sábado, 21 de agosto de 2010

La dama enjaulada



La dama enjaulada escribe poesía para enviarla a la mafia literaria. Sueña con ganar premios y llegar a ser una más en la cofradía de escritores que admira y acosa con total impertinencia.


Por las mañanas mientras prepara el desayuno o tiende la cama se imagina su salto a la fama. Rodeada de artistas haciéndole la corte, su rostro en la portada de revistas culturales y miles de entrevistas para los diarios.


La dama enjaulada trata de enamorar a sus ídolos con sus prosas y escritos. Tiene la firme intención de tener un lugar en su corazón. Sentirse querida y admirada por aquellos a quienes rinde tributo en su altar de madrugada.


Todas las noches, después de servirle la cena y el orgasmo a su esposo, se pone a platicar sus penas al insomnio.


La dama enjaulada quiere ser libre pero el matrimonio le tiene atada a las responsabilidades cotidianas de una mujer que obligaron a estar enamorada.


Prefirió enjaularse y cortar sus alas a seguir escuchando el eco de su almohada. La dama enjaulada cambió su libertad por una estabilidad hogareña que le da tanto tiempo libre para invertir en sueños y quimeras.


La dama enjaulada siempre está triste porque la vida que lleva no es la que desea. Escribe poesía para enviarla a la mafia literaria y un día ser reconocida por aquellos poetas que admira desde la infancia.


Mientras llega la fama la única batalla ganada fue contra las manchas de labial en las mangas de la casacade su esposo.


La dama enjaulada poco a poco se vuelve una mujer frustrada que escribe con tinta prestada cuentos absurdos que nunca le sirven de nada.