sábado, 10 de enero de 2009

Las crónicas anacrónicas del niño zombie

¡Joder, no polafó…! (Surrealista)

Nuevamente en el Renault Clío plata…

No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando el riñón está despertando y pareciera que va asfixiando a cada órgano que encuentra en su camino con el único fin de sentirse libre de la malévola marea rancia de alcohol que inunda a su espinal de caracol.

Apenas estaba cerrando la puerta del coche y ya comenzaba a sentir disturbios punzocortantes en el cuerpo, la visión se iba tornando extraña como ese pequeño halo que se ve en los coches bajo el calor de sol. El sudor comenzaba a acariciar mi rostro que estaba moldeándose en una cara de angustia y de preocupación en alta tensión.

Íbamos 5, el conductor era Baquente. Con una extraña boina que intentaba cubrir el desorden capilar tras una noche peculiar del alcohol y lascivia, lentes Louis Vuitton que juraba eran idénticos a los de Jim Morrison.
Jamás encontré el parecido.

De copiloto iba su mujer, la señora M.

Comía salchichas con mayonesa y salsa de tomate en un vaso rojo mientras se maquillaba los ojos.

En la parte trasera íbamos: Cami, Male (por MalevoloCidad. Sí, con la C mayúscula) y yo.

El clima no era en especial el correcto para mi situación tan extravagante. Todos parecían estar tranquilos menos yo. Aunque Male también se veía muy dañada y desmarañada, parecía más adormilada que otra cosa. En cada curva su voluntad se iba perdiendo y sus ojos se cerraban con furia.

Baquente estaba completamente fuera de sus cabales, preguntaba lo mismo dos veces, balbuceaba y de pronto de su estuche de discos sacó una gama demasiado extensa de discos no aptos para la resaca (La santa nueva trova latinoamericana) y puso uno con actitud gallarda y guerrera.

¡Por Satán!

Esto tenía que ser una especie de castigo cósmico, algo más allá de los misterios bíblicos y políticos.

Baquente y la Señora M. comenzaron a cantar.

¡Apenas estábamos cruzando Arboledas!

Cami venía atrapada en su pequeña silla viendo con curiosidad extrema a la destruida Male que venía tambaleante.

Me preguntó si ya se había dormido…

“¿Se lumió?”

Le respondí que sí. Sentía el peso de su cabeza sobre mi hombro.

“Sí Cami, ya se durmió, uso polvos de hada para dormir, es como Tinkerbell ¿Te acuerdas de Tinkerbell?” (La voz de Baquente parecía esas voces extrañas que de pronto aparecen en altavoces en los supermercados).

“Síííí, Tínkebe…”

Comenzó a agarrarle algunos cabellos rebeldes y a examinarla. Male estaba perdida en las profundidades del sueño.

Baquente y la Sr. M seguían hablando de la hada durmiente y de el malvado licor de mora que realmente la había puesto así.

Quizá hubiese encontrado algo de chiste en ello si mi vejiga no hubiese estado tan comprimida. Estaba en un estado de alerta roja, comenzaba a sentir esa sensación en la cual si te mueves un poco sientes que algo va a estallar en tu interior. Debíamos ir hasta Polanco a depositar a la señora M. a su trabajo y al metro a Male quien aún tenía ciertos compromisos que cumplir y ya se le había hecho un poco tarde.

Comenzaba a pensar en lo peor, un temblor extraño recorría mi cuerpo y escuchaba las voces muy lejanas. Aunque llevaba unos lentes oscuros (muy oscuros) el sol me irritaba y a cada movimiento de cabeza veía todo en stop motion. Una sensación de frío inundaba todo mi rostro. Mis manos estaban sudorosas y temblorosas. Escuchaba a Baquente hablar sobre un huerfanito o algo por el estilo, creí que ya era parte de su delirio post etílico severo pero no, de sus pantalones pegósticos sacó uno de sus celulares (por que tiene 8) y le mostró a la señora M. un video en el que aparezco en el famoso Salón Corona con una cara de ingravidez y palidez enervantes.

Al parecer estaba disfrutando un son de por ahí llamado “El Huerfanito” entonces recordé los hechos…

Salón Corona una noche de diciembre…

Alguien me estaba marcando al celular y por estar en estados lejanos a la sobriedad me dio por contestar (detesto contestar el teléfono) felizmente. Era Aguirre, se notaba un poco preocupado y lejano, me pedía el teléfono de Mildren pues era su cumpleaños y los había citado en Timonel pero al parecer los había dejado plantados.

“No te preocupes, acá lo tengo, en breve te lo envío…” (Mi voz sonaba preocupada y sincera).

Al colgar olvidé con quién había hablado.

Me fui tambaleante hacia una esquina en donde se encontraban un par de músicos ofertando su arte por algunas monedas.

Cuando estoy en un estado en el que ya no siento achaques, paranoias y se me quita el cansancio es la señal de que estoy intoxicado y cuando eso sucede me vuelvo muy conversador con la gente de pinta extraña. De esa forma me aproximé a los músicos y le pregunté al viejo por algunas canciones que no recuerdo y que el juraba desconocían.

“Joder”

Cuando les pregunté sobre su repertorio me dieron una extensa lista que mi cerebro no podía procesar. Los veía hablar y mover las bocas cual serpientes coquetas y juguetonas pero no captaba lo que me decían. Lo único que pude pillar sin problemas fue: El huerfanito.

“¡El huerfanito!”

No tenía muchas monedas, les di las pocas que tenía y juré conseguir cigarrillos para la banda (de dos) pero ellos se negaron; no fumaban y con esas monedas alcanzaba perfecto para la canción.
Con emoción entré a la cantina y llegué a la mesa acompañado de los músicos. Ahí estaban Male, su hermana Sakurita y Baquente.

El punto fue que mientras yo gozaba enormemente de la melodía los demás tenían una cara de asco y burla. Baquente sin pensarlo sacó su aparato de recepción telepáticavirtual con cámara y comenzó a grabar los hechos.

De vuelta en el coche…

No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando el tránsito vehicular esta obstruido totalmente.
Veía cada parte del periférico como el lugar perfecto para desahogar (literalmente) todas mis penas. Sentía como el hígado se me hacía más grande, sentía su expansión y a cada centímetro de más le acompañaba una presión horrible en mi costado que poco a poco mermaba mi respiración.

El corazón me latía de forma irregular, y el mareo venía jugando con mi mente.

Trataba de dormir pero no podía, trataba de conversar pero no podía, trataba de estirarme y no, no podía…

El sudor frío que recorría mi cuerpo apestaba a alcohol y nicotina. Mi lengua estaba completamente seca y sólo podía pensar en un vaso de coca cola excesivamente frío.

Veía pasar y pasar coches, edificios, nubes, niños, árboles, puentes, espectaculares…

“¡Maldición de los perros!

Eres un pajarraco de mal agüero Saborío, mira este tráfico del demonio”.

(Voz de Baquente desesperada y llorica).

Era tal el malestar que me desvanecí por un instante.

Abrí los ojos porque ya casi no podía respirar, la presión era demasiada. Llevábamos varias horas de viaje y Polanco aún parecía tan lejano como el sol.

Me acomodé un poco en el sillón y acomodé a Male que iba derrumbada sobre mi hombro sin percatarse de que Cami aún jugaba con su cabellos despeinados.

Varios coches de la ciudad estaban adornados con unos cuernitos de reno y una nariz roja, me parecía algo demasiado patético, pero ese día en particular me ayudaban a distraerme de mi desgracia.

Baquente se había dopado con pastillas de nosequé, según esto para la presión alta… me dio una terapia del porqué y del cómo pero sinceramente no entendía ni una sola palabra, lo único que saqué en claro es que automedicarse era uno de sus hobbies preferidos.
Recordé el momento en que llegué a la central TAPO.

Veintitantos de noviembre, medio día…

El buen colega fue por mi acompañado de la péqueña Cami, Male también estaba ahí y se empeñaba en atacarme (no sé por qué) diciéndome lo cerdo que era por no valorarla y que era un mamarracho por no haber llevado los panes compuestos que me había pedido un par de noches atrás.

El punto es que Baquente nos llevó al famosísimo Renault Clío y abrió su cajuela para que metiera mi equipaje… pero esa era una misión imposible.

¡Estaba repleta de cajas y cajas y cajas de medicina!

Era una cantidad absurda. Con eso se podía crear el alucinógeno más extravagante de todos los tiempos y aparte excelente contra la gripe y la hinchazón de pies.

Esa misma tarde Male estaba insistiendo con ferocidad por un poco de alcohol y a mí se me estaba antojando una cerveza ultra fría. Pero Baquente se mostraba negativo pues había llevado a la pequeña Cami y no podíamos ir a ningún lugar a saciar nuestras ansias etílicas.

La tarde se nos fue en el Mc Donalds. Le propusimos a Male ir al departamento de Baquente en
las lejanas tierras de Atizapán con el fin de destapar un par de botellas de vino, pero con una cara de aflicción se negó pues decía que tenía una cita a las 4 pm por asuntos relacionados con su maestría.

(¿?)

La dejamos en la Cineteca Nacional, se bajó con su sonrisa pícara y nos dejó a los dos con un antojo brutal a líquido embriagante.

Largas fueron las horas que tuvimos que esperar para llegar a su departamento y poder degustar un frío tarro de cerveza oscura.

Entre vaso y vaso Baquente ingería algunas pastillas para el reflujo y la gastritis.

Masarik.

¡Milagrosamente el malestar había abandonado mi cuerpo! Pero aún así me sentía un poco extraño.

Tras unas cuantas vueltas laberínticas y peligrosas llegamos a la estación de metro Polanco para depositar ahí a Male que bajó completamente devastada y se fue con pinta de muerto viviente a cumplir con su destino.

A unos cuantos pasos esta la plaza comercial en la cual trabaja la señora M y ahí se quedó cediéndome su vaso de salchichas.

Comí unas cuantas.

Estaban pasando una canción de Sabina, no sé cual, pero lo cierto es que era demasiado melosa.

Ese tipo de melodías no son aptas para días como esos.

Estábamos en un semáforo cuando un escalofrío ultra mortal atacó cada una de las células de mi cuerpo y un dolor punzocortante maltrataba mi costado y cortaba mi respiración.

¡Joder, no por favor! (Pensé asustadísimo)

El malestar me había atacado nuevamente a varias cuadras de la plaza comercial y en medio de un barullo de coches que giraban a un kilómetro por hora.

La vejiga estaba a punto de explotar y yo con ella.

Veía a Baquente hablar y mover la cabeza de forma muy graciosa. Me parecía uno de esos muñequitos cabezones que ponen en los taxis y van moviendo la cabeza todo el tiempo. Me preguntaba sobre el concierto de Shuarma y yo no sabía ni un puto carajo sobre el evento lo único que me importaba era poder encontrar un váter en el cual poder descansar mi alma. Le envié un mensaje a Dayanna Ann Fan para preguntarle sobre dicho evento y para calmar las ansias psicodélicas de mi colega.

(Jamás me respondió).

En ese momento estaba completamente de acuerdo con Nacho Vegas cuando dijo: “Hay días en lo que valdría más no salir de la cama”.

El viaje nuevamente era muy largo, debíamos regresar hasta Atizapán y el tráfico estaba muerto.

(Un suspiro).

Lo único que me quedaba en ese momento era (Como lo dijo Edmundo Dantés) “Confiar y esperar”.

No hay nada peor que subirse en estado fermentado de resacus interrumptus a un coche con dirección a Muylejosdeaquí y peor aún, cuando tienes ganas de ir al baño.

Tardé una hora menos cuarto en llegar a la gloria.

3 comentarios:

seguire siendo Venus... dijo...

ya anhelaba leer lo ultimo de las crónicas anacrónicas

pero quiero más!!!

amor y paz mi querido Daniel

también quiero que sea mas Amor

te miero y tiemblo...no lo olvides

Miss Malerige Rupestrinski dijo...

oiga...y porque no dijo que necesitaba ir al baño?? o te ha sucedido que es tanta la necesidad que sientes que si mueves un musculo se te saldra la vida en torrentes amarillos?

Comprendo a la perfeccion tu angustia....tengo muy poca capacidad para los liquidos, y por lo mismo me he vuelto menos pudorosa en el asunto de desahogar mi alma (cualquier arbusto me sirve)...

gracias por compartir estas letras....le pintas sonrisas a esta mañana gris y lluviosa en la oficina...

Anónimo dijo...

caray Saborío, xq no pasó a los famisisisisisismos tacos de Masarik q estan ahi x donde esta la mercedes benz, ahi a parte de q se come unos buenos tacos podía satisfacer su necesidad de desalojar la vejiga¡¡¡