Aún me debe un poco de mate...
jueves, 3 de septiembre de 2009
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Tengo una rutina vespertina para amarte (memorias de una dama)
Carta de un él a una ella.
En cada eco de mis pasos por Comitán está el eco de los tuyos, en cada sombra que construyo en mis paredes está la tuya tan desnuda como siempre.
El recuerdo es la psicofonía de tu cuerpo bailando como serpiente sobre las sábanas, con el rostro perdido en los restos del mar de caricias pendientes.
Cuando tu mente se pierde me vuelve a encontrar en aquel viejo rincón de libros oxidados y es entonces que retorna el amor que jamás habíamos olvidado.
Me gusta saberte indiferente porque indiferencia es la impertinencia que hace del amor un parasiempre.No quiero vivir lo que me resta de vida a tu lado, quiero vivir contigo lo que pueda -¡pero!-
completamente enamorado.
Confío tanto en ti como tú confías en el juramento de amor que todos los días gritas a mi balcón.
Admiro a tus pretendientes por no olvidarte y ser la paja de relleno en esta historia de dos que siempre suman más de cuatro.
Esta tarde te tengo un regalo y podrás tenerlo si aceptas seguir siendo mi justicia poética.
¿Qué dices, seguimos siendo amantes?
Decirte que te amo es inverosímil cuando a cada momento tu corazón sabe que lo hago.
En cada eco de mis pasos por Comitán está el eco de los tuyos, en cada sombra que construyo en mis paredes está la tuya tan desnuda como siempre.
El recuerdo es la psicofonía de tu cuerpo bailando como serpiente sobre las sábanas, con el rostro perdido en los restos del mar de caricias pendientes.
Cuando tu mente se pierde me vuelve a encontrar en aquel viejo rincón de libros oxidados y es entonces que retorna el amor que jamás habíamos olvidado.
Me gusta saberte indiferente porque indiferencia es la impertinencia que hace del amor un parasiempre.No quiero vivir lo que me resta de vida a tu lado, quiero vivir contigo lo que pueda -¡pero!-
completamente enamorado.
Confío tanto en ti como tú confías en el juramento de amor que todos los días gritas a mi balcón.
Admiro a tus pretendientes por no olvidarte y ser la paja de relleno en esta historia de dos que siempre suman más de cuatro.
Esta tarde te tengo un regalo y podrás tenerlo si aceptas seguir siendo mi justicia poética.
¿Qué dices, seguimos siendo amantes?
Decirte que te amo es inverosímil cuando a cada momento tu corazón sabe que lo hago.
Tengo una rutina vespertina para amarte (memorias de una dama)
Me olvido de ti en las mañanas para no acordarme de tu olvido y así por las tardes -sin temor- poder matarte.
Quiero dejar de verte como un sueño que no invierte.
¿Realmente valió la pena perderme por indecente?
A veces.
Quisiera devorar una vez más los besos que cuelgan de tus labios, beber con sed los suspiros de tu boca olvidando cada uno de tus engaños.
Mi recuerdo entierra tu nombre pero mi cuerpo no miente cuando por las noches me grita que no olvida el olor de tu simiente.
Quiero dejar de verte como un sueño que no invierte.
¿Realmente valió la pena perderme por indecente?
A veces.
Quisiera devorar una vez más los besos que cuelgan de tus labios, beber con sed los suspiros de tu boca olvidando cada uno de tus engaños.
Mi recuerdo entierra tu nombre pero mi cuerpo no miente cuando por las noches me grita que no olvida el olor de tu simiente.
viernes, 28 de agosto de 2009
Sugerencia.
"Cuentos de cuna para novias cualquiera"
Son historias para antes de dormir.
Preferentemente para damas.
Recomiendo leerlas escuchando música clásica y de preferencia desnudas sobre su cama.
Son historias para antes de dormir.
Preferentemente para damas.
Recomiendo leerlas escuchando música clásica y de preferencia desnudas sobre su cama.
Alorgasmia satánica

Las pequeñas faldas desconocían de sutileza cuando se le ocurría cruzar las piernas dejando ver unas bragas con encajes demasiado incitantes.
Escuchaba rock ´n´ roll, leía a Benedetti, le gustaba estar desnuda en su habitación y era amante de las fotos de penes en estado de erección.
Era novia de Lucifer pero flirteaba con Lucio Fernando.
Ella tenía dieciocho y él un dos antes del ocho.
Ella era la fantasía erótica de todo profesor y él se había convertido en el escape de la rutina femenina.
Él
Mientras el jabón recorría su cuerpo delgado imaginaba que eran los pechos desnudos y lubricados de Karina que le acariciaban su nueva piel.
La recordaba con sus minifaldas de colegiala y esas piernas blancas que tan a menudo le mostraba cuando él trataba de explicar encuadres o la importancia de la regla de tercios.
¿Quién piensa en esa mierda simétrica cuando hay un par de ojos verdes, una sonrisa cochina, un par de placeres entre un escote sin recato y un par de muslos blancos bajo un burdo intento de uniforme?
Lucio Fernando se laceraba la erección pensando en la felación que esa niña sabía hacer.
La erección no toleró tanta fricción y sucumbió a la imaginación
Reventaba en una cantidad exagerada de tibia polución que escurría en sus piernas entre gotas de agua con jabón.
La moderada pero robusta erección sucumbía y la sangre amotinada volvía a su curso normal.
Ella
Paseaba por su cuarto desnuda leyendo a Milton y escuchando a los Rolling Stones.
Lucifer siempre de viaje y ocupado nunca le decía un:
“Qué bonita te ves”
A pesar de que a veces era la envidia de la misma luna.
Jamás le regalaba un piropo.
Se dormía 3 segundos después de inundarla de simiente satánica.
Pasaba la mayoría del tiempo sola. Lucifer se ausentaba mucho y nunca tenía tiempo para ella. Se conformaba con invocar su nombre acurrucada sobre su cama con su almohada entre sus piernas blancas.
Imaginaba que esa caricia de algodón era la mano de su amado que por fin había decidido acariciarla con ternura y amor. Apretaba las piernas y sentía como el algodón acariciaba sus partes y le entumía el cuerpo. Su interior comenzaba a quemar hasta que explotaba dejando una mancha cremosa sobre su almohada.
Entró al colegio.
Vio a Lucio Fernando.
Cabello largo y negro, pálido, con una vestimenta nada relevante y oscura, lentes a lo Lennon y una cámara Cannon colgada al cuello.
Horas después se enteró de que sería su profesor de fotografía periodística.
Ella vio como él florecía cuando la veía y supo lo que sentía.
Sonrió al reconocer esa mirada ligeramente satánica.
Por el abandono de su novio, por la autoestima derrotada y por la soledad del eco en sus palabras y por la emoción de esa aventura previamente pactada se entregó a su papel de colegiala.
La aventura
Fue entonces que comenzó el flirteo, fue entonces que comenzó el deseo.
Poco a poco se fue olvidando de Lucifer, perdió la costumbre de pasar horas viendo al celular esperando una llamada o un mensaje, olvidó cómo florecer cuando lo veía conectado por internet, olvidó reclamarle las tonterías de novia celosa para después terminar convenciéndose que la tonta era ella.
Los piropos que Lucifer nunca le dio, los oídos que nunca le prestó, los comentarios mimosos de los que tanto se mofó, el tiempo y la atención que no le regaló…
Todo lo conoció con Lucio Fernando.
Comenzó a piropearla como todo un don Juan y ella no paraba de mostrarle un par de pálidas tentaciones bajo un escote morado. Sus peinados excéntricos y su actitud rebelde eran el aliciente para que invirtiera miles de cartas y palabras obscenas por el messenger.
Fue en el primer sábado de primavera cuando las manos de Lucio Fernando exploraban bajo sus faldas y le bajaban con lentitud las bragas.
Se le ponía la carne de gallina.
Le quitó las calcetas y le dejó los pies desnudos y los recubrió con tiernos besos que le acalambraban el cuerpo con sensaciones que nunca había imaginado que existían.
Su cuerpo comenzó a convulsionarse de nervios y placer.
Tenía los pies más hermosos del mundo y Lucio Fernando sabía cómo acariciarlos, sabía cómo besarlos y cómo usar la lengua en sus dedos rosados de uñas perfectas.
Mientras él estaba arrodillado besándole los pies y acariciando sus piernas ella se quitó la blusa y dejó en libertad a sus pechos que florecieron y brillaron dentro del cuarto de revelado del colegio.
Sentía que su cuerpo iba a estallar, de su vientre manaba una cantidad increíble de lava ardiente.
Agarró de los cabellos a Fernando y lo aprisionó para devorarle la boca en un beso.
Le quitó la camisa y enterró sus uñas sobre su pecho y le dejaba marcas moradas sobre el cuello.
Con una prisa voraz terminó de desnudarlo y comenzó a acariciar con ferocidad el miembro gordo que tenía rígido como un cuerno entre las piernas.
Tenía tantas ganas de arrancárselo y llevarlo consigo siempre de guardarlo bajo su almohada de devorarlo, de tenerlo entre sus piernas para siempre.
Lo mordisqueó con pasión y lo trituró entre sus manos.
Cogiéndolo de las caderas lo aprisionó, abrió sus piernas y ella misma enterró su miembro hasta sentirlo más allá del límite de lo profundo.
No pudo suprimir el grito…
Aulló más fuerte que los lobos.
Lucio Fernando poco a poco cobró el cuerpo de Lucifer y Karina la veía extasiada a través de sus ojos verdes.
-¡Imposible que no nos hayan escuchado!
Lucifer le beso cariñosamente los labios.
-No te preocupes, a veces no es tan malo ser el diablo.
Ella sonrió.
-No es tan malo jugar a ser extraños.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Tattoo you
Sentía como sus labios eran llevados con tierna pasión por los suyos, sentía como sus dientes hacían una pequeña presión sobre su boca y como su lengua bailaba con arrogancia y maestría sobre la suya.
Le encantaba sentir como su barba le raspaba el rostro, sentía cosquilleos y hacía que se le durmieran los pies y le temblaran las piernas.
Él no era guapo, pero su personalidad atraía a cualquier fulana en especial a “las locas” y a las profanas.
Cuando lo vio en aquella cafetería extraña, entre humo de café, un trozo de pastel y un libro de Pablo Neruda supo que aquel hombre sería el siguiente en ver el tatuaje de iguanas que tenía en su vientre.
Un hola y una sonrisa boba marcaron la diferencia entre el hubiera y el incógnito.
Un par de semanas bastaron para que se robara sus labios.
Sentía como sus manos varoniles se aferraban a su cuello y su respiración perdía la cordura. Las mordidas se convertían en una deliciosa tortura.
Los veinticinco peluches que dormitaban en su cama eran los únicos testigos de la escena romántica.
Con el cuerpo endeble y gruñendo de excitación le quitó la camisa dejando su pecho descubierto dejando relegada a la absurda imaginación.
Tenía los vellos exactos para considerarlo perfecto.
Ella se dejó liberar con sutil impertinencia de la delgada blusa morada.
No usaba sostén.
El Romeo aquel aprisionó entre sus manos el par de pequeños senos que luchaban por tener un lugar en el espacio.
Ella le mordió el pecho y recorrió con la lengua su cuello hasta enterrarla en su boca.
Cuando le quiso bajar la falda ella opuso una pequeña resistencia y con felina destreza se las arregló para bajarle los pantalones y observar un bulto promedio que parecía monstruoso gracias al efecto de esos interiores graciosos.
Los interiores se deslizaron al suelo.
Sus labios fueron penetrados muy lentamente por aquel enhiesto miembro de belleza peculiar.
Sintió como palpitaba cada vez más fuerte e iba floreciendo envuelto entre su lengua.
La tomó de los cabellos y la arrojó sobre la cama.
Ella estaba completamente extasiada relamiéndose los labios el sabor a sexo que aún conservaban.
El galán le bajó la falda en un solo movimiento y la tuvo desnuda sobre las cobijas.
Tenía los pies hermosos, las piernas largas y una erección monstruosa brotándole de la entrepierna.
Su erección era mucho más grande y rolliza que la de su acompañante.
Pero eso no parecía importante.
Anonadado lanzó una maldición estridente y señaló con furia a su vientre.
“¡Detesto los putos tatuajes!”
Ella sonrió tapándose el vientre con una almohada.
Le encantaba sentir como su barba le raspaba el rostro, sentía cosquilleos y hacía que se le durmieran los pies y le temblaran las piernas.
Él no era guapo, pero su personalidad atraía a cualquier fulana en especial a “las locas” y a las profanas.
Cuando lo vio en aquella cafetería extraña, entre humo de café, un trozo de pastel y un libro de Pablo Neruda supo que aquel hombre sería el siguiente en ver el tatuaje de iguanas que tenía en su vientre.
Un hola y una sonrisa boba marcaron la diferencia entre el hubiera y el incógnito.
Un par de semanas bastaron para que se robara sus labios.
Sentía como sus manos varoniles se aferraban a su cuello y su respiración perdía la cordura. Las mordidas se convertían en una deliciosa tortura.
Los veinticinco peluches que dormitaban en su cama eran los únicos testigos de la escena romántica.
Con el cuerpo endeble y gruñendo de excitación le quitó la camisa dejando su pecho descubierto dejando relegada a la absurda imaginación.
Tenía los vellos exactos para considerarlo perfecto.
Ella se dejó liberar con sutil impertinencia de la delgada blusa morada.
No usaba sostén.
El Romeo aquel aprisionó entre sus manos el par de pequeños senos que luchaban por tener un lugar en el espacio.
Ella le mordió el pecho y recorrió con la lengua su cuello hasta enterrarla en su boca.
Cuando le quiso bajar la falda ella opuso una pequeña resistencia y con felina destreza se las arregló para bajarle los pantalones y observar un bulto promedio que parecía monstruoso gracias al efecto de esos interiores graciosos.
Los interiores se deslizaron al suelo.
Sus labios fueron penetrados muy lentamente por aquel enhiesto miembro de belleza peculiar.
Sintió como palpitaba cada vez más fuerte e iba floreciendo envuelto entre su lengua.
La tomó de los cabellos y la arrojó sobre la cama.
Ella estaba completamente extasiada relamiéndose los labios el sabor a sexo que aún conservaban.
El galán le bajó la falda en un solo movimiento y la tuvo desnuda sobre las cobijas.
Tenía los pies hermosos, las piernas largas y una erección monstruosa brotándole de la entrepierna.
Su erección era mucho más grande y rolliza que la de su acompañante.
Pero eso no parecía importante.
Anonadado lanzó una maldición estridente y señaló con furia a su vientre.
“¡Detesto los putos tatuajes!”
Ella sonrió tapándose el vientre con una almohada.
martes, 25 de agosto de 2009
La breve historia de un amigo que amaba a su amiga
Marianela callada, introvertida y pervertida.
Lescieur extrovertido, risueño y divertido.
Ella le dio su contraseña de correo electrónico a él.
Él se encargaba de asustar a sus pretendientes por internet.
Ambos sabían que se gustaban pero nadie nunca dijo nada.
Peleaban todo el tiempo con las ganas que se tienen un hombre y una mujer.
Se prodigaban el amor disfrazado de hiel.
Marianela escribía en su libreta versos románticos para Lescieur.
Ella nunca le dijo que eran para él.
Lescieur musicalizaba las palabras de Marianela.
Sin decirle que la música la compuso pensando todo el tiempo en ella.
Ella leía todo el tiempo en un rincón de su habitación.
Él caminaba descalzo recolectando florecillas que nunca le dio.
Marianela prefería una tarde de helado con él a una tarde a lado de su enamorado.
Lescieur mentía a Sofía para ir a ver el nuevo dibujo que Marianela le tenía preparado.
Marianela lastimó muchos corazones queriendo que fueran él.
Lescieur murió de cáncer sin decirle que su vida la tenía consagrada a ella.
Marianela vivió de mal humor por el resto de su vida.
Lescieur se pudrió en silencio bajo tierra sin su querida.
Lescieur extrovertido, risueño y divertido.
Ella le dio su contraseña de correo electrónico a él.
Él se encargaba de asustar a sus pretendientes por internet.
Ambos sabían que se gustaban pero nadie nunca dijo nada.
Peleaban todo el tiempo con las ganas que se tienen un hombre y una mujer.
Se prodigaban el amor disfrazado de hiel.
Marianela escribía en su libreta versos románticos para Lescieur.
Ella nunca le dijo que eran para él.
Lescieur musicalizaba las palabras de Marianela.
Sin decirle que la música la compuso pensando todo el tiempo en ella.
Ella leía todo el tiempo en un rincón de su habitación.
Él caminaba descalzo recolectando florecillas que nunca le dio.
Marianela prefería una tarde de helado con él a una tarde a lado de su enamorado.
Lescieur mentía a Sofía para ir a ver el nuevo dibujo que Marianela le tenía preparado.
Marianela lastimó muchos corazones queriendo que fueran él.
Lescieur murió de cáncer sin decirle que su vida la tenía consagrada a ella.
Marianela vivió de mal humor por el resto de su vida.
Lescieur se pudrió en silencio bajo tierra sin su querida.
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