sábado, 11 de diciembre de 2010

Boceto para el comic 'Anécdotas pánicas'


Este es uno de los bocetos del cómic Anécdotas pánicas el cuál se está gestando con aquel aguardentoso y valeroso amigo Ciannon.

Pronto más detalles pánicos.

D.

lunes, 6 de septiembre de 2010

lunes, 30 de agosto de 2010

Jugando con el niño desagradable (fiesta pánica

El niño desagradable estaba en el centro de mi habitación. Le cubría el cuerpo desnudo con filetes de pescado mientras recitaba los versos más tristes de esa noche.

Lentamente fueron entrando cuatro damas vestidas de Santa Muerte. Cada una de ellas portaba una guadaña e iba montada sobre un puerco.

El niño desagradable sentía fluir el calor del veneno entre sus venas. Había bebido una botella de laúdano mientras veía una película de terror amarrado frente al televisor.

Las damas seducidas por la lujuria comenzaron a acariciarle el cuerpo. Una joven erección brotó entre sus muslos Las damas con sublimes caricias hicieron manar un río de semen que bebieron hasta la última gota mientras el niño desagradable se perdía en la profundidad de una mueca de placer, despreciable.

Lentamente entró un grupo de jóvenes músicos. Comenzaron a tocar melodías disonantes que excitaban a las damas, se retorcían en el suelo dándose de golpes en el vientre tratando de satisfacer sus anhelos carnales.

El niño desagradable gritaba con lujuria y se relamía los labios. Estaba atado a una silla con los ojos vendados y el cuerpo desnudo cubierto con filetes de pescado. La excitación, el vino y las caricias lo habían transformado en una bestia libertina.

De mi armario saqué un látigo y comencé a azotar al niño desagradable para domar el espíritu de lujuria que le poseía mientras las damas se desnudaban con el sonido del castigo.

Aquella criatura tan desagradable lanzaba estridentes aullidos que estimulaban en el látigo su lado más punitivo .La sangre comenzó a fluir con estruendoso sigilo.

Los gritos y la música se disolvieron en un monstruoso sonido.

Las damas comenzaron a expulsar serpientes de la vagina y yo las colocaba en el cuerpo del niño que no paraba de llorar y gritar de una forma horrorosa, sumamente desagradable. Las serpientes se enrollaron en él y comenzaron a inyectarle veneno.

Los músicos dejaron de tocar y se abalanzaron sobre las damas. El único ruido provenía de lo gritos del mezquino infante y los cuerpos sudorosos entregados al apareamiento trepidante.

Los puercos estaban hambrientos. No habían sido alimentados como es debido. Los dejé en libertad y comenzaron a devorar los filetes de pescado con todo y cuerpo de niño envenenado.

Yo me desnudé y me vestí de poeta mientras gritaba los versos más tristes de esa noche en medio de la fiesta.

El niño desagradable había venido a jugar y se encontró con la bohemia pánica de mis amigos.
Representamos una obra sin testigos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Jamás me aprendí su nombre


Cuando te conocí acababa de matar a mi esposa. Preferí quemar y enterrar mi corazón a seguir amando a esa mujer con celos que me quitaba los deseos de serle fiel.


Esa noche mientras la esperaba me emborraché y me vestí de mi madre. Cogí el revolver de mi abuelo y lo coloqué entre mis piernas. Era luna llena y yo buscaba transmutarme en bestia para escupir aullidos y reventarle el alma a tiros.


Las botellas de aguardiente se vaciaban con el poder de la sed, la miseria y la mente. Mis ideas se nublaban con el aterciopelado sonido del mar.


Aún buscaba en las estrellas aquella coordenada que me llevó a la avenida transitada de su cuerpo donde perdí el acuerdo de castidad en alguna parte de su escote. Pero el camino se había perdido en el obsceno canto del tecolote.


Jamás me aprendí su nombre. Pero extraño su arte de amar en las noches de temperatura peligrosa cuando sólo existe un vacío en el colchón que no sabe curar la fiebre del solitario.


Cuando llegó, me encontró en la habitación completamente borracho y travestido con una erección de cañón enfurecido.


Antes de decir cualquier estupidez le disparé hasta verla morir. Me cambié de ropa y me fui al malecón donde te vi emborrachándote sola con un vino de porquería.


Cuando te conocí acababa de matar a mi esposa. Preferí quemar y enterrar mi corazón a seguir amando a esa mujer con celos que me quitaba los deseos de serle fiel. Fuiste la compañía oportuna para mis noches de locura.


Esa misma noche nos fuimos a tu cama pero no sentí nada. Comprendí que lo único bueno de mi esposa era que sabía hacerlo como una diosa. Algo bueno le dejó todo el tiempo que sobrevivió intercambiando caricias por amores de mentiras.

Jamás me aprendí su nombre y el tuyo… comienzo a olvidarlo.