miércoles, 23 de septiembre de 2009

Wendy

Siempre mantiene la ventana abierta para Peter Pan.
No puede buscar entre sus piernas el punto del pecado,
la rosa del mandado y alivio al corazón.

Arde la piel sin otra piel
arde la voz sin grito
ni rito de gozo ni pasión.

Siempre mantiene la ventana abierta para Peter Pan.
No puede contra años de beata educación,
de monja nunca ha tenido la intención.

Una sombra en la balaustrada
se escurre como serpiente.

¡Una silueta parada en su balcón!

No es el niño fauno
sólo la sombra de su perversión.

martes, 22 de septiembre de 2009

Elektra

Su padre estaba frente a ella sorbiendo con desesperación la sopa en su cuchara,
devoraba trozos enormes de pan y se limpiaba las muelas con el dedo pulgar.
Tenía la nariz sudada y la camisa manchada.

¡Eres una puerca por quedar embarazada!

Cogió el tazón y bebió lo que quedaba de sopa.
Se desabrochó el cinturón y se reclinó en la silla viéndola con desprecio.

¡La culpa la tiene tu madre por enseñarte a andar con la cara como payaso y vestida de puta!

Bebió todo su jugo de sandía y se limpió la barbilla con la manga de su camisa.
Hizo estallar un largo y estruendoso eructo.

Se levantó acomodándose el pantalón.

¡Pendeja!

Se tragó las lágrimas y no se atrevió a decirle que no había tenido ninguna experiencia ajena y que ese hijo era de él.

La soledad no se cura con soledad

La soledad es el silencio que duele.

Vivía en una casa enorme en dónde sólo su eco y el espejo le correspondían el saludo.
Ni los amigos de infancia que en fin de semana la buscaban para beber en su casa ni sus tres hermanas podían quitarle el peso de un silencio que no se apartaba.


La soledad colecciona lágrimas en una vitrina de cristal.

Antes de dormir abrazaba al osito que dormía en su cama y su felpa era el escondite secreto de mil lágrimas que nunca se evaporaban.



Sus relaciones no eran lo más acertadas, buscaba siempre la patraña, el bolsillo lleno y la apariencia impecable. Entre tanto plástico no encontraba manos que le dieran la caricia con agrado y cuando las encontraba su humor las ahuyentaba de su lado.



La soledad es el dolor que se calla.

Borracha se sentía divina aunque al otro día entre latas y basura no hubiera nadie que le ayudara con la resaca.
Jamás le contó a nadie el vacío que la atormentaba.


La soledad envenena la personalidad.

Su hermana mayor harta de sus críticas prefirió omitir sus palabras.
Le dio la espalda.

Su hermana menor cansada de escuchar los mil defectos de su esposo y las mil y un formas de educar a sus hijos prefirió verla sólo los días de fiesta.
Nada más.


La soledad es la peor consejera.

Era tanta la necesidad de cariño que terminó casada con un niño que conoció perdido en el mar.
Él logró conquistar a una mujer entrada en edad y ella logró conseguir a un crío para domar.


Duraron el tiempo necesario para hacerse odiar.
Tarde aprendió que la soledad no se cura con soledad.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tengo una rutina vespertina para amarte (memorias de una dama)

Te veo partir desde mi ventana.
Los restos de tu saliva sobre mi piel me cubren del frío y disimulan mi desnudez.
Aún me escurre por las piernas el fruto de tu vientre.

Te veo partir desde mi ventana.
Te vas como si nada al mundo de rutina vespertina dejándome como una perra abandonada a la orilla de la nada.

Te veo partir desde mi ventana.
Me queda sólo un par de billetes de cien para cortarme el cabello y ser idéntica a tu madre.

Te veo partir desde mi ventana.
No me importan las miradas de la vecina ni los apodos que me grita por puta y concubina.

Te veo partir desde mi ventana.
Tu saliva se seca y tu semen me pica.

Te veo partir desde mi ventana.
Te odio por enamorarte de mi hermana.

Te veo partir desnuda desde mi ventana y no sé si volverás mañana.