viernes, 9 de octubre de 2009

Como en el pasado


La casa vieja no es tan vieja si la veo con estos ojos de niña que robé aquella noche nueva en el cementerio local.

Todo se ve tan hermoso como ayer como ayer como ayer como en el pasado.

Los jardines vuelven a tener rosas, la casa vuelve a cobrar vida y los olores regresan el tiempo a los días de invierno cuando abuela aún vivía y preparaba jugo de sandía.

La casa vieja no es vieja si me quito el vestido y corro desnuda como cuando tenía 50 años menos y los muertos jugaban conmigo. Cuando se turnaban a entrar en mi cuerpo y por minutos volver a sentirse vivos.

Unos corrían, otros cantaban, comían, se bañaban, se masturbaban, se tiraban al sol, lloraban. Unos incluso jamás salieron de mi cuerpo y aún viven conmigo escondidos en la parte trasera de mi cerebro. Los escucho caminar como arañas en el techo o las luces de fuego que caminaban en el jardín en el pasado.

Adoro el pasado cuando este día era tan sólo parte de mi indiferencia infantil y creía que en el dos mil los extraterrestres ya habrían salido de su anonimato como me lo prometieron ese día en el cerro de Las Zorras.


Estos ojos de niña ven al cielo de un color que aún no existe y el espejo es tan noble que no me muestra a la vieja que siempre se viste frente a él.

Estos ojos de niña aún ven a los niños detrás de los maizales, a las lucecitas con alas que juegan en el estanque, a las personas que caminan con prisa entre las paredes.

Estos ojos de niña pueden infundirle vida al cadáver de Dios y a su séquito de golondrinas.


Hoy es día de todos los santos y la casa vieja está llena de gente muerta como en el pasado, cuando aún vivía en ella.

Entre tanta gente veo a mi familia pero no me reconocen porque ahora soy vieja y me recuerdan como niña.

Creen que soy una más de los que ya no caminan con las piernas.

El diablo está borracho en la mesa donde antes jugaba con mi rompecabezas y donde hice el amor por primera vez con aquel enorme duende que me hizo dar a luz a la bestia que mi abuelo mató con su escopeta. La escopeta que mató venados, zorrillos, pájaros, dinosaurios y más de un cristiano en el pasado.

Es día de fiesta pero es tiempo de partir antes que estos ojos de niña se encarnen a mi piel. Es tiempo de vestirme y partir. El tren a mi pueblo pasa exactamente al medio día.

Me pondré los ojos que he tenido toda la vida y volveré a ser la misma vieja aburrida y si la memoria de Dios lo permite estaré puntual aquí el año que sigue.

3 comentarios:

AnaJ. dijo...

Te leo y pienso en una palabra: misterio.

¿qué hay más allá de la vida?

¿quiénes somos cuando no podemos llamar nuestro al cuerpo?

Acompañas las gotas de lluvia que se deslizan sobre una ventana que no es mía...

Saludos Sr. D.!!

Ana

Daniel Saborío dijo...

Seguro que más allá de la vida hay vida.

Nuestro cuerpo es un préstamo de la tierra.
Somos tierra pero también somos lo que hace que la tiera de frutos y de vida.

Acá seguimos compartiendo soledades.


D.

anahiris dijo...

Sabes hermano yo no podria decirte algo como lo que ellas te dicen quisa por que soy mensa para eso pero en ti veo a una persona linda esa persona que esta cambiando la vista de los lectores por que tus palabras y tus manos describen esa persona especial que eres que mas alla de las letras transmites placer al leerlas y sigue asi mi amado hermano dandole placer a tus lectores con tus manos con tus letras con tu mente que ve mas alla de una vida normal sigue asi y nunca dejes de escribir por que sin tus letras el mundo morira....


Besitos humedos...