jueves, 4 de junio de 2009

Cajas de galleta disfrazadas de secretos (Ironía)


El tiempo que pasa entre una y otra palabra tuya es igual a:

Un par de discos completos de Pink Floyd.
Mil palabras ajenas.

Ver…
Desfallecer al sol.
El renacer de las estrellas.

A veces las palabras de mi boca son la sorna de tu noche.
Y esperando, esperando y esperando…
Me quedo dormido, deseando, tan sólo deseando.

Y al volver desconozco a la que conozco.

Habré de ser otro yo para conocer el verdadero paradero de tu otro tú.

El que sólo supongo y busco mientras me quedo dormido.
Deseando, deseando tan sólo deseando.

Quisiera volver a ser como tú.

miércoles, 3 de junio de 2009

Espinaca


Uno de mis amigos Beat.
Pueden encontrarlo en alguna que otra crónica anacrónica.
D.

martes, 2 de junio de 2009

¿A quién le escribo?



¿A quién le escribo?

Me preguntas a lo lejos.

¿Para quién tanta palabrería.
Tanta absurda algarabía?

¿A quién le escribo?

Me pregunto secundando a tu eco.

¿Por qué tanto tiempo en el teclado,
viviendo de los versos, enamorados?

Y después de un breve lapso de ingratitud
e interrogantes intrigantes a lado de mi perro...


Respondo:

Escribo para ti que en tus labios (susurrando) cobran cuerpo mis palabras, que en tu mente se materializan los conceptos cumpliendo los preceptos de la gramática.

(En velorio místico de la lógica matemática)

Escribo para ti que sigues el ritmo de mis crónicas con tu lectura anacrónica.

Escribo para ti y para mí.

Para que exista un poco de Saborío en cada una de esas sonrisas y ascos que dejan mis huellas marchitas en mi prosa chovinista.

Para abrir las puertas a un mundo mejor que quisiera compartir con cualquiera que sepa caminar sin usar las piernas.

lunes, 1 de junio de 2009

El joven vendedor de hielo azucarado



El joven vendedor de hielo azucarado se regocija con las nínfulas que van a comprarle raspados con sus caritas colegialas e intelectuales.

Se pierde en esos muslos tiernos y pálidos que apenas y se logran ocultar entre calcetas y faldas.

En esos senos levantados que acarician por dentro esas blusitas de botones ligeros que cederían ante el menor movimiento de mano fulana.

¡Son fuego que se quema por dentro!

¡Es la miel que se escurre en fantasías de cama!

¿A qué olerá su sexo?

Sí sólo se alimenta de ganas.

Las pequeñas se van meneando las caderas y el joven vendedor de hielo azucarado se encierra en su baño a rendirles honor en papel sanitario.

1.618


Esta foto la tomé antes de ir a Guadalajara y sólo hasta hoy supe lo que significaba.

De algunas madrugadas

Despierto con el cuento hirviendo tratando de enterrar mi cuerpo en la piel desnuda del colchón.

Mi mente ha divagado toda la noche en el recuerdo dulzón del olor de tu cuello, en el sabor de tu sonrisa, en la miel de tu saliva.

Esos extensos besos que laceran mis labios. Donde las lenguas hacen el amor en un lecho de saliva.

¡No encuentro compasión ante este fuego que consume a mi cuerpo!

La ropa me destruye la piel.

¡Sálvame!

Arráncame la camisa y escurre tus dedos de menta en una piel hambrienta y sedienta de tus delicias.

Naufrago en el mar de sábanas sin encontrar esa isla fértil de tu cuerpo.

No encuentro la luna de tu mirada y la magia injusta de tus palabras.

Sé muy bien que tú al igual que yo, despiertas en medio de la penumbra buscando otra piel que te quite la sed y el deseo.

Despierto con el cuerpo hirviendo y sólo se lo cuento al colchón, al papel y al tiempo.

Quisiera ser él

“Tú lo sabes…”
-Gurú, en una noche beatnik con Los Anacrónicos


Quisiera ser él, que regodea los oídos con las palabras que yo tan sólo anhelo y que la cafeína y la bendita nicotina no saben decir como lo haces tú.

Quisiera ser él, que puede besar con los pies la misma tierra que perfumas con tus pasos apresurados, buscando algo que siempre logras encontrar. Me gustaría ser el que grite Eureka contigo.

Quisiera ser él, que sonríe contigo cuando se sientan a componer al mundo en un café o en el parque oscuro que yo sólo conozco por las palabras que nacen de tus ojos.

Quisiera ser él, que ocupa el tiempo a tu lado que yo quiero para mí, para escurrirme en tus suspiros y sentirme tranquilo y sin miedos.

Quisiera ser él, que te habla mal de mí y te convence que no soy para ti; y poder quedarme contigo.

Quisiera ser él, que aunque no lo dice es tu amante preciso sin el adjetivo conciso.

Quisiera ser él, que deja para mí, los serventesios que le sobran a sus oídos.

Quisiera ser él, que por momentos te comparte conmigo.