sábado, 6 de septiembre de 2008

Breve carta sobre la delirante Pasión (Un cualquiera)

Querida Pasión:

Ningún humano en su peculiar percepción sabrá imaginar tu belleza.

Recorrimos el mar Euxino en nuestro barco de vainilla. Siempre desnudos acariciándonos el cuerpo y trazando mapas de besos tratando de encontrar el punto corrosivo del orgasmo.

Mareados, soportando esa ansia de explotar en todos los sentidos, de vaciar mi simiente y beber la tuya hasta quedar perdidos en la química de tu cuerpo impertinente.

¿Recuerdas aquel viaje al paraíso terrenal? en ese roble viejo y hermoso cuando te quité la túnica y mis manos recorrieron tu suave piel.

Aprisionaba entre mis dedos aquellos rosados pezones que se endurecían cubriéndose de núbil carmín.

Recuerdo la frialdad de tus hombros y mi lengua enterrándose en ellos con el grito profundo de una mandrágora.

Tus finísimas manos me despojaron de la túnica y tomando mi amor encarnado le hiciste pleitesía con los dedos enredados entre tus rizos alborotados.

Tus mejillas coloradas, tus ojos entrecerrados y tus labios acalorados siguiendo el ritmo del mar entre mis piernas.

Bebí de los dedos de tus pies el vino que nunca calla y siempre corre, subiendo lentamente por los pilares de tus piernas hasta llegar a la puerta secreta de tu alma.

Húmeda de amor, pequeña, pero con el umbral suficiente para hospedar a la lujuria.

Mis labios la besaron y mi lengua serpenteó descubriendo un manantial aún más perfecto que el vino y los pozos mágicos del azar.

Un manantial dulce y salado que comenzó a recorrer mi boca transportando mis murmullos a mundos imaginarios y sueños perplejos de adoquines y marionetas.

Sentí el peaje de tu cuerpo reteniéndome con sudores.

Gritabas y nos retorcíamos bailando en los jardines de Plutón.

Gastando en cada aullido cada una de las sílabas de nuestros nombres.

Caíste de espaldas sobre el tibio monte estival, rendida ante el placer.

Una gota de licor corría por la comisura de tus labios.

Tus brazos descansaban sobre tus pechos y tus piernas abiertas se rendían ante la brisa y el sueño.

Las musas al momento de terminar su dialéctica amorosa saben hablar en el idioma de las rosas.

Ahora que estas muerta, me di cuenta que sigo sin recordar tu nombre, querida Pasión.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

A mí me tocó saber de ese árbol. Maravilla de relato! Quién fuera la protagonista...
Beso Saborío.
Devendra.

Daniel Saborío dijo...

Seguro has estado con la protagonista.

:)

-bNbrYt.- dijo...

No cabe duda que te traigo muerto .. jajajajaja...
besos Dan

Anónimo dijo...

yo solo sé que es exquisitamente excelentoso!!! se lo he dicho ud. escribe muy bien alimenta algunas almas!!!
yana

malerige dijo...

ayyyyyyyy pero que extaciante......


ha sido como recordar las horas de pasion entre el sr. johnson y yo...aquellas horas en las que perdemos nuestros cuerpos y nos elevamos a otro mundo lleno de orgasmos y eyaculaciones jajajajaja.......


saludisimos