado.

Quizá piense que soy un espectro de la cebada que cada determinado tiempo aparece mágicamente por sus tierras acabándose su bebida de par en par hasta la madrugada.

¡Bendito sea nuestro proveedor de cerveza!

Las crónicas anacrónicas del niño zombie

En donde los caniches pastan descalzos (emotividad en papel bond)

Frío…


Dentro de la rumba esa a la que llaman suerte, frente a una puerta de cristal (esquina con la calle de mis vicios) te veré caminar con los pies hermosos vestidos de nubes y ríos de azafrán.

Cada segundo de espera a esa respuesta que no llega es como una tragicomedia paranoica en mi interior. No puedo dejar de mirar el segundero de un reloj viejo de tanto girar sin poder escapar de su suerte. Imaginando el porqué de esa ausencia maligna que no deja que respire como se respira cuando existe un poco de paz.

Mi corazón ha perdido el rumbo de su exilio, ha roto su manto de energúmeno contumaz y apasionado de la soledad.

Soledad, sólo contigo.

Y algo más.

Eterna como los cuentos de hadas, con los ojos inyectados de reliquias ultra lunares y esos cabellos que no pueden ocultar el pudor de esas mejillas con puntos de para siempre. En tus manos imagino el bosque encantado de sueños que reverdece can cada caricia acostumbrada al olor de tus muertes.

Corazón de marinero que guarda su tesoro en el epicentro de sus propios huesos…