Un beso en las manos de las chicas poetas que bajan braguetas con la simetría de sus letras. Que llaman al pan, pan y al deseo, cariño.
Guarda compostura, no hace falta un cura, sólo noches que tachar.
Paga el hospedaje, vino, nicotina y una rosa con espinas que corone a las meninas que no saben defraudar.
Un beso en las lenguas de las chicas poetas. Si las besas, no sabrás discernir entre todas esas bocas que besaban como locas sin dejar de escribir:
Poemas de cuché en las noches de sobra, rimas de artificio, juramentos libertinos que no pueden faltar. Ditirambos a la luna que no sabe perder ante los ojos de ninguna que no sepa brillar.
Guarda compostura, no hace falta un cura, sólo tiempo que ganar.
Un beso en las mejillas de las chicas poetas que te guían la mano solitaria con sus tres tristes rimas que dicen más de lo que Playboy podría opinar.
Yo que me acomodaba en escombros de miseria y ecos de rutina no sabía que perdía noches de lujuria en los juegos de las chicas que escriben versos olvidando la propina.
Guarda compostura, no hace falta un cura, sólo una ronda de pecados a guardar.
Un beso en las tetas de las chicas poetas que son más geométricas que cualquiera que vaya por tierra teniendo alas fonéticas para volar.
Ya no me importa si mi dama busca otra cama, que se fue con la intención de abusar de la artemisa. Sólo quiero ir a misa con la chica que costuró lo mejor de mi apellido en su falda de novicia.
Guarda compostura, no hace falta un cura, sólo dos que sepan jugar el corazón en silencio y con locura.
Un beso a las chicas poetas por enlutar con letras a las noches sin consecuencias.
lunes, 30 de noviembre de 2009
sábado, 28 de noviembre de 2009
Lo que queda de mí
Entre todas las mujeres tenías que ser la menos embustera en amor a cuentas corrientes. Yo que nunca he buscado el romance en la cordura, me perdí en la prosapia de tu lengua sin costura.
El derroche de palabras en tu honor me dejó un doctorado cursi y simplón que he colgado en la cremallera que antes fue el juego de quita y pon sin censura. Ahora apenas puedo escribir tu nombre acompañado de algunas palabras borrachas en el polvo de los coches.
Te llevaste todo menos los borceguís de lana que tanto me apasionaban cuando los rimabas con tu vientre envuelto en llamas.
Te diste a la fuga a mitad de un suspiro mientras yo cocinaba los besos para el desayuno después de una marejada de rasguños encadenado en la cama.
Lo que queda de mí será donado a las otras, que no reparaban en completar las palabras cuando te olvidabas que yo también necesitaba frases de amor en la madrugada.
Lo que queda de mí será el despojo de un camaleón que aprendió a convertirse en tus sueños cuando ya estabas de musa enamorada en camas sin dueño.
Lo que queda de mí será el recuerdo burlón de un corazón sureño.
El derroche de palabras en tu honor me dejó un doctorado cursi y simplón que he colgado en la cremallera que antes fue el juego de quita y pon sin censura. Ahora apenas puedo escribir tu nombre acompañado de algunas palabras borrachas en el polvo de los coches.
Te llevaste todo menos los borceguís de lana que tanto me apasionaban cuando los rimabas con tu vientre envuelto en llamas.
Te diste a la fuga a mitad de un suspiro mientras yo cocinaba los besos para el desayuno después de una marejada de rasguños encadenado en la cama.
Lo que queda de mí será donado a las otras, que no reparaban en completar las palabras cuando te olvidabas que yo también necesitaba frases de amor en la madrugada.
Lo que queda de mí será el despojo de un camaleón que aprendió a convertirse en tus sueños cuando ya estabas de musa enamorada en camas sin dueño.
Lo que queda de mí será el recuerdo burlón de un corazón sureño.
viernes, 27 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Tu silencio y el mio
Saca tus maletas y guarda lo menos indicado, en el viaje que tengo planeado no hace falta más que mis labios y tu cintura. Pierde el miedo a quedarte enamorada que yo no soy de los que usan tú antigua morada tan solo para obviar la calentura.
No lleves botas ni ropa. No te servirán de nada si estamos toda la noche platicando sobre el rastrojo de una cama alquilada.
No olvides la llave de tu castidad impuesta y si traes el licor de frambuesa no respondo si comienzo con la poesía francesa. No olvides el jabón y las burbujas para espantar a las brujas de la vida moderna.
Puerto de caricias, muñeca de marfil, nadie tiene por qué saber lo que pasa entre tu silencio y el mio.
Dirás que dormiste temprano y yo diré que el tiempo se fue volando en papeleos y mandados.
Nos veremos en el rincón de siempre. Donde no existe el pasado y el futuro no es la extremaunción que dejan los votos y los anillos en liquidación.
Vamos a quitarnos la melancolía de una sobriedad a lado de parejas aburridas y preocupadas por enlutarnos ante sus manos amantes que juegan como nosotros al orgasmo sin soledad y con chistera.
Al final hogar dulce hogar sin huella de esta querella de cama ajena al sol de la mañana.
No lleves botas ni ropa. No te servirán de nada si estamos toda la noche platicando sobre el rastrojo de una cama alquilada.
No olvides la llave de tu castidad impuesta y si traes el licor de frambuesa no respondo si comienzo con la poesía francesa. No olvides el jabón y las burbujas para espantar a las brujas de la vida moderna.
Puerto de caricias, muñeca de marfil, nadie tiene por qué saber lo que pasa entre tu silencio y el mio.
Dirás que dormiste temprano y yo diré que el tiempo se fue volando en papeleos y mandados.
Nos veremos en el rincón de siempre. Donde no existe el pasado y el futuro no es la extremaunción que dejan los votos y los anillos en liquidación.
Vamos a quitarnos la melancolía de una sobriedad a lado de parejas aburridas y preocupadas por enlutarnos ante sus manos amantes que juegan como nosotros al orgasmo sin soledad y con chistera.
Al final hogar dulce hogar sin huella de esta querella de cama ajena al sol de la mañana.
lunes, 23 de noviembre de 2009
El fantasma de la madrugada
Diario de navegación del capitán Espada Oxidada
Una noche sin estrellas jugaba a contarme las canas, las penas por amor perdidas y en todas las veces que pensé en limarme las venas. Entre la pereza y el hastío decidí dormirme deseando despertar un poco menos vivo. En ese momento se apareció el fantasma de la madrugada que llevaba por nombre: Camareta, antiguo tripulante de esta embarcación ambulante.
El espectro tenía la mirada triste y bebía arena en una botella de ron.
-¿Qué pasa Camareta? Te ves como me siento.
-El cielo no es lo que esperaba -respondió-. Al principio te lo pintan tan barroco y romántico pero en realidad es burocrático y rompe con la semántica poética que enseñan los abuelos.
-¡Waildes!* Yo que esperaba morir para dejar de sufrir en esta vida y resulta que la otra es igual de aburrida.
Camareta bebió un largo trago de arena.
-No, capitán Espada. No todo es tan horrible en el otro horizonte de la vida, el Infierno es todo lo contrario a lo que acabo de referirle. Hay ciencia, arte y poesía.
-¿Y qué diablos esperas, cabezota?
-No es tan fácil capitán, el diablo se ha vuelto resabiado y ya no deja entrar a los piratas porque dice que somos los más humanos del planeta.
-No todos tenemos la suerte de nacer poetas. Camareta, puedes seguir en este barco que antes fue tu hogar y tu lugar de trabajo.
Anécdota
Camareta -en vida- era tan guapo que ninguna dama digna de la santidad podía resistirse a su encanto. Una noche cualquiera, un grupo de sirenas llegó a enamorarlo con una extraña canción. Lejos, muy lejos de todo, las ondinas devoraron su cuerpo y con sus huesos construyeron joyas para verse mucho más hermosas.
Noche
Camareta seguía bebiendo arena.
El fantasma conservaba la imagen de un chico de 20 años, esa edad tenía cuando pasó a supuesta mejor vida. Pero su apariencia estaba por completo sumida en una depresión aún más aguda que la mía.
-Pero capitán, este barco ya no tiene dirección.
Cuando dijo eso, me levanté y me sacudí el jubón.
-¡Camareta! Dime donde están tus sueños y tendremos rumbo de nuevo.
El fantasma de la madrugada sonrió y me dio una botella de ron marca ‘Paraíso’
-Bebamos hasta encontrar el destino.
*Waildes es una palabra piratesca que se usa para designar algo que es muy salvaje.
Una noche sin estrellas jugaba a contarme las canas, las penas por amor perdidas y en todas las veces que pensé en limarme las venas. Entre la pereza y el hastío decidí dormirme deseando despertar un poco menos vivo. En ese momento se apareció el fantasma de la madrugada que llevaba por nombre: Camareta, antiguo tripulante de esta embarcación ambulante.
El espectro tenía la mirada triste y bebía arena en una botella de ron.
-¿Qué pasa Camareta? Te ves como me siento.
-El cielo no es lo que esperaba -respondió-. Al principio te lo pintan tan barroco y romántico pero en realidad es burocrático y rompe con la semántica poética que enseñan los abuelos.
-¡Waildes!* Yo que esperaba morir para dejar de sufrir en esta vida y resulta que la otra es igual de aburrida.
Camareta bebió un largo trago de arena.
-No, capitán Espada. No todo es tan horrible en el otro horizonte de la vida, el Infierno es todo lo contrario a lo que acabo de referirle. Hay ciencia, arte y poesía.
-¿Y qué diablos esperas, cabezota?
-No es tan fácil capitán, el diablo se ha vuelto resabiado y ya no deja entrar a los piratas porque dice que somos los más humanos del planeta.
-No todos tenemos la suerte de nacer poetas. Camareta, puedes seguir en este barco que antes fue tu hogar y tu lugar de trabajo.
Anécdota
Camareta -en vida- era tan guapo que ninguna dama digna de la santidad podía resistirse a su encanto. Una noche cualquiera, un grupo de sirenas llegó a enamorarlo con una extraña canción. Lejos, muy lejos de todo, las ondinas devoraron su cuerpo y con sus huesos construyeron joyas para verse mucho más hermosas.
Noche
Camareta seguía bebiendo arena.
El fantasma conservaba la imagen de un chico de 20 años, esa edad tenía cuando pasó a supuesta mejor vida. Pero su apariencia estaba por completo sumida en una depresión aún más aguda que la mía.
-Pero capitán, este barco ya no tiene dirección.
Cuando dijo eso, me levanté y me sacudí el jubón.
-¡Camareta! Dime donde están tus sueños y tendremos rumbo de nuevo.
El fantasma de la madrugada sonrió y me dio una botella de ron marca ‘Paraíso’
-Bebamos hasta encontrar el destino.
*Waildes es una palabra piratesca que se usa para designar algo que es muy salvaje.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Esmailín Alot volvió a brillar en ojos extraños

Lo conoció en la fiesta de un amigo en común. Ella se encontraba sentada en una mesa bebiendo vino tinto cuando él se apareció. Estaba borracho y tenía una pinta extraña que no encajaba en la ciudad donde se encontraban.
El chico fue a saludar a gran parte de los invitados y principalmente al festejado. Tomó asiento en una mesa donde se encontraban algunos de sus colegas que le recibieron con algunos abrazos.
Esmailín tenía una sensación rara. Sentía una atracción mundana por aquel extraño vestido de negro. Tenía un aire encantador a pesar de la cara de sangrón.
Comenzó con las averiguaciones y le dijeron que se llamaba Eslogan y que tenía por oficio las letras y el alcohol.
Esmailín apagó el cigarrillo que tenía entre los dedos y en una servilleta comenzó a escribir algo con letra apresurada, al terminar le pidió de favor a un mesero que le llevara la nota al caballero de negro quien luego de leer el mensaje y sonreir como sólo Malicia puede hacerlo, se colocó los anteojos y buscó a la dueña de esa letra imperfecta.
Esmailín bebía de su copa y veía como Eslogan recorría a los invitados tratando de encajar el rostro en aquel extraño mensaje. Cuando posó sus ojos sobre ella se detuvo un instante y siguió la búsqueda hasta que se decidió por guardarse la servilleta y pedir otra cerveza.
La remitente sacó otra servilleta y escribió un nuevo mensaje que nuevamente sería entregado al caballero de negro pero por otro emisario.
Esta vez, la reacción fue más graciosa, pues vio como las mejillas del chico se pusieron coloradas y fue la burla de todos sus camaradas. Con una sonrisa apenada comenzó a escribir algo en una nueva servilleta y pidió al mensajero que se lo devolviera a la misma dama.
El mensaje decía:
“Después de todo, conocer tu rostro rompería el encanto”.
La pequeña bromista prendió un cigarrillo y se puso a recordar que esa misma mañana le había dicho lo mismo que decía el mensaje a su novio y éste simplemente le puso una cara aburrida y le pidió que cerrara con fuerza la puerta al salir.
Envió una nueva servilleta repitiendo toda la parafernalia y en seguida llegó la respuesta:
“Sufrimos del mismo problema”.
Esmailín suspiró y lo vio con cautela. Se preguntó el porqué lo familiar rompe con lo espectacular y hasta le quita la pleitesía a la poesía.
El siguiente mensaje sería para pedirle el número de celular. Al obtener respuesta se despidió de sus colegas y se fue sin voltear a ver a su extraño.
Desde esa noche, los mensajes que antes eran menospreciados fueron enviados a otros espacios. En otros ojos consiguió caricias y otros labios le pintaron sonrisas.
Desde esa noche Esmailín Alot recuperó su poesía y se acostó temprano para enviar misivas a su extraño sin olvidar las dos palabras de rutina al novio de años que sólo daba un timbre de enterado.
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